HISTORIAS

Piazza quiere volver al fútbol y sigue pintando bien

Hoy el entrenador está alejado de sus dos pasiones: el fútbol y el carnaval; y como se aburre un poco volvió a agarrar  los pinceles. "El fútbol nuestro está en decadencia", dijo.

Atelier
Atelier. Miguel Ángel Piazza ha vuelto a pintar, pero espera volver a dirigir. Foto: Francisco Flores.

Estaba convencido que no había nadie más montevideano que él, sin embargo lleva 20 años viviendo en la Costa de Oro. Miguel Ángel Piazza encontró su lugar en Lomas de Solymar y a veces le cuesta salir de ahí.

Hoy está alejado de sus dos pasiones: el fútbol y el carnaval. Con una diferencia: al primero le gustaría volver. Sobre todo para intentar poner algunas cosas en orden.

El último equipo que dirigió fue Racing en 2012. Justamente, Racing y Danubio fueron las dos instituciones por las que pasó varias veces. “Como estuve unos años en el carnaval, creyeron que no seguía en el fútbol. Me lo dijo el presidente de un club en algún momento. Creo que lo del carnaval me jugó en contra”, reconoció en el fondo de su casa donde tiene una especie de guarida o atelier donde ha vuelto a pintar después de mucho tiempo. Es que sale a caminar y hace gimnasia en el agua, pero a veces se aburre. Por eso desempolvó su diploma de dibujante publicitario y volvió a dibujar y a pintar.

“Del carnaval estoy alejado totalmente. El fútbol lo miro y a veces voy a alguna cancha para encontrarme con compañeros y charlar. Pero el fútbol nuestro está en decadencia. La decadencia es general y no se da sólo en el fútbol ni sólo en Uruguay. El ser humano va perdiendo la dignidad y los valores y eso va afectando todo”, dijo sin ocultar un cierto tono de amargura.

Hay delincuencia en todos lados. En el fútbol también. ¿Cómo va a mejorar el fútbol si hay delincuencia? Si en una institución, un hincha amenaza al presidente que se tiene que ir, y no pasa nada. O un jugador que como lo sacan faltando diez minutos agarra todo a patadas en el banco y gesticula a la vista de todo el mundo. Hoy todo el mundo se anima a pasarle por arriba a la autoridad. Y sin autoridad, sin orden y respeto es difícil poder mejorar. Por algo no participamos del fútbol internacional. Salvo la Selección. Hoy se llevan a los botijas cada vez más chicos y entonces se forman en Europa. Se terminan de educar allá. Vamos a tener la Selección con jugadores trabajados como en Europa, pero acá, en lo interno, la decadencia es grande. El orden, el respeto y la llegada en hora son cosas fundamentales”, afirmó convencido.

“Hasta los profesores de facultad llegan tarde a dar clase. Los viejos de antes capaz que no sabían leer ni escribir pero si tenían que estar a las seis de la mañana, estaban como un reloj. No fallaban nunca. Tenemos que preocuparnos de todo eso en el fútbol. Si no, nos vamos deshilachando, perdiendo la dignidad y el amor propio. Y pasa cualquier cosa, lamentablemente”, añadió y reconoció que a pesar de todo le gustaría regresar al fútbol. “Me gustaría dirigir sí, sobre todo para poner orden, aunque se que se necesita colaboración de los dirigentes y de los jugadores. Porque si cada uno hace la suya no vamos a ningún lado”, aseguró.

“Hace un rato estaba mirando los goles de la última fecha. La pelota que va al área es gol. Nunca vi zagueros que no salten, pero los zagueros de Nacional no saltan y los de Peñarol tampoco. Eso es falta de educación. A nosotros los profesores nos perfeccionaban en todo: en el doble ritmo, en el estilo de carrera. Cosas que eran fundamentales”.


OLIMPIA. Le cuesta decidir cuál fue su mejor momento como entrenador, porque tuvo varios. “Puede ser aquella Liguilla con Racing que se jugó en enero del 91 y le ganamos dos veces a Peñarol en una semana. Y con Danubio, cuando a Peñarol lo dirigía Menotti, le ganamos las tres veces en el año. Era otro fútbol”, dijo. Y también destacó su pasaje por Nacional.

“Me fue bien en Nacional, lo que pasa es que cuando llegué el campeonato ya estaba empezado. Lo agarré en la séptima fecha y Nacional estaba sexto. Los dirigentes todavía estaban festejando el campeonato del 92 y se durmieron. No pude llevar ni un solo jugador. Igual con juveniles peleamos la Supercopa. Terminamos entre los cuatro mejores. La ganó el San Pablo de Telé Santana y era bravo ganarle a ese equipo”.

No niega que Olimpia, donde jugó y también dirigió, fue el equipo más importante de su carrera. “Estuve dos años como jugador y me vine invicto. Fui en 1978 y empezamos a ganar y a ganar. Salimos campeones paraguayos. Y al año siguiente ganamos la Copa Libertadores, la Intercontinental, la Interamericana y otra vez el campeonato paraguayo. Era un equipo que ganaba y ganaba”, recordó quien también fue campeón dirigiendo al Decano guaraní.

DOMINGUEZ. De esas épocas conoce a Alejandro Domínguez, el actual presidente de la Conmebol. Alejandro es uno de los cinco hijos de Osvaldo Domínguez Dibb, entonces presidente de Olimpia. “Lo conozco desde chico. Siempre andaba con sus hermanos dando vueltas por ahí. Era un muchacho bárbaro, pero hoy es un hombre, un negociante, un comerciante. El año pasado estuve con él, porque me nombraron ciudadano ilustre de la ciudad en Asunción. Estuvimos conversando un ratito porque en esas reuniones uno conversa un rato con cada uno. Hoy ocupa un cargo, que me imagino debe ser muy complicado. Dominar toda América no debe ser sencillo. Y debe haber muchas tentaciones también”.

LOS CORTOS. Está conforme con su carrera como jugador. Y no es para menos. Jugó en Nacional y en Peñarol, además de San Lorenzo de Almagro, Olimpia y Newell’s. Jugaba de marcador de punta izquierdo, el puesto que le sugirió su padre cuando terminó el baby fútbol en el club Corralito del barrio Marconi donde se crió y por donde todavía se da una vuelta de vez en cuando. “Era un futbolista disciplinado y que siempre se tuvo confianza. Fui rebelde para mejorar. Y cuando las cosas no me salían era difícil que me cayera. Siempre me reponía ante la adversidad”, se definió quien comenzó y terminó su carrera en Sud América. El la IASA debutó en Primera División y lo llamaron a la Selección juvenil. De allí pasó a Rentistas y tras un año en la A, lo compró San Lorenzo, donde salió campeón argentino. Luego regresó para jugar en Nacional, de allí a Olimpia, después Newells, donde no salió campeón por diferencia de goles. Y volvió para ponerse la aurinegra.

BELLAS ARTES

El diploma de dibujante publicitario

El año que debutó en Primera División se recibió de dibujante publicitario en Bellas Artes. Trabajó en Pablo Ferrando, en una textil y en el taller de propaganda de Norteña. “No era exactamente lo que había estudiado, pero era parecido”.
Siempre trabajó en forma paralela al fútbol, hasta que comenzaron los rumores de que lo iban a vender y pasó a San Lorenzo. “Una de las cosas que he hecho como entrenador fue no hablar sólo de fútbol, sino hacerlo sobre la vida. Explicarle a los jugadores que es importante terminar la carrera y tener otra cosa”.

REY MOMO. Se dio el gusto de sacar la murga Asaltantes con Patente, la que iba a ver de niño. Fue una especie de homenaje a su padre. “Él era hincha de los Asaltantes y siempre nos llevaba a los ensayos y a los tablados. Lo tomé como una distracción después de haber estado tanto tiempo en el fútbol”. La distracción le duró cinco años. Los cuatro primeros solo y el último con el “Tony” Pacheco y el “Chino” Recoba. Con Piazza, Asaltantes ganó dos veces el primer premio: en 2007, su primer año y en 2013. Sin embargo, no volvería a hacerlo.

Copas
Copas. Con las que ganó con la murga Asaltantes con Patente. Foto: Francisco Flores. 

“El carnaval es muy sacrificado y tiene cosas increíbles que habría que mejorar. Por ejemplo, no hay un reglamento y entre el componente y el director los arreglos siempre son de palabra. Y las palabras a veces se las lleva el viento. Además, el carnaval está muy politizado. Es solo de un sector de la población y eso no me gusta. Yo estaba acostumbrado a un carnaval que era de todos”.

Puso bastante dinero en la murga, pero también la recuperó. “Siempre quise que los muchachos estuvieran bien. Y lo que sobraba lo repartía entre ellos. En 2010 por ejemplo, me sobró plata y se las di. A algunos les di la plata y a otro le hice una pieza que necesitaba en la casa. Yo no quería la plata del carnaval, consideraba que era para ellos. Yo siempre me consideré un hombre de fútbol, no del carnaval”.

hijos

Tres varones y Ailen que son la luz de sus ojos

Tiene cuatro hijos, tres varones, Martín, Miguel y Marcelo, de su primer matrimonio y Ailen, la única mujer de su actual pareja. “Los cuatro me cambiaron la vida. La única diferencia es que a los varones los tuve mucho más joven y Ailen tuvo la ventaja de tenerme más en casa. Ella es como yo, hace de todo: magisterio, inglés, danza y trabaja en una escuela. Esta ocupada todo el día. Usa más mi auto que yo. Mis hijos se llevan muy bien. El lunes fue el cumpleaños de uno de los varones y pasamos una noche muy linda acá”.

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