HISTORIAS MUNDIALISTAS

1974: La peor campaña celeste en una Copa del Mundo

Un solo punto y un solo gol a favor en Alemania fueron el resultado de vivir de espaldas a la evolución del fútbol. Y pensar que la delegación fue despedida en Carrasco como si fuera a volver con el trofeo en sus valijas...

Foto: archivo El País.
Foto: archivo El País.

Esta nota podría comenzar como los viejos folletines: “Resumen del capítulo anterior: Uruguay realizó en México 70 una gran campaña, pese a la falta de un delantero goleador que llevara a la red el esfuerzo de todo el equipo”.

En 1973, los celestes se clasificaron para el Mundial de Alemania con especial aporte de Fernando Morena, un número 9 de gran facilidad para el gol que había aparecido en River y ese año pasó a Peñarol. Las campañas posteriores a México habían mostrado flojos desempeños del seleccionado, pero para Alemania se decidió apostar por el instrumento que la nueva realidad económica del fútbol internacional volvería indispensable: la repatriación de jugadores que estaban en clubes extranjeros.

Eso significó el retorno temporario de Mazurkiewicz, Montero Castillo, Espárrago y Rocha, puntales del equipo del 70, además de Jauregui, Pavoni y Pablo Forlán, que no estuvieron entonces. La conclusión de la afición y parte de la prensa resultó inevitable: los cracks de México + Morena= un gran equipo.

Sin embargo, en una decisión difícil de explicar, la AUF cambió al técnico ganador de la eliminatoria, Hugo Bagnulo, para designar a Roberto Porta. Y en los primeros meses de 1974 se realizó una extensa gira por Haití, el sudeste asiático y Australia. El viaje por centros tan alejados del fútbol importante no servía para casi nada, porque incluso no estuvieron los repatriados. Estos se sumaron un mes antes del Mundial, sin tiempo de encontrar su conjunción como equipo.

El día de la partida a Alemania, pese a todo, Carrasco estaba lleno de hinchas y banderas eufóricos. La delegación cantó el himno en la pista y partió a buscar la Copa del Mundo: esa era, casi, la expectativa.

El plantel de 22 estuvo formado por Ladislao Mazurkiewicz (Atlético Mineiro), Baudilio Jauregui (River argentino), Juan Masnik (Nacional), Pablo Forlán (San Pablo), Julio Montero Castillo (Granada de España), Ricardo Pavoni (Independiente), Luis Cubilla (Nacional), Walter Mantegazza (Nacional), Fernando Morena (Peñarol), Pedro Rocha (San Pablo), Víctor Espárrago (Sevilla), Héctor Santos (Bella Vista), Luis Garisto (Peñarol), Gustavo De Simone (Defensor), Mario González (Peñarol), Denis Milar (Liverpool), Alberto Cardaccio (Danubio), Julio César Jiménez (Peñarol), José Gervasio Gómez (Cerro), Ramón Silva (Peñarol), Romeo Corbo (Peñarol) y Gustavo Fernández (Rentistas).

Las señales de alerta siguieron en Europa y casi nadie las vio. El técnico Porta demostró no estar al tanto de lo nuevo en el fútbol mundial. Los jugadores, ante la escasa exigencia en los entrenamientos, tomaron el control de los trabajos. Porta se limitó a actuar de árbitro en los picados Un día se invitó a un supuesto periodista o contratista (nadie sabía bien quién era) a subir al ómnibus del plantel: resultó un espía del primer rival de la serie, Holanda.

Para resumir, la campaña mundialista en 1974 fue la peor de la historia celeste: apenas se empató un partido y se hizo un gol. Frente a Holanda se sufrió quizás el mayor baile de todos los tiempos. Terminó solo en 0-2 porque los holandeses se perdieron muchos goles y porque Mazurkiewicz atajó casi todo lo que fue al arco. Uruguay cruzó la mitad de la cancha una sola vez en los 90 minutos.

Después se salvó el empate con la modesta Bulgaria casi en la hora, gracias al gol de Pavoni. Para clasificar había que vencer a Suecia en el último partido. Los celestes tuvieron cierto dominio en los 45’ iniciales, pero a partir del primer gol sueco, apenas comenzado el segundo período, se expusieron a la goleada ante cada contragolpe. Terminó en 0-3.

En los tres encuentros quedó expuesta una diferencia notable en la velocidad y dinámica del juego con relación a los tres rivales. Sin el calor ni la altura de México 70, los europeos pudieron competir a otro ritmo, algo que también sintieron Brasil y Argentina aquella vez.

Los cracks uruguayos de 1974 demostraron estar cuatro años más veteranos. No hubo equipo, ni orden o estrategia. Y el joven Morena no recibió casi ninguna pelota de gol. En el mundo se jugaba a otra cosa y recién en Alemania nos enteramos.

Nadie esperó a los celestes a su regreso a Carrasco. Y hasta 1986, Uruguay no regresaría a un mundial.

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