HACIENDO HISTORIA

Peñarol 1949: setenta años de un equipo para la historia

El equipo ganó invicto todos los torneos del año, incluyendo uno de los clásicos más famosos, y se proyectó internacionalmente en el triunfo celeste de Maracaná.

El equipo aurinegro de 1949. Foto: Archivo El País.
Hohberg encabeza la vuelta olímpica tras el clásico que quedó trunco el 9 de octubre. Foto: Archivo El País.

La formación de los grandes equipos debe un poco a la madre naturaleza, que hace coincidir en una época los nacimientos de varios cracks, y otro poco a la labor humana, que coloca a esos cracks en un mismo lugar y en el momento indicado. Así ocurrió con el Peñarol de 1949, una de las mejores formaciones de la historia del club, acaso la que regaló las exhibiciones más brillantes según los que lo vieron jugar.

La llamada “Máquina del 49” se prolongó con algunos intérpretes distintos hasta 1954, aunque su funcionamiento pleno se registró hace ahora 70 años. Y tuvo una consecuencia celeste: fue la base del plantel que conquistó el Mundial de 1950.

Todo eso hubiera sido imposible de adivinar a comienzos de 1949, cuando el fútbol estaba paralizado por una huelga de jugadores. Peñarol venía de una mala experiencia: la contratación del entrenador inglés Randolph Galloway, que tras un comienzo prometedor resultó un completo fracaso. El profesional llegó con sus ideas tácticas y pagó muy cara su inflexibilidad para adaptarlas a un medio que no conocía.

Pese al chasco con ese técnico extranjero, el club enseguida trajo a otro: el húngaro Emérico Hirsch (a veces su apellido aparece como Hirschl). Claro que este había trabajado mucho tiempo en Argentina y sabía bien cómo eran los futbolistas rioplatenses.

Obdulio Varela, J.C. González, Hugo,  Possamai, el técnico Hirsch, Máspoli, Colturi, Ghiggia, Hohberg, Míguez, Schiaffino y Vidal. Foto: Archivo El País.
Obdulio Varela, J.C. González, Hugo, Possamai, el técnico Hirsch, Máspoli, Colturi, Ghiggia, Hohberg, Míguez, Schiaffino y Vidal. Foto: Archivo El País.

Hasta dónde pesó Hirsch en el surgimiento y la consolidación de aquel equipo de Peñarol resultó tema de discusiones, porque años después el húngaro regresó al club y no le fue bien. Incluso sus dirigidos de 1949 mostraban diversas opiniones. Los que lo elogiaban aseguraban que el técnico había revolucionado la forma de entrenar y de moverse en los partidos. Los que no se habían entusiasmado con él comentaban que cualquiera hubiera triunfado con los jugadores que tuvo a mano.

Pero las crónicas señalan un hecho: cuando llegó, al final de la huelga, el plantel aurinegro era muy grande. Con ver una o dos prácticas, a Hirsch le alcanzó para decir: “Este, este y aquel serán titulares”. Y ya estuvo la estructura del equipo, que incluía algunos jóvenes que pocos hinchas conocían, como Alcides Ghiggia y Oscar Míguez.

Lo más recordado fue la delantera, que unía velocidad, talento, habilidad, potencia y gol: Ghiggia, Hohberg, Míguez, Schiaffino y Vidal. El eje del equipo, por mando pero también por fútbol, era Obdulio Varela. La defensa estuvo integrada habitualmente por Juan Carlos González, Hugo, Possamei y Ortuño. En el arco, sin embargo, Hirsch prefirió a Flavio Pereyra Nattero sobre el futuro golero del Maracanazo, Roque Máspoli.

Peñarol se llevó los tres torneos de la temporada 1949 en forma invicta: Competencia, Honor y Uruguayo, ganando todos los partidos salvo dos, que empató, ante Rampla y Wanderers. Los tres clásicos del año fueron suyos. En todo el año solo perdió un partido, un amistoso ante Huracán en Buenos Aires.

Sin embargo, de toda la campaña lo que el hincha privilegió en su memoria fue el clásico del 9 de octubre, que duró 45 minutos porque Nacional no se presentó a jugar el segundo tiempo.

El gol de Ghiggia que abrió el marcador. Foto: Archivo El País.
El gol de Ghiggia que abrió el marcador. Foto: Archivo El País.

Después de un comienzo parejo, Peñarol pasó a ganar a los 38 minutos con gol de Ghiggia. Y tres minutos más tarde llegó la jugada determinante. Míguez fue derribado en el área por Eusebio Tejera y el árbitro Bochetti dio penal. Algunos diarios indicaron que la sanción fue correcta, otros lo vieron dudoso. El defensa tricolor atropelló al juez para protestar y este lo expulsó.

Míguez remató el penal, rechazó Paz y Vidal tomó el rebote para convertir. El puntero aurinegro había invadido al área antes de la ejecución, tal como lo probó una foto de El País al otro día, por lo cual el gol no debió ser validado. Los jugadores de Nacional volvieron a protestar, con mayor enojo. Walter Gómez agredió a Bochetti, lo cual también fue reflejado por las fotos, y se fue expulsado. Once contra nueve se disputaron dos minutos más y terminó el primer tiempo.

Luego del descanso, volvieron los jueces y los jugadores de Peñarol, pero no los de Nacional. Bochetti esperó unos minutos y dio el partido por finalizado el encuentro. Los aurinegros dieron entonces la vuelta olímpica del Torneo de Honor, suma de los puntajes del Competencia y la primera rueda del Uruguayo.

Los dirigentes de Nacional explicaron después que ordenaron a sus jugadores que no se presentaran al segundo tiempo por considerar que no contaban con garantías ante la labor de Bochetti. La prensa, si bien criticó los errores del árbitro, fue dura con la decisión de Nacional por “dejar trunco el espectáculo”. Así, aquel clásico pasó a integrar la lista de los partidos que siguieron jugándose a lo largo de los años, tanto en el recuerdo como en las chanzas y la polémica.

Alguna lesión, bajones en el rendimiento posterior, la partida de Ghiggia a Italia, más el vigoroso resurgimiento de Nacional en 1950, impidieron que aquel Peñarol estableciera un predominio continuado en el fútbol local, por más que volvió a ser campeón con aquella base en 1951, 1953 y 1954. Y dejó su legado mundial, desde la pelota bajo el brazo de Obdulio hasta los goles de Schiaffino y Ghiggia en Maracaná.

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