SELECCIÓN

Profe corazón: José Herrera lleva 37 años trabajando con Tabárez

Se emociona con la Celeste pero disimula, y aún extraña a Walter Ferreira.

Foto: Fernando Ponzetto.
Foto: Fernando Ponzetto.

“Soy del interior, pero pueblero. No sé nada de campo ni de animales”, aclaró el profesor José Herrera en su casa de la calle Cavour, a unas cuadras del estadio, donde vive hace años. Nació en Paso de los Toros y estuvo siempre vinculado al deporte, algo que asegura es mucho más fácil en el interior. Su padre era gerente en la Sociedad Anónima Rural de Paso de los Toros. Falleció a los 52 años, cuando el hoy preparador físico celeste, uno de sus ocho hijos, tenía sólo 12. “A mí nunca me faltó nada, pero la situación familiar se complicó. Mi madre tuvo que hacer maravillas para llevar adelante la economía del hogar, con la ayuda de los hermanos mayores que empezaron a trabajar. Por suerte era una familia muy unida y muy comprometida, sobre todo con nosotros los menores. Yo era consentido y malcriado por los mayores, más con la situación que se dio. Ellos pasaron a tener una responsabilidad extra”, contó.

Se vino a estudiar a Montevideo cuando terminó el liceo. “Siempre tuvimos claro, con Gustavo Faral, un amigo de la infancia, que cuando termináramos el liceo nos íbamos a venir o a jugar al fútbol o a estudiar Educación Física. Él hizo una carrera en el fútbol y yo quería hacer Educación Física por la vinculación que tenía con el fútbol”, explicó quien supo defender a Oriental y a Belgrano de Paso de los Toros. “Era un mediocampista corredor”, contó quien ya estando en Montevideo volvía al pueblo a jugar los fines de semana porque le pagaban el pasaje. Y eso le permitió soportar mejor el desarraigo.

“Era mantener el vínculo con la familia, con mi madre. Ir a comer a casa, llevar ropa a lavar. Me vine con 16 años a Montevideo, y sufrí, pero me sirvió mucho vivir en un hogar estudiantil, donde eran todos del interior y todos hacían Educación Física. En la casa de Gardel, en Carrasco, que ahora es un centro de rehabilitación”, dijo. Admitió que todos los fines de semana cuando regresaba a Paso de los Toros, quería quedarse. Le costaba volver a Montevideo. “El desarraigo es algo que se sufre mucho”, comentó.

Después de recibirse trabajó en AEBU, con preescolares en la piscina. “Me encantaba trabajar con los preescolares”. Luego comenzó en la Asociación Cristiano de Jóvenes de Portones, que recién estaba arrancando. “A esa Asociación la vi nacer y crecer. Y aún tengo vinculaciones con algunos de aquellos niños que tuve de alumnos. Tenía mucha afinidad con los más chicos y también con los adultos mayores. Porque tenía clases de adultos mayores a las siete de la mañana. Y tenía un vínculo muy lindo con ellos”.

Su primer trabajo en el fútbol fue en Bella Vista. Y allí conoció a Tabárez, con quien lleva 37 años trabajando. “Fue en el año 80. Me llevó Jorge Paz que trabajaba en la Primera de Bella Vista y se estaban organizando las juveniles. Habían contratado a Washington (Tabárez) y precisaban un profesor. Ahí empecé: tenía la Cuarta, Quinta y Sexta de Bella Vista. Llegó un momento en que vi que lo mío era el entrenamiento y me la jugué por el fútbol”.

El único momento en que hubo un paréntesis en su trabajo con Tabárez fue en el Mundial de Italia 90, cuando el preparador físico de Uruguay fue Esteban Gesto. “En ese momento nosotros estábamos trabajando en Deportivo Cali, donde fuimos después de Peñarol. Y hubo una movida muy grande a nivel de prensa y a nivel directriz para juntar a Tabárez y Gesto que habían sido muy exitosos por separados. No me molestó, lo viví como un acto de justicia con Washington. Yo tenía mi carrera para hacer. Recién me iniciaba, todavía tenía mucho que aprender para estar en una selección. No fue una frustración”.

La preparación física ha cambiado mucho desde que arrancó a trabajar en las juveniles de Bella Vista. Pero hay cosas que se mantienen intactas. “Mi pasión es la misma. Me siento a preparar un entrenamiento y lo hago de la misma forma que antes, hasta con el lápiz, porque todavía no me adapto a la computadora. Pero he pasado por una cantidad de etapas, de cosas que no haría más, como aquellas largas preparaciones que se hacían antes y que aprendimos de los maestros soviéticos, y otras que sigo haciendo. Ahora hay que jugar y mantener todo el año”, explicó.

En su tarea, el “profe” le da una gran importancia al factor humano. “Para mí es primordial. Creo que los grandes logros de la selección se basan en el relacionamiento. En respetar al jugador, y eso tiene un ida y vuelta. El relacionamiento, el compromiso, el que se sientan bien y rodeados de afecto, es muy importante. No digo que tengan que ser todos amigos, pero tiene que haber una relación de afecto. Es un plus a la hora del rendimiento”.

No reconoce sus preferencias, pero su mayor cariño es para los que llevan mucho tiempo en el complejo. “Hay algunos que llegan siendo juveniles, saliendo de la adolescencia y solteros. Y ahora uno los ve con varios hijos. Y es lindo ese conocimiento”.

El rock. Herrera sale a correr por la rambla casi todos los días. Deja su auto en Kibon y hace ocho kilómetros. “Tengo el parque cerca de casa, pero me gusta mucho más la rambla. Antes pensaba que el piso duro no era bueno, pero los músculos y los tendones se adaptan a todo”, dijo. Corre escuchando música. Le gusta el rock, AC/DC y Guns N’ Roses son sus preferidos. Se arma una play list en spotyfi. O pone una radio de oldies. Aunque va enchufado, la gente lo saluda. “Uno ya los conoce de verlos todos los días y hay mucha gente del fútbol que camina y nos pasamos lista. Si alguno falta un día, al otro se lo le decimos”.

No sólo en la rambla, cuando va a hacer los mandados al supermercado, algo que disfruta, mucha gente le saluda y le agradece por lo de la Selección. “Me da mucha vergüenza. Me preguntan sobre los jugadores, quieren saber de Suárez y de Cavani. Y me hablan de fútbol, pero yo no tengo problema. No me molesta que me hablen de fútbol, me gusta”.

Esa gente que lo para en el súper le cuenta de su gran ilusión para el Mundial de Rusia. Y él no se pone techo. “Vamos dispuestos a dar lo máximo en cada escalón que subamos. Primero clasificar en la serie y luego salir a ganar los cruces. No nos ponemos techo. No hay que hacerlo. Lo primero que tenemos que hacer es abstraernos del clima que uno nota en la gente. Los mundiales son muy difíciles y no estoy de acuerdo con que nos tocó una serie fácil, vamos a tener que ir a pelear y a sufrir cada partido. Y a tratar de emparejar cada partido. En el Mundial están los mejores jugadores del mundo y en todos los aspectos: técnico, físico y temperamental. No es cuestión de decir tenemos que meter más que ellos. Hay que tratar de capitalizar las diferencias, que a ese nivel son mínimas, con un grupo unido, que sea un puño”.

Reconoce que varias veces se emocionó con la Celeste, aunque siempre trata de disimularlo. “Hay recuerdos de partidos, como el de Ghana, el de Corea... Cuando sacaron a Luis en Brasil fue un momento muy duro. El grupo ha pasado momentos muy difíciles, hemos perdido puntales como Walter Ferreira, a quien seguimos extrañando”, dijo, y se le llenaron los ojos de lágrimas.

El helado. Herrera está casado y tiene tres hijos. El mayor Nicolás, es ingeniero de sistemas; la del medio, María Cristina, siguió los pasos del padre, es profesora de Educación Física y fisioterapeuta. Está estudiando en Estados Unidos y su padre la extraña todos los días. El menor es Federico, que estudia audio y video, pero a los 19 años aún no tiene clara su vocación.
Conoció a su esposa, Raquel, en Paso de los Toros, aunque ella dice que es del Rincón del Bonete porque allí pasó su infancia. La conocía de vista. Y cuando recién recibido trabajaba en la selección de Paso de los Toros, en el campeonato del Noreste, volvió a verla. Trabajaba en la heladería. “No me gustan los helados, pero fui y compré uno. Al año siguiente se vino a estudiar inglés acá, ya estábamos de novios. Lo más difícil fue cuando tuve que hablar con el padre que era policía en Paso de los Toros. Con el tiempo supe que un día me había llevado preso. Fue de adolescente, nos íbamos a acampar con un grupo y al pasar por el club 25 de Agosto les gritamos y nos contestaron. Pavadas de los 15 años... Después nos hicimos muy amigos y tuvimos una relación muy cercana con el suegro”.

Se aprende con la convivencia

“Llevo más años con Washington que con mi señora. Tengo 35 de casado y 37 con Washington. Es como en el matrimonio, una va aprendiendo con la convivencia”, dijo. Con Tabárez trabajó en Bella Vista, Wanderers, Peñarol, Deportivo Cali, Boca en dos etapas, Cagliari, Oviedo, Milan, Vélez y la selección. Si tiene que elegir sus mejores momentos en un club, se queda con el Peñarol del 87 y con Boca. “Hubo cosas que me marcaron para toda la vida”.

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