FUTBOL Y GEOPOLÍTICA

PSG contra Manchester City, la increíble trastienda de un partido millonario

Detrás de los rivales están los intereses económicos y políticos de dos países que no se llevan bien

PSG-City
En 2016, el Manchester City eliminó al PSG de la Champions

París Saint-Germain y el Manchester City buscarán hoy dar un primer paso hacia la final de la Champions League, buscando el título que les falta a estos clubes que realizaron multimillonarias inversiones para darse ese gusto. Pero el duelo va más allá del encuentro en el Parque de los Príncipes y la revancha en el Etihad Stadium: forma parte de la pulseada entre dos países del golfo Pérsico en procura de mayor aceptación e influencia internacional a través del fútbol.

Manchester City es propiedad desde 2008 de l Aal bu Dhabi United Group (ADUG), propiedad del jeque Mansour bin Zayed Al Nahyane. PSG pertenece desde 2011 a la compañía Qatar Sports Investments (QSI). Ambas son empresas estatales, por lo cual se suele decir que se trata de “clubes de Estado”. Reciben así cuantiosos ingresos, a veces en forma indirecta, como contratos de publicidad de otras firmas oficiales.

Pese a todas las semejanzas en cuanto a organización política y social, religión y economía, Catar (el Estado detrás del PSG) y los Emiratos Árabes Unidos (que respaldan al City) son dos naciones rivales, enfrentadas hasta comienzos de este año en un conflicto diplomático.

En junio de 2017, Emiratos, junto a Arabia Saudita, Baréin y Egipto, rompieron sus relaciones diplomáticas con Catar, lo que fue acompañado de medidas económicas. Hubo desde entonces un bloqueo de todos los enlaces terrestres, marítimos y aéreos con el país designado para albergar el Mundial 2022.

Aquellas naciones acusaban a Catar de apoyar a grupos islamistas radicales, así como de no tomar suficiente distancia con Irán, potencia regional chiita rival de la Arabia Saudita, sunita. Las dos ramas del Islam están enfrentadas desde el año 632 en cuestiones de doctrina, rituales, leyes, teologías y organización.

También reclamaban el cese de las emisiones de la cadena de televisión Al Jazeera, con sede en Doha.

Finalmente, en enero se firmó un entendimiento entre las dos partes y se levantó el bloqueo. El acercamiento de Emiratos con Catar demoró un mes más.

La inversión en el deporte fue una decisión de Catar y dos de los siete Emiratos (primero Dubai y más tarde Abu Dabi) para atraer turismo y promover inversiones tratando de reducir la dependencia del petróleo y el gas, sus fuentes principales de divisas que sin embargo no durarán para siempre.

Otro objetivo es lograr mayor aceptación internacional para sus monarquías absolutas, alejadas de los estándares democráticos occidentales.

Catar, además de su apuesta por el PSG, tiene gran influencia en el fútbol como organizador del próximo Mundial, aunque recobe críticas por las duras y a veces mortales condiciones laborales de los trabajadores extranjeros que construyen sus estadios. El camino elegido por Abu Dhabi fue crear una red global de clubes, bajo la marca City Group, que sigue en expansión.

PSG y Manchester City quedaron en veredas opuestas ya la semana pasada tras el lanzamiento de la Superliga europea: mientras el club francés no participó del plan, el equipo inglés figuraba entre los impulsores aunque fue de los primeros en bajarse ante las reacciones negativas. Esas posturas divergentes no fueron casualidad. “Catar tiene una posición más consensual hacia la UEFA, mientras que Abu Dabi ha optado casi siempre por la confrontación”, comentó Simon Chadwick, especialista francés en deporte y economía, a la AFP.

“En teoría, la UEFA no debe favorecer a un país en detrimento de otro. Pero existe la sensación de que la influencia de Catar ha cobrado una nueva dimensión tras el fracaso de la Superliga”, opinó.

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