TORNEO APERTURA

Peñarol no les gana, los abre

Los aurinegros logran triunfos, aún sin llegar a superar a sus adversarios.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
A los 37’ el “Bombardero de Cerro Chato” la mandó a guardar. Foto: Marcelo Bonjour

Contando las llegadas de los goles, Peñarol hizo nueve remates al arco rival; y Racing, 18.

Contreras, mientras tanto, atajó tres pelotas con aroma a gol o de peligro para su valla; y Guruceaga tapó nueve, varias de ellas con el sello de atajadas providenciales.

Asimismo, Peñarol ejecutó tres remates desviados, contra ocho de Racing, algunos de ellos con la grifa de gol errado, como ocurrió con el que Juan Pablo Rodríguez, jugador fino, de buena pegada, mandó a la Colombes, entrando solo y de cara al arco rival, en el cuarto de hora inicial de la primera parte.

Es más, si se trata del comienzo, a los 10 Racing ya había forzado un corner, una atajada salvadora de Guruceaga y errado un gol con un cabezazo fallido de Quiñones, que tiró la pelota afuera pese a recibir un cambio de frente a corta distancia del segundo palo.

Por supuesto, el fútbol no es matemático; pero algunos indicadores que va dejando el trámite de un partido son, inevitablemente, un reflejo de lo que ocurre adentro de la cancha.

Sin embargo, en esto pasa algo parecido a lo que refería el Cr. José Pedro Damiani al decir —no sin aire socarrón— que "los números no mienten, mienten los que los hacen..."; y, en este caso, los jugadores son los que, con acciones individuales o colectivas, "falsean" la verdad de lo que sucedió en el terreno de juego a la hora de trasuntarlo en las cifras del resultado.

Anoche, por ejemplo, los números fueron un reflejo de este Peñarol al que, armado en torno a un mediocampo que tiene un volante central de contención (Píriz) y dos como Nández y Aguiar, que no son de marca, le cuesta hacerse de la pelota cuando la maneja el adversario que, incluso, transita en forma hasta fluida en dirección al área aurinegra, donde es frecuente que terminen con tarjeta amarilla los zagueros centrales; algo que ayer a Peñarol le pasó antes del final de los 45 iniciales.

Esto es, de contragolpe o en franca postura atacante, no fueron pocas las veces en las que tres delanteros de Racing enfilaron contra cuatro y hasta tres zagueros de Peñarol, con los volantes aurinegros volviendo a sus espaldas; lo que no representa una falla; este Peñarol está concebido así: para atacar; y por eso, también, aunque no ataca mucho porque sin la pelota es difícil hacerlo, gana.

No es un contrasentido, es como que Peñarol no precisa convencer con su idea futbolística, sino que le basta con imponerla: con los goles de Ifrán, que ya son tres y todos importantes, pues no fueron el quinto o el cuarto de una goleada; con un zapatazo como el de Diogo ante Cerro u otro como el de Forlán contra Sud América; o con una fina jugada como la que ayer en el gol de Aguiar elaboró y luego lustró el propio "Cachavacha".

Así es como, aún cuando los números no le dan, Peñarol gana: con los partidos todavía cerrados, abre a los rivales, como ayer a Racing, sin haber llegado a superarlos.

Un gol a contramano del partido.

Ayer Racing había gestado más llegadas que Peñarol, pero a los 37 Diogo metió el centro bajo hacia el medio y el "Bombardero de Cerro Chato" la mandó a guardar: un gol a contramano del trámite.

Un do de pecho y ¡golazo!

En el Parque Viera ante El Tanque Sisley, Peñarol no llegaba con peligro al arco rival, pero un centro de Forlán fue bajado con el pecho por Zalayeta, e Ifrán metió el gol que no se veía venir por ningún lado.

Resurgió de las cenizas...

Peñarol no podía con la resistencia de Fénix que, incluso, hasta le iba ganando. Sin embargo, Aguiar metió un centro desde la derecha e Ifrán fusiló a Campaña para empezar a dar vuelta el resultado.

Hizo saltar la cerradura

En su debut en el Torneo Apertura, Peñarol no engranaba, no arrancaba; pero cuando todos esperaban a Forlán, apareció Diogo: se corrió al medio y con un zapatazo hizo la luz. Después Peñarol terminó goleando.

El que destripó el "buzón".

Contra Sud América, el "buzón" parecía estar muy bien cerrado, y el partido para Peñarol se presentaba complicado; ahí, entonces, surgió el zapatazo de Forlán: el primer zarpazo hacia una goleada.

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