Informe

Peñarol recorre todo el país

Néstor Gonçálves es el captador de talentos de los aurinegros. Lleva un apellido ilustre, pero con bajo perfil.

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El guardián. Néstor Goncálves, el hombre que lleva los ojos de Peñarol a lo largo y ancho de la república. Ardua tarea la de captador.

Ver a un Valverde o a un Maradona es fácil, rompen los ojos, el tema es lograr que elijan Peñarol. Y ‘Pajarito’ eligió jugar en Peñarol. Ama a Peñarol, es un orgullo tenerlo en el club, que sea parte del proyecto".

Si son hinchas, es un plus, y no hay nada que se pueda hacer. Los niños eligen jugar en el club de sus amores y nadie, ni sus familiares, pueden convencerlos de lo contrario. Quieren hacer realidad sus sueños".

Si no hubiese un proyecto institucional serio, todo el trabajo de juveniles sería imposible. Hay que estar en todos los detalles. Desde la llegada en hora del ómnibus que los lleva a entrenar, hasta las comidas".

Es, o fue, "el Tito chico". Al menos así se le conoció en el Peñarol de principios de los 80, cuando el apellido Gonçálves volvía a la palestra con la camiseta aurinegra. Y se llama Néstor, como el "Tito" grande.

"Hice todas las formativas en Peñarol… con 17 años, el chileno Mario Tuani me ascendió a Primera. Me subió a mí, a Coquito Rodríguez y a Roland Marcenaro, fuimos los tres juveniles que llegábamos al plantel principal. Alterné en el primero todo ese 83 y algo menos en el 84. Después me fui dos años a Huracán Buceo, pasé al América de Belo Horizonte, volví, y jugué en Defensor dos años, 89-90, me fui al Atlético Paranaense, jugué un año y otra vez a Huracán Buceo, después Rampla Juniors, y regresé a Brasil y ahí me lesioné, me lastimé una rodilla y dejé".

Néstor tiene 52 años. Es el menos famoso de los Gonçálves. Eligió moverse en el fútbol con bajo perfil. No quiso dirigir, al menos no a los profesionales, tomó el camino del anonimato como cualquier director técnico de formativas, a los que apenas conocen sus dirigidos.

"Hice el curso de entrenador, claro, pero nunca me imaginé dirigiendo en primera. Yo qué sé… me gustó más la docencia, los juveniles. De hecho, así fueron mis inicios. Mario Saralegui me llamó para que me hiciese cargo de la coordinación base de Peñarol, desde la Séptima División hasta la Escuelita de fútbol. Él había asumido como coordinador de juveniles, fue en el 2005. Y de ahí hasta hoy, sigo en el club", cuenta a Ovación.

Pocos lo saben. Pero este Goncálves es el captador de talentos. Es el hombre encargado de ver, de seguir a cada figura que aparece en cualquier cancha del Uruguay. No de Montevideo. De todo el país. Sus ojos son los ojos de Peñarol. Y lo sabe. Tiene que elegir bien, no puede errar.

"Si hay una organización detrás es mucho más simple. El ser parte de esa organización no es lo mismo que ser un simple observador o captador. Si no hay una institución, un respaldo, un trabajo serio detrás, nada es posible. Y menos hoy, con la competencia que hay de tantos clubes. Porque hay que entenderlo: si hay un jugador bueno, o un pibe que pinta bien, lo sabemos todos. El gran tema está en captarlo, en protegerlo, en cobijarlo, en darle la mejor opción", explica Néstor, "el Tito chico".

Es parte del club. Y al igual que su hermano Jorge, el otro "Tito", el más famoso de los últimos años, lleva a Peñarol en la sangre. Dice: "es parte de mi piel". Y se le nota, claro. Porque está todo el día pensando en el club de sus amores. Pero siempre mintiendo el anonimato. No es "yo" es "todos". Y lo repite cada vez que puede.

"Peñarol está trabajando mucho y muy bien en sus escuelitas de fútbol, en Aufi, pero todo lleva su proceso. Hay un lapso que va de los 10 a los 13 años en los que hay que lograr que el jugador se quede. Que no se vaya, hay que convencerlo a él y a su familia de que va a estar bien, que se lo va a cuidar, que hay todo un equipo de profesionales detrás y un respaldo enorme de un gran club", dice mientras se acomoda el pelo.

"Decir que los juveniles están en Peñarol por mí sería injusto, mentiría. Una cosa es ir a verlos, captarlos, observarlos y traerlos a Peñarol, y otra golpearse el pecho. Ya te digo: si no hay una organización detrás, es imposible. Antes pasó con Víctor Púa y Claudio Listur, cuando eran los coordinadores de juveniles, y hoy sucede con Juan Ahuntchain. Hay que traerlos al club, pero hay que darles herramientas a esos juveniles para que se queden, para que vean que en Peñarol van a tener todo y más. Y la organización empieza bien de abajo, en las escuelitas, con Mario Zipitría… con un montón de gente que está trabajando para el club".

Los juveniles de Peñarol hoy están en boca de todos. Por la Sub 17 y la Sub 20.

Ya se les conoce. Y están golpeando la puerta del plantel principal.

"Tener a un (Federico) Valverde hoy es un orgullo. Todos los clubes lo querían. Ver a un Valverde o un Maradona es fácil. Rompen los ojos, el tema es lograr que elijan Peñarol. Y hay un plus que lo da el hincha. El ser hincha es un plus, y Valverde ama Peñarol, es hincha. Con eso no se transa. Y Pajarito eligió Peñarol. A esa edad, 10, 11 años, es imposible torcer una decisión de un niño que es hincha. Ni la familia puede hacerlo. Y como él varios… a Maxi Silvera lo vimos en Las Piedras, a Santiago Bueno y Diego Rossi los trajimos de la Liga Interbalnearia, con la que teníamos un convenio. Pero el tema es otro: no es llegar, presentarse, y decir vamos a Peñarol. Hay mucho detrás que no se ve. Hablar con los padres, convencerlos que va a ser la mejor opción y después demostrárselo", dice el captador aurinegro.

"Si no hubiese un proyecto institucional serio, todo el trabajo de juveniles sería imposible. Hay que estar en todos los detalles… desde la llegada en hora del ómnibus que los va a buscar, el trato diario, el cuidado, y ahí no me quiero olvidar de Silvia Suárez, una fenómeno, la señora que cuida el alojamiento de los juveniles, la que está en todo. No hay que perder de vista que son niños, adolescentes, muchos vienen del interior y el desarraigo es duro. Si no se sienten cuidados, si no están bien, a gusto, agarran la mochila y regresar a sus pagos", cuenta Néstor. Pide disculpas y atiende una llamada en su celular. Breve, corta, y de trabajo. Lo llaman para que vea a un "botija que la rompe" en el baby fútbol. Otro más en la larga lista que tiene.

"Fui hasta Bella Unión (Artigas) para ver a un chiquito. Pero he recorrido y recorro todo el país. Hoy estamos en pleno proceso para lograr un proyecto de largo aliento: abrir escuelitas de fútbol de Peñarol en cada uno de los departamentos, en todo el interior. Y si hay que seguir en la captación barrio por barrio, liga por liga, lo haremos buscando jugadores debajo de las piedras".

Está a gusto en el club que lo vio nacer. Sabe que el proyecto institucional que generó Juan Pedro Damiani lo apuntala día a día. "Tuve muchas ofertas por suerte. Pero me cuesta irme, por la familia. Mario Saralegui me quiso llevar para que coordinara las juveniles del Nacional de Quito. El "Polilla" Da Silva quiso que lo acompañara en su cuerpo técnico, y mis excompañeros en Brasil, que están en cargos jerárquicos en varios clubes, me llaman y tratan de convencerme para que me vaya. Pero yo no quiero.".

Pocos saben que estuvo en los inicios de la selección Sub 15 de Uruguay, "Me hice cargo, la dirigí, es cierto. Me llevó el "Polilla" Da Silva cuando dirigía a la Sub 20. Era otra época, no se competía a nivel internacional. Fue una linda experiencia en juveniles, pero lo mío fue más para la docencia, es lo que sentí y lo que siento".

Está casado con Cecilia. Tiene dos hijas: Sofía de 17 y Camila de 15. "Recién ahora se enteraron de lo que fue el abuelo (Néstor "Tito" Gonçálves, Campeón de América y del Mundo con Peñarol). Nunca estuvieron en un clima de fútbol, ni las introduje… lo ven como un deporte más. Nunca se quedaron conmigo a ver un partido, están por fuera, y la madre también. Ahora están tomando conciencia de lo que significó su abuelo para Peñarol y el fútbol uruguayo. ¡Si aparece más ahora en la tele que cuando jugaba!".

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