AUF

Pelea por el poder: la génesis de la batalla económica

Todo comenzó con los derechos de su imagen por los que peleó Diego Forlán; luego vinieron la TV y Nike

fachada de la AUF
Foto: Fernando Ponzetto

El Mundial de Sudáfrica acababa de terminar y Diego Forlán, con el respaldo de su hermano Pablo y de Daniel Bolotnicoff, decidió dar la pelea por los derechos de la utilización de su imagen.

Los planteos que ya había realizado anteriormente no habían sido escuchados y su imagen aparecía en diversas publicidades a las que Forlán no quería asociarse, ya sea por calidad de los productos ofrecidos o, también, porque no recibía ingreso alguno.

Viviendo y disfrutando la experiencia internacional, donde los derechos de imagen reportan muchísimo dinero a los jugadores, Forlán intentó recuperar lo que entendía era suyo y quería ser oído por las autoridades de Tenfield. Aquí empezó a germinar la idea de lograr una desvinculación de los jugadores de la selección de los contratos firmados entre AUF y la empresa.

El recorrido para conseguirlo no iba a ser para nada sencillo. Fundamentalmente, porque dichos contratos -hasta ese instante- respaldaban la determinación de las autoridades de Tenfield de hacer oídos sordos a los reclamos.

Recordemos. Por aquel entonces, la empresa sostenía que los derechos que la AUF que presidía Eugenio Figueredo había negociado el 20 de noviembre de 1998 incluía la imagen de los jugadores. Más a su favor, todavía, estaba el hecho de que esa cesión había sido avalada por la Mutual que presidía Fernando Silva y, posteriormente, refrendada durante los períodos del mandato de Enrique Saravia.

Aunque los números de lo que se entregaba no pueden determinarse con precisión, porque los futbolistas señalaban que Tenfield pagaba a la Mutual por concepto de derecho de imagen US$ 225.000 anuales, y la empresa supo remarcar que la cifra total llegaba a los 300 mil dólares anuales, la lucha de Forlán la pasó a liderar Diego Lugano.

El capitán de la Selección uruguaya de fútbol en Sudáfrica 2010 tomó la posta para conseguir que la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales dejase de firmar extensiones de contrato de los derechos de imagen de los jugadores de la Selección con Tenfield (vigentes hasta 2019) bajo argumentos legales. Sosteniendo que los derechos de imagen se estaban explotando de manera ilegal, porque se trata de un derecho personalísimo que no puede ser transferido, publicado, cedido sin un consentimiento expreso de la persona, Lugano plantó cara hasta las propias autoridades de la gremial.

Del otro lado no se quedaron callados. Y se entró en un clima casi de guerra. Además de indicar que los jugadores percibían 4.000 dólares por derechos de imagen por cada fecha FIFA, situación que fue validada por los propios futbolistas, lo que apareció en escena fue un enfrentamiento de alto calibre entre Enrique Saravia y Lugano. A ese cruce se sumó Gustavo Torena, conocido por el “Pato Celeste”. Amenazas de disputas, de revelar hechos y hasta alguna clase de mandados graves, contribuyeron de manera firme para que a la discusión se sumaran los jugadores del medio local.

Así fue, entonces, que se formó el Movimiento Más Unidos que Nunca, que desde sus inicios comenzó a solicitar la renuncia de las autoridades de la Mutual por no sentirse representados en la defensa de sus derechos, que en buen romance significaba intereses económicos.

Marchas. Pancartas. Negación a conceder entrevistas a los periodistas de Tenfield y hasta opiniones fuertes en los medios de comunicación contribuyeron con firmeza para que las aguas siguieran dividiéndose.

Además, por el camino se fueron sumando otros distanciamientos, rompimientos de relaciones o negociaciones fuertes que originaron desgaste. Por ejemplo, fue muy notorio el hecho de que Diego Godín se separó del empresario Francisco Casal, el agente que lo había vinculado al Atlético Madrid procedente del Villarreal.

Una nueva renovación del vínculo con los colchoneros, sin la participación de Casal en el acuerdo terminó de manera abrupta la relación. Asesorado por abogados españoles y con la participación de su hermana Lucía (contadora), Godín deslindó al empresario de la firma de un contrato que podría haberle reportado -según fuentes- unos 400.000 dólares.

No se puede pasar por alto, tampoco, la determinación de los dirigentes de la AUF de obtener mayores ventajas de la emisión de los partidos de las Eliminatorias. Asesoramientos legales por terceros, estudios de mercados terminaron reportando mayores ingresos.

La venta de las Eliminatorias de Brasil 2014, negociado con las empresas Tenfield y Full Play, después del trabajo de asesoramiento que hiciera la consultora BDO, aportaron diez millones de dólares a la AUF. No fue una negociación fácil y hubo un tire y afloje de munición gruesa, que hasta terminó llegando al Gobierno.

En medio de todo ello, es indiscutible que el poder de los futbolistas fue creciendo paulatinamente y comenzó a tener influencia notoria dentro de la propia Asociación Uruguaya de Fútbol.

El respaldo firme de la opinión pública, el apoyo del propio técnico de la Selección a los reclamos de los jugadores y la búsqueda de los neutrales de conseguir mayores ingresos para el fútbol, terminaron generando una sociedad más fuerte. Para ser más precisos, Valdez y su cuerpo de neutrales se volcaron decididamente hacia los planteos de los futbolistas.

La aparición de la firma Nike para vestir a la Selección uruguaya fue un punto alto de este de vínculo. Los jugadores arrimaron la propuesta y aunque hubo una votación que terminó prosperando por nada más que un voto dentro de la AUF (confirmando que Tenfield seguía siendo fuerte), al final Puma se vio obligada a pagar los 24,5 millones de dólares que había propuesto Nike y a entregar también indumentaria con la misma calidad y tecnología.

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