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¡No los queremos acá!

Mirá las imágenes del estado de la Ámsterdam tras los graves indicentes entre los hinchas de Peñarol y la Policía.Así quedó el talud.

Incidentes entre la Policía e hinchas de Peñarol. Foto: Gerardo Pérez
Incidentes entre la Policía e hinchas de Peñarol. Foto: Gerardo Pérez
Así quedó la el talud de la Amsterdam tras los incidentes. Foto: @angel_aste
Así quedó la el talud de la Amsterdam tras los incidentes. Foto: @angel_aste
Incidentes entre la Policía e hinchas de Peñarol. Foto: Gerardo Pérez
Incidentes entre la Policía e hinchas de Peñarol. Foto: Gerardo Pérez
Así quedó la el talud de la Amsterdam tras los incidentes. Foto: @angel_aste
Así quedó la el talud de la Amsterdam tras los incidentes. Foto: @angel_aste
Incidentes entre la Policía e hinchas de Peñarol. Foto: Gerardo Pérez
Incidentes entre la Policía e hinchas de Peñarol. Foto: Gerardo Pérez
Así quedó la el talud de la Amsterdam tras los incidentes. Foto: @angel_aste
Así quedó la el talud de la Amsterdam tras los incidentes. Foto: @angel_aste
Incidentes entre la Policía e hinchas de Peñarol. Foto: Gerardo Pérez
Incidentes entre la Policía e hinchas de Peñarol. Foto: Gerardo Pérez
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Leonardo Carreño
Foto: Leonardo Carreño
Foto: Agustín Martínez
Foto: Agustín Martínez
Foto: Gerardo Pérez
Foto: Gerardo Pérez
Foto: Gerardo Pérez
Foto: Gerardo Pérez

El germen de la violencia empezó, como casi siempre, mostrando unos primeros síntomas. Fue a mediados de la segunda mitad, cuando las primeras piedras comenzaron a volar desde el talud de la Tribuna Ámsterdam. Nacional ganaba 2-1 y ya había algunos pensando más en cómo armar escándalo que en las posibilidades de remontada del carbonero. Fue sólo el inicio.

La tensión terminó de desbordarse con el tanto de Romero en el alargue. El 3-2 fue la excusa perfecta para que los más violentos conquistaran el talud de la Ámsterdam. La lluvia de piedras provocó que la Policía comenzase a tomar posiciones en el fondo, mientras ordenaba la retirada a los reporteros gráficos por su propia seguridad.

No tardó en llegar el derribo dentro del área de Migliore sobre Tabó. El juez señaló penal para Nacional, quien quedaba entonces a un paso de liquidar la final con esa chance de anotar el 4-2. Los violentos que poblaban el talud correspondiente a la hinchada aurinegra aprovecharon ese instante para asaltar definitivamente el clásico a base de un constante lanzamiento de objetos, principalmente piedras, de procedencia incomprensible dentro del Centenario, y asientos arrancados de la grada. Los agentes de la Guardia Republicana se decidieron a ingresar a la zona con la intención de dispersar a la descontrolada masa, para lo cual llegaron a utilizar gases lacrimógenos que incluso alcanzaron los ojos de alguno que se creía a salvo en la Platea América. Tras varias carreras y cargas de por medio, los agentes lograron su objetivo, y en una barrida por todo el fondo consiguieron despejar todo el talud. Sin embargo, la retirada de los violentos de la confrontación directa no fue sino el inicio de su contraataque. Subieron a la tribuna Ámsterdam y desde ahí bombardearon con las butacas a la Policía en su retirada, hasta arrinconarla en la esquina que da a la América. Los exaltados intensificaron al máximo su lanzamiento de asientos, sintiéndose literalmente superiores por la ventaja que les daba la altura de su posición, mientras los oficiales policiales resistían la pesada lluvia con sus escudos. Algunos incluso recogían los objetos que les arrojaban y los reciclaban como munición propia, tirándola sobre los barras y a la vez evidenciando cierta escasez de recursos. Los verdaderos hinchas de Peñarol pedían desde la América, brazos en alto, el fin del triste espectáculo, pero terminaban volviendo resignados y agradeciendo que ningún objeto los alcanzase, ya que los violentos no distinguen ni entre sus propios colores.

La Policía tuvo que recular hasta la cancha por la que le estaba cayendo. Fue ahí cuando el juez reanudó el encuentro con el penal de Recoba. La tensión no frenaba y hasta la ambulancia tuvo que huir hacia el verde, lo cual derivó en la suspensión definitiva. En la América, a sólo metros de los violentos, Ana Clara y Andrea, dos jóvenes hinchas de Peñarol, lamentan el triste desenlace. La segunda llora desconsolada, mientras la primera consigue sacar fuerzas para hablar con Ovación. “Nos angustia esta actitud. Nosotras somos hinchas de las de verdad, de las que vienen siempre a alentar al Campeón del Siglo. Estos son hinchas de la moda. Arman lío porque para ellos Peñarol es moda”.

Es la voz de la gente civilizada, la que, a pesar de su mayoría, logra siempre ser opacada por unos pocos violentos.

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