MERCADO

Peñarol no sólo fue por un pase

De “5” o “doble 5”, Nicolás Freitas volvió por algo más que una cábala: la matriz del puesto en el fútbol uruguayo.

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Freitas

Una contratación no se hace por cábala; pero en el fútbol éstas son como lo de las brujas, "que las hay…las hay". Así que Nicolás Freitas volvió a Peñarol por lo que es y se le conoce; y también por lo que significó en la campaña de la Copa 2011, más allá de cuáles y cómo fueron sus últimos pasos.

"En el Inter (de Porto Alegre) lo que incidió fue que el técnico (sucesor de Diego Aguirre, que lo llevó al club brasileño), obviamente, no me conocía; había jugadores más conocidos que yo, y el entrenador que llega siempre pone a los que conoce, por eso no jugaba. Suele pasar, si viene un entrenador nuevo, vos sos extranjero y no te conoce, va a poner a los que conoce, pasa en todos lados; pero yo seguí esforzándome y terminé jugando."

"Bola".

El volante, además, nació el 8 de junio de 1987, justo el año que Peñarol ganó la Libertadores por última vez; pero no es por eso que ahora los aurinegros hicieron muchos esfuerzos por reincorporarlo. Sin reparar demasiado qué había hecho, y qué no, y si había cambiado desde que se fue en 2012, y —además de Inter, en su última etapa— pasó por Rosario Central, Everton de Chile, de donde vino a Peñarol la primera vez, y Wanderers.

"Ahora vengo con la experiencia de haber jugado en otro tipo de fútbol, como en Brasil, donde te piden más otras cosas que en el uruguayo quizá no te exigen tanto. ¿Cuáles? La tenencia de bola (sic)…sirve de aprendizaje. Sé que acá dejé una buena imagen, pero con eso sólo no alcanza; aquí hay gente que viene trabajando hace meses y lo viene haciendo bien, y todos estamos en igualdad de condiciones: hay que matarse, entrenar, y después demostrar las cosas con la camiseta puesta adentro de la cancha".

Desgarro.

Del paso por clubes de Argentina, Chile, Brasil y uno del fútbol uruguayo, surge un dato singular; por aquello de las brujas y las cábalas: en la Copa de 2009, Everton hizo buena campaña; en 2012/13, Rosario Central salió campeón del Nacional "B" en Argentina; y en 20015, Inter de Porto ganó el "Gauchao". A lo que se suma aquella Libertadorrs 2011, donde Peñarol llegó a la final después de 24 años. Sin embargo, aunque el motivo de su regreso pueda tener también algo de ese ingrediente casual, desde un principio Bengoechea fue claro en el sentido de que "se fue Píriz, tiene que venir un volante".

"Con Bengoechea hemos hablado poco, principalmente de cómo llegaba, porque él sabía que venía con una pequeña lesión del último partido que jugué en Brasil, así que me preguntó cómo estaba, ya que por el tema del desgarro estuve sólo corriendo no más de un mes, sin hacer otro tipo de actividades. Los últimos partidos los jugué de 5 y me sentí cómodo, pero en Peñarol he jugado de doble 5 y también me sentí bien; si me dan a elegir, no tengo preferencia, puedo cumplir las dos funciones en forma aceptable".

Nuevo París.

Por ahí pasa el eje de esta vuelta a Peñarol, al fin y al cabo: el mediocampo, donde la tradición aurinegra impone que haya un patrón de personalidad, que marque, quite, y reparta la pelota en forma mínimamente aceptable. Jugando de "5", a lo "Tito" Goncalves, o en "doble 5", como Freitas lo hizo con Aguiar hace casi cinco años.

"Ahora estoy en la casa de mis papás, en Cno. de las Tropas, a 10 o 20 cuadras de mi barrio. Yo soy de Nuevo París, mis viejos son de ahí: Yugoeslavia e Islas Canarias, donde vivía el papá de (Paolo) Montero; ese es el punto de referencia del barrio.

Del barrio y, sobre todo, de un volante como el que Peñarol andaba buscando: por más que el "Mudo" Montero Castillo sea uno de los guapos de la "vereda de enfrente", la identificación con esa cuna es una matriz de fábrica importante para el puesto en el ámbito del futbol uruguayo. Hasta por cábala.

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