HACIENDO HISTORIA

Peñarol 1978: Campeón invicto con los 36 goles de Morena

Hace 40 años, un aurinegro “a la brasileña” se consagró campeón uruguayo con una gran producción ofensiva.

Foto: archivo El País.
Olivera, Fossati, Julio Rodríguez, Unanue, Juan Vicente Morales, Mario González, Ramos, Peruena, Morena, Maneiro y Rubén Paz. Foto: archivo El País.

La llegada de Fernando Morena a Peñarol en 1973 anticipó en unos meses el regreso a la dirección técnica del club de Hugo Bagnulo. Paternal, amigo de las cábalas, motivador, Bagnulo -que había estado ya a fines de los 50- armó un equipo de guerreros con Morena como goleador para conquistar los títulos locales de 1973, 1974 y 1975.

Cuando “el Hugo” se desvinculó del club a fines de 1975, Peñarol se volvió irregular en su juego y en sus resultados. Para solucionarlo, fueron a buscar a un entrenador brasileño, Dino Sani. Exmediocampista de gran calidad, campeón del mundo en 1958 y con pasajes por Milan y Boca, Sani comenzó a cambiarle la cara al equipo.

También incidió la aparición de un grupo de juveniles de grandes condiciones, como el lateral Víctor Diogo y los delanteros artiguenses Rubén Paz y Venancio Ramos. De a poco, el aurinegro fue dejando de lado el estilo de Bagnulo para asumir uno más “a la brasileña”, aunque con más velocidad que toque.

En 1977 peleó mano a mano con Nacional el título hasta la última fecha y pagó caro algunos puntos que dejó escapar por no “cerrar” los partidos. Pero en 1978 se llevó el campeonato de punta a punta, en condición de invicto: fue el último campeón sin derrotas en un Campeonato Uruguayo a dos ruedas.

Aquel equipo aurinegro, coronado a comienzos de agosto del 78, hace ahora 40 años, ganó 17 de los 22 partidos disputados y empató los otros cinco, con 70 goles a favor y 22 en contra. Pese a esa gran campaña, recién logró el título en la última fecha, derrotando 2-0 a Rentistas.

Nacional quedó a tres puntos, conducido por el profesor José Ricardo de León: no alcanzó a brillar, pero no abandonó nunca su cercana persecución al rival de siempre. Los dos clásicos del certamen terminaron empatados. El tercero del torneo fue Fénix, muy lejos, a 15 puntos del campeón (cuando el triunfo valía dos puntos, cabe recordarlo).

¿Cómo alineaba aquel Peñarol? El arquero era Jorge Fossati, aunque en los últimos partidos apareció Fernando Álvez, otro juvenil. La línea de cuatro más común la formaban Diogo (o Mario González), Walter Olivera, Carlos Peruena y Juan Vicente Morales (o Mario Zoryez). El “cinco” era Lorenzo Unanue, un volante capaz de defender y atacar, así como con llegada al gol. El “ocho” fue Julio Rodríguez, aunque a veces también jugó Gustavo Dittman, ambos más de recuperación que de creación.

La manija del equipo la tenía Ildo Maneiro, que luego de ser pieza clave en el Nacional del 71 se fue a Francia, y al regresar firmó sorpresivamente por Peñarol. Así, se convirtió en el principal socio ofensivo de Morena.

En el esquema 4-3-3, el habitual en aquellos tiempos, los punteros eran Ramos y Paz, hábiles, veloces y certeros para definir.

Y estaba Morena, claro. El día de la consagración ante Rentistas, el Nando hizo los dos goles y batió su propio récord de 1975: aquel año había marcado 34 y en 1978 llevó la marca a 36, desde entonces inamovible. Su promedio de gol fue de 1,71 por partido, pues faltó a uno, cuando no estaba resuelto su contrato. Hizo 14 en la primera rueda y 22 en la segunda, con cuatro hat-tricks (aunque nadie le llamaba así todavía a los tres goles en un partido) y nada menos que siete frente a Huracán Buceo el 16 de julio.

Esa tarde encierra una historia en sí misma: Morena no iba a estar porque el aurinegro jugaba a los dos días por la Libertadores. Al final fue titular, pero estaba previsto que saliera al rato. Y cuando empezó a sumar goles, Sani lo dejó los 90 minutos.

También estaba en el plantel Julio César Jiménez, un volante ofensivo de gran habilidad sin embargo incomprensiblemente postergado muchas veces por los técnicos. No tuvo buena relación con Sani y ese mismo 1978 se marchó a Vélez de Argentina, donde se convirtió en ídolo.

El Uruguayo 1978 se disputó de marzo a agosto, con un breve receso en junio durante el Mundial de Argentina, que como se sabe contó con la ilustre ausencia del vecino de al lado, Uruguay. Esa circunstancia golpeó fuerte a la afición entonces, pero la pulseada de 22 fechas entre los dos grandes determinó que las recaudaciones del certamen local fueran buenas. También incidió una iniciativa por la cual se sorteó un auto con las entradas de algunos encuentros, lo cual llevó mucha gente.

La deuda de aquel aurinegro fue la Libertadores, pues resultó eliminado en la serie inicial por Deportivo Cali. La impresión fue que tanto Sani como sus futbolistas asumieron desprevenidos los duelos ante el equipo colombiano que, dirigido por Carlos Bilardo, utilizó los viejos recursos de la Copa. (Después, Cali cayó en la final ante el Boca del Toto Lorenzo, otro maestro en artes oscuras).

Sani volvió a ser campeón en 1979, sin el brillo del año anterior, aunque jugó medio campeonato sin Morena, transferido al Rayo Vallecano de España. En 1980 Peñarol tuvo un desastroso comienzo de campeonato y eso le costó el puesto a Sani. Un año más tarde llegó Luis Cubilla, que logró el título pero no continuó.

Como la historia del fútbol es un ir y venir, para 1982 Hugo Bagnulo regresó nuevamente. Ya estaba también Morena y, con otros guerreros, más la maduración de varios de aquellos juveniles, ganó la Libertadores en 1982.

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