HACIENDO HISTORIA

"Patrullero" Vidal, el ítalo-argentino campeón en Maracaná

Puntero izquierdo de gran velocidad, llegado a Uruguay hace 75 años, fue el único extranjero que conquistó la Copa del Mundo con la Celeste.

"Patrullero" Vidal defendiendo a la selección uruguaya frente a Suecia.
"Patrullero" Vidal defendiendo a la selección uruguaya frente a Suecia.

Buie d’Istria es una pequeña localidad no lejos del mar Adriático que a lo largo de los siglos fue cambiando de manos entre Venecia, el Imperio Austrohúngaro, la Francia napoléonica, Italia, el Territorio Libre de Trieste y Yugoslavia, hasta su actual pertenencia a Croacia. Además, representó tierra de exilio desde el siglo XVIII para los españoles derrotados en la Guerra de Sucesión (1701-175). Entre ellos, una familia de apellido Vidal.

En la década de 1920, en el breve período que Buie estuvo bajo bandera italiana, nació allí Ernesto Vidal. Muy poco tiempo después, los Vidal emigraron a América y se instalaron en San Francisco, un pueblo de la provincia argentina de Córdoba, cerca del límite con Santa Fe. Allí, Ernesto conoció el fútbol. A los 15 años ya era titular en el Sportivo Belgrano local. Y como jugaba bien, terminó en uno de los clubes poderosos de aquella zona, Rosario Central, que recién se integraba al campeonato argentino.

Por su origen ferroviario, Rosario Central tenía lazos de amistad con Peñarol. Por eso, cuando en 1944 los aurinegros buscaban en Argentina delanteros para reforzar su plantel, trajeron a Vidal. Pero el itinerario vital y futbolístico de aquel futbolista no terminó allí: su destaque llevó a los dirigentes a pedirle que adoptara la ciudadanía uruguaya para integrar el plantel en el Mundial de 1950. Y de esa forma, Vidal terminó convirtiéndose en el único campeón mundial con la Celeste nacido en otro país.

En 2019 se cumplieron 75 años de la llegada y rápida consagración de Ernesto Vidal en el fútbol uruguayo. Entonces hacía un lustro que Nacional dominaba los torneos y los clásicos, sin que los intentos aurinegros por frenarlo tuvieran éxito. Entre otras ideas, se buscó en Argentina algún delantero que repitiera al menos en parte el suceso que logró Nacional al contratar en 1938 a Atilio García, un desconocido que se convirtió en el mayor goleador de la historia del club.

Vidal no era centrodelantero, sino un puntero zurdo. Rubio y de bigotes, bajo, ancho de espaldas y sobre todo muy veloz. Por esos tiempos la Policía había incorporado sus primeros patrulleros y el estilo del italo-argentino, que parecía ir tocando sirena mientras corría por la punta, llevó al humorista Héctor Mancini a apodarlo “Patrullero” en sus viñetas que publicaba en El Diario.

Además de sus corridas, Vidal convertía goles con frecuencia. Hizo uno en su debut ante Liverpool, el 2 de septiembre. Con él en el equipo, Peñarol consiguió dar vuelta la pisada. Ganó el clásico de la primera rueda del Uruguayo 44, el primero desde 1939. Después pasó a comandar la tabla. Y con tro gol de Vidal estuvo a dos minutos de ser campeón en el clásico de la segunda rueda, pero Atilio García igualó sobre la hora.

Los viejos rivales fueron a una final, que terminó sin goles pese a jugarse dos alargues de media hora cada uno. Como por esos días no se ejecutaban penales para resolver estos empates, hubo una nueva final el domingo 17 de diciembre.

Dos goles del mismo Atilio pusieron al tricolor cerca del sexenio, pero Prais y luego Obdulio Varela de penal consiguieron el empate. Cuando faltaban 20 minutos, el puntero aurinegro Ortiz picó por su lateral y mandó un centro al área. La pelota superó a los que la esperaban por el medio, pero por la izquierda llegó a toda velocidad una figura rubia. Vidal metió el cabezazo y con ese gol, Peñarol fue campeón. El punterito llegado de Argentina apenas tres meses antes se convirtió en ídolo de su hinchada.

Durante los siguientes ocho años fue el puntero izquierdo titular del club. En ese puesto, formó parte de la legendaria delantera de 1949 junto a Alcides Ghiggia, Juan Eduardo Hohberg, Oscar Míguez y Juan Alberto Schiaffino.

La gran campaña aurinegra de aquel año convirtió al equipo en la base del seleccionado uruguayo para el Mundial de 1950. Hohberg era argentino y tenía poco tiempo de residencia, por lo cual no pudo ser citado. Vidal, en cambio, fue nacionalizado de urgencia para integrar al plantel.

Una investigación de CIHEFE, la asociación de historiadores de fútbol de España, descubrió que Vidal incluso viajó a Brasil ese año con el pasaporte italiano. El 8 de junio, menos de un mes antes del debut en el Mundial, por fin recibió su pasaporte uruguayo. De cualquier manera, las exigencias de la FIFA entonces eran más laxas sobre la nacionalidad de los jugadores de los seleccionados, de manera que no se iban a perder los puntos...

Con cuatro de los cinco delanteros aurinegros en la cancha, Uruguay le ganó 8 a 0 a Bolivia el 2 de julio en Belo Horizonte. Vidal marcó uno de esos goles. Esa formación ofensiva se repitió en los dos partidos siguientes, el 9 de julio contra España y el 13 de julio ante Suecia. Sin embargo, el “Patrullero” quedó afuera del último partido, ante Brasil, por lesión. Lo sustituyó el joven Ruben Morán. Pero Vidal, tan uruguayo en esos días, fue tan campeón como los otros 21 del plantel.

En 1953 se fue a jugar a su país de origen. Firmó por Fiorentina, pero una fractura le impidió lograr continuidad. Tras probar en el Pro Patria, regresó al lugar donde creció, San Francisco. Allí falleció, todavía joven, en 1974.

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