FÚTBOL URUGUAYO

Plan retorno: así se prepara el protocolo de entrenamientos en Uruguay

Más allá de que se piensa en uno sanitario, también hay uno para los trabajos y se dividiría en tres fases.

Fútbol y coronavirus. Foto: Fernando Ponzetto.
Foto: Fernando Ponzetto.

Difícilmente pueda moverse la rueda del regreso de la competencia futbolística hasta tanto no exista una resolución del Gobierno de seguir girando hacia adelante la perilla sanitaria. Igualmente, pese al desconocimiento que puede existir por estas horas sobre la fecha exacta en la que se permitirá que la normalidad llegue a los complejos de entrenamiento, ya hay pautas que confirman que eso no acontecerá, y con suerte, antes de mediados de agosto.

Independientemente de la elaboración del protocolo sanitario, que será realizable y sin dificultades el día que se ponga fecha del reinicio a las tareas de acondicionamiento físico en las instalaciones deportivas, en la AUF se maneja un cronograma de reinserción a la actividad que abarca un período mínimo de 45 días y un máximo de 60.

Tomando como referencia la diferencia que existe con Europa sobre la fecha exacta de explosión de la pandemia del coronavirus, se sabe que la pelota en Uruguay recién podrá comenzar a rodar casi dos meses después de que esto acontezca en la mayoría de los países del Viejo Continente.

Esto es así porque inevitablemente hay que ejecutar acciones paulatinas de preparación adecuada de los profesionales. Todo indica que los futbolistas primeramente necesitarán unos diez días de entrenamientos individuales a los efectos de preparar sus estados físicos y ponerlos en condiciones de poder resistir la exigencia que vendrá más adelante.

Cumplida esta etapa, lo que llegará será una instancia de trabajos grupales, pero con número reducido de compañeros y siguiendo, naturalmente, las estrictas normativas de distanciamiento social. En ese caso, las pautas de cuidado y restricciones son las que aparecerán en el protocolo sanitario. Pero es elemental que incluirán normativas que impidan la utilización de los vestuarios, por lo que los futbolistas deberán ducharse y lavar la indumentaria deportiva en sus domicilios. Este ciclo tendrá una duración de unos 15 días.

El siguiente paso será el de darle a los futbolistas y a las instituciones unos 20 días de entrenamientos de alto nivel para ponerse a tono con la exigencia de una competencia futbolística.

Aunque hay presunciones de que se pueden llegar a incrementar las lesiones, por culpa del prolongado tiempo de inactividad y la carga de ansiedad que tendrán los futbolistas, lo que se pretende es minimizar los riesgos y por eso se entiende que es vital poner en marcha este proceso de recuperación de rutinas físicas de manera paulatina para ir identificando las necesidades y problemas de los jugadores.

Es por eso que extenderse en el tiempo de las tareas (entre 45 y 60 días) dependerá mucho de la respuesta de los jugadores. Sin ignorar, además, que pueden ocurrir alteraciones en mitad del camino por culpa del COVID-19.

Superado todo este ciclo, sin contratiempos de ningún tipo, sería posible recuperar la actividad profesional en la segunda quincena de agosto o en las primeras semanas de septiembre.

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