FÚTBOL

Pocitos futbolero: un barrio también tiene su pasado con la pelota

Además del estadio del primer gol del Mundial del 30, hubo otras canchas en la zona. Y dos clubes llevaron su nombre en los torneos oficiales. 

Rambla de Pocitos. Foto: cdf.montevideo.gub.uy
Rambla de Pocitos. Foto: cdf.montevideo.gub.uy

Con sus casi 70.000 vecinos, Pocitos es el barrio más poblado de Montevideo. También es un vertiginoso entramado de edificios, comercios, vehículos, gente yendo y viniendo, todo de cara a la rambla. En ese sitio parecería que no hubo nunca espacio para el fútbol. Y sin embargo, fue un barrio muy ligado al deporte, no solo por la presencia del antiguo estadio de Peñarol donde se convirtió el primer gol de la historia de la Copa del Mundo.

Hasta la década de 1930, la zona abundaba en campitos, sobre todo en las cercanías del arroyo Pocitos, pero el rápido desarrollo urbano y el inevitable aumento del valor de los terrenos determinaron que ya no hubiera más lugar para canchas de fútbol.

En la década de 1920 tuvo incluso dos clubes en el fútbol oficial, cada uno con su cancha: Oriental Pocitos, que llegó a primera división, y su rival del barrio, Uruguay Pocitos, que compitió en Intermedia. Ambos tenían su base en los descampados del arroyo Pocitos, que representaba el límite físico del barrio. Nacía en el Campo Chivero, donde ahora está el Estadio Centenario, corría por donde ahora está la calle Lorenzo Pérez y desembocaba en la playa a la altura de Buxareo, donde formaba una lagunita.

Desde allí hacia el este se abría el bravo paraje La Mondiola, con una gran cantera y numerosos baldíos, ideal para los futbolistas aficionados. Entre ellos estaba José Piendibene, nacido en Pocitos en 1890, que hizo su primera fama jugando por el Buenos Aires del barrio.

La cancha de Oriental era el Parque William Poole y estaba aproximadamente en 26 de Marzo casi Buxareo. El campo del Uruguay era el Parque Artigas, más hacia el este y junto al arroyo. La zona, por supuesto, ha cambiado radicalmente, por lo cual es difícil establecer con exactitud las ubicaciones.

Más allá, en el actual cruce de 26 de Marzo y Luis Alberto de Herrera, uno de los puntos más transitados de la ciudad con el Montevideo Shopping, el World Trade Center y otros emprendimientos, estaba el amplio y arbolado predio del hospital Fermín Ferreira, destinado a personas con tuberculosis. A su alrededor sobraban los campitos. En alguno se llegó a jugar por la Liga Universitaria.

En las cercanías de Pocitos hubo otras canchas oficiales. Por ejemplo, el club Ariel tuvo una en Paiva y Rizal, donde luego se instaló el Batallón Florida y ahora existen edificios y la plaza Ituzaingó.

Más reciente es la cancha del Misterio, aunque en realidad es la zona del Buceo. Estaba en Rivera y Verdi, separada del Cementerio del Buceo por el entonces bulevar Propios. Era conocida porque albergó partidos nocturnos por torneos de barrio. También el nombre del equipo inquilino llamaba la atención, aunque no se debía a ningún caso policial extraño sino al nombre de un caballo ganador en Maroñas. A su lado estaba el Parque Ligrone. Resulta llamativo que casi todos estos escenarios tuvieran nombre, por más que eran simples campitos con arcos.

Entre las actuales calles Lepanto, Capitán Videla y Alarcón, a pocos pasos de la avenida Rivera, por entonces un descampado prácticamente unido al Campo Chivero, estuvo en las primeras décadas del siglo XX el Parque Ricci, utilizado por Defensor, Central y Misiones.

A muchas cuadras de allí estaba el llamado Parque del Pueblo, donde jugaba el Chaná: Bulevar Artigas y Chaná, otro campo de juego del cual no queda la menor traza.

En la evocación falta el estadio de Peñarol en Los Pocitos, como se lo conocía entonces. Su ubicación en el entorno de las actuales Rivera y Soca no era casual. El predio pertenecía a la Sociedad Comercial, la compañía del tranvía de capitales británicos. Allí se encontraba la estación Pocitos y a los fondos, un amplio predio descampado que la empresa destinaba al descanso y pastoreo de los caballos cuando los tranvías se movían a sangre. Por supuesto, también era lugar para el fútbol informal. Y por allí pasó el viejo Misiones, club del barrio que terminaría fusionándose con Miramar a la vuelta de los años.

Después que se electrificó el tranvía, el terreno quedó sin uso, por lo cual la empresa se lo alquiló a Peñarol para que levantara su estadio, obra del arquitecto Juan Scasso.

Ya no queda casi nada de entonces, en un barrio que cambió mucho. El arquitecto Enrique Benech, historiador del club aurinegro, recurriendo fotos aéreas antiguas pudo reconstruir con exactitud dónde se ubicaba todo. Un plano de la zona puede guiar al lector. El portón del estadio se encontraba en la calle Pereira. Los fondos de la estación iban hasta la actual Silvestre Blanco. Unos metros más hacia el sur estaba uno de los taludes.

La tribuna principal se levantaba sobre Charrúa y Hugo de los Santos (ex Baltasar Vargas). La esquina de ambas equivale a la ubicación del palco techado. La calle Gestido corre por donde estaba el otro talud. La otra tribuna lateral estaba en Charrúa y Ramón Masini. Coronel Alegre atraviesa en diagonal el espacio donde estaba el campo de juego. Y el círculo central se hallaba en Coronel Alegre y Charrúa.

La cancha estuvo hasta 1933. El espacio vacío duró unos años más, volviendo a convocar los picados de los niños de Pocitos, hasta que se abrió la avenida Soca.

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