FÚTBOL

El "Polilla" carga pilas: “La pelota para mí es sagrada”

Jorge Da Silva hoy en Montevideo: hasta que no llegue una oferta que le “mueva el piso” disfruta de los nietos.

Foto: Leonardo Mainé.
Foto: Leonardo Mainé.

Jorge Da Silva lleva cinco meses sin dirigir, desde que regresó de Colombia, donde estuvo al frente del América de Cali. Necesitaba estar en familia, sobre todo teniendo en cuenta que este año nacieron tres nietos más, pero reconoce que ya le comenzó a picar el bichito de volver al ruedo.

“Estoy muy tranquilo, disfrutando de la cosas que no podés hacer cuando estás en actividad. Al principio se disfruta mucho, pero después ya se empieza a generar esa ansiedad de querer volver”, afirma el “Polilla” en su piso de la Rambla con hermosa vista al Buceo.

Ha tenido ofertas en este tiempo, pero ninguna le quitó el sueño. Además, los nietos, al menos los tres que viven en Montevideo (Santino, el otro, es catarí y vive con sus padres allá) le hacen pensar dos veces antes de volver a salir. “Ahora soy abuelo, tengo cuatro nietos. En poco tiempo se nos llenó la familia y cada vez cuesta más irse. Los nietos pesan muchísimo, porque los estoy disfrutando al máximo como quizás no pude hacer con mis hijos.

Si bien Valentino, el de mi hijo Jorge que trabaja conmigo, se va con nosotros, cuesta. Los otros dos que están acá, viven muy cerquita y están todo el día en casa”, contó sobre Lucas, de cuatro años, y Chiara, de 10 meses, la única niña, que se nota tiene embobecido al entrenador. “Eso te lleva a replantearte un montón de cosas, salvo que sea algo que me mueva el piso en los económico o en lo deportivo, que me entusiasme y que valga la pena dejar de disfrutar la niñez de los nietos”, comenta.

El “Polilla” dirigió a Peñarol en dos oportunidades, 2012-2013 y 2015-2016 y en ambas fue campeón uruguayo. “Fueron distintas. En el 2013 había un grupo de gente grande, con mucha experiencia, que llevaba mucho tiempo en el club. Y las cosas fueron más sencillas para mí, los grandes ayudaron mucho y me pude adaptar al mundo Peñarol. En la segunda oportunidad era un plantel más nuevo, con gente muy joven y de repente no todos estaban metidos dentro de lo que es Peñarol, y no resultó tan fácil, a pesar de que se logró el campeonato”.

En esa segunda etapa llegó al club después de Bengoechea, lo que seguramente tampoco fue sencillo. “Posiblemente eso influyó. Porque si bien siempre que hay un cambio es porque algo no está funcionando, al menos para los dirigentes, llegar después de un ídolo del club tan grande como Pablo no era fácil. Y siempre están las comparaciones. Nosotros tuvimos un campeonato que si bien lo ganamos, no nos resultó nada fácil. Y entonces la tarea del entrenador se hace más complicada. De todos modos, disfruté las dos temporadas. Aunque en la segunda nos fuimos de una manera que no es la que hubiéramos querido, porque cuando arrancó el siguiente torneo no se dieron los resultados, pero estuve feliz y muy agradecido de haber estado en Peñarol”, enfatiza.

El dicho dice que no hay dos sin tres, y Da Silva no descarta regresar algún día al club. “Dirigir a Peñarol es un orgullo para cualquier entrenador. Sinceramente, me encuentro con mucha gente en la calle que me pregunta cuándo voy a volver, más cuando el equipo no andaba bien. Creo que si se dan las condiciones y en algún momento en Peñarol piensan que puedo ser una opción, volvería encantado de la vida”.

Foto: Leonardo Mainé.
Foto: Leonardo Mainé.

Violeta. Criado en Maroñas, se convirtió en ídolo en Defensor, el único club en donde jugó en Uruguay y al que más tarde dirigió y sacó campeón uruguayo en la temporada 2007-2008. “Estoy muy identificado con Defensor, hice todas las divisiones juveniles, fui campeón y me pude retirar allí”, afirmó. Sin embargo, y como era lógico por el barrio, primero se probó en Danubio.

“Mi primera experiencia fue en Danubio, era un sistema diferente, se arrancaba en Sexta, eran dos años y yo era muy chico. Estuve un año en el Forno, jugué muy poquito y a esa edad lo único que uno quiere es jugar. Entonces fui a probar suerte a Defensor y en la primera práctica de aspirantes ya quedé. A los pocos años ya estaba debutando en Primera División”, recuerda.

Antes había pasado por varios cuadros de baby fútbol de la zona de Maroñas, según donde viviera se iba cambiando. “Pero la mayoría del baby lo hice en el Club Ciclista Fénix, muy cerca de donde yo vivía. Era el equipo del barrio y donde todos queríamos ir. Tuve una niñez normal, en una familia humilde, con dificultades, pero con la suerte que mis viejos siempre me apoyaron para que hiciera lo que quería y me acompañaron a todos lados. Crecí rodeado de mucho cariño y con la posibilidad de hacer lo que yo quería”, relata sobre sus primeros años, cuando no soñaba con tener algún día un apartamento como el de hoy.

“El fútbol me dio la posibilidad de cambiar mi vida. Y darle a los hijos la mejor educación, que es lo más importante. Darles todo aquello que uno no pudo tener. Yo soy un agradecido al fútbol que me cambió la vida y me dio una cantidad de privilegios que si no hubiera sido jugador, no hubiera tenido. La pelota para mí es sagrada”.

Firmas. Así como no descarta regresar en un futuro a Peñarol, sabe que algún día volverá a Defensor, para cuyos hinchas es Dios. “El cariño de la gente es inolvidable para mí. Me inicié y me retiré en Defensor. Volví al club después de jugar 13 años en el exterior para retirarme allí. Era mi sueño y lo pude cumplir. Y también me inicié como técnico en Defensor, porque al otro día de dejar de jugar me ofrecieron la Tercera. Y luego, en un momento difícil de mi etapa como entrenador, el club confió en mí para que me hiciera cargo del primer equipo. Le estoy muy agradecido a Fernando Sobral, que fue el artífice de mi llegada al club, donde estuve cuatro años y algo trabajando y por suerte nos fue muy bien. Jamás me voy a olvidar las 5.000 firmas que se juntaron para que no me fuera, pero era el momento. Me llegó una oferta de Arabia Saudita que era muy importante en lo económico. Los hinchas firmaban en la tribuna y me las entregaron ellos mismos. Ese gesto, esa demostración de cariño de los hinchas es algo que jamás voy a olvidar”, asegura.

Si bien, Jorge, su hijo mayor, que hoy integra su cuerpo técnico, pasó por las inferiores violetas, hoy la esperanza está puesta en Thiago, el menor, de 17 años que juega en la Quinta de Defensor Sporting. “Es el que más ha sufrido, porque fue con nosotros a todos lados. Estudió en Arabia Saudita, en Argentina, en Emiratos Árabes, en Colombia. Cuando volvimos a mitad de año se reintegró en Defensor, que por suerte le abrió las puertas.

“Juega de volante por izquierda. Es raro, pero es zurdo. Y tiene condiciones, pero lo importante es que le guste y que ponga el máximo. Esa es otra decisión complicada si tenemos que volver a salir, porque ya nos dijo que se queda en Uruguay. No se quiere ir más y ya tiene una edad en la que opina y decide. Vamos a tener que partir la familia y no nos gusta. Vamos a ver qué pasa con Thiago, me gustaría que hiciera carrera en el fútbol, pero tampoco me vuelve loco. Uno lo que quiere es que los hijos sean felices. Y bueno, si no es Thiago que sea alguno de los nietos, Je”, comenta y sonríe.

“Fue muy duro sacar a Forlán del equipo”

“Polilla” reconoce que haber sacado a Diego Forlán de la titularidad en Peñarol fue muy duro. “Fue complicado por la admiración y el respeto que uno tiene por Diego, una de las figuras más importantes del fútbol uruguayo. Yo incluso fui compañero del papá. Pero son esas decisiones que uno tiene que asumir como entrenador. Y cuando estás convencido de algo, no tenés que dudar. Fue muy difícil, y yo sabía que iba a tener muchas repercusiones. Lo tenía que hacer equivocado o no. En algunos aspectos estuve bien y en otros quizás no. De repente él no era responsable del momento que estaba viviendo Peñarol. Al principio le costó, y es lógico. Me paso a mi como jugador. Además, el futbolista es egoísta, es yoista. Más cuando tenés un nombre y crees que tenés que estar siempre. Estoy seguro que me he equivocado un millón de veces, y no sólo con figuras importantes. Es mucho peor con chicos jóvenes. Una de mis experiencias más feas como entrenador, y me tocó vivirlo joven y con poca experiencia, fue cuando dirigiendo la selección juvenil, tuve que decirle a un chico que no va a integrar el plantel para el Sudamericano. Fue de lo más feo que me tocó vivir, porque está su ilusión y la de su familia. Fue mucho peor que lo de Forlán”.

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