FÚTBOL

Un “Pato” campeón en seguridad

Los clientes del Géant se sorprenden al verlo y hasta se ponen a llorar.

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Foto: Ariel Colmegna.

Acá estoy, llevándola. Trabajando en algo que no tiene nada que ver con el fútbol, soy guardia de seguridad”, cuenta William “Pato” Castro, campeón de América y del mundo con Nacional en 1988.

Desde que colgó los zapatos en Miramar Misones en 1998, alternó trabajando en el fútbol y en otros empleos. “Estuve de chofer en una empresa que trabajaba para la Intendencia; fui feriante con un amigo; trabajé con Ruben Bareño en una camioneta de turismo; fui asador en una finca donde se hacían cumpleaños de quince y eventos. Y soy muy buen asador”, contó orgulloso quien fue titular en la final de Tokio ante el PSV.

“Siempre revolviéndome, buscando trabajo, sin quedarme quieto porque tengo una familia. Hace un año que estoy acá en el Géant en la seguridad. Cuido a la gente, mantengo el orden. Nunca en mi vida me imaginé trabajar en esto, pero con la ayuda de los compañeros, que son excelentes, la voy llevando. Trato de ser correcto”.

Al principio le costó mucho acostumbrase al trabajo. “Uno ve gente que está robando y hay que sacarla. Hoy estoy adaptado, pero al principio costó. Al mes de estar acá, tuve que agarrar a un joven robando dos botellas de whisky y a los 20 días a otro llevándose carne. Y te corre la adrenalina por adentro, mucho peor que cuando salí a jugar en Tokio. No sabía cómo iba a reaccionar, ni yo ni él. Era mi primera experiencia. Ahora ya me acostumbré. Además, cuantos más atrapes te suben el puntaje. Y también ganás más porque te toca un porcentaje de la mercadería que capturaste. No me puedo quejar, me han valorado y se han portado muy bien conmigo acá”, relató el exdelantero que jugó en los dos grandes, en el Cruz Azul de México, en Universitario de Perú, en Once Caldas de Manizales y en Gimnasia y Esgrima de La Plata.

“En esa época se ganaba muy poco, no era como ahora. Igual tengo mi casa y mi autito y uno trata de ser feliz con lo que tiene. Nunca tiré la plata. Tuve propiedades que perdí por ser bueno. Le salí de garantía a dos compañeros y me cagaron. Perdí una casa que tenía afuera y un apartamento. Compañeros del fútbol, uno de Nacional y otro de Bella Vista, pero no los voy a nombrar. No vale la pena. Mi mujer me decía que no les saliera de garantía y no la escuché. Hoy camino por la calle con la cabeza en alto, no tengo nada que esconder. Todos los trabajos son dignos. Sigo luchando y voy a seguir haciéndolo”. A pesar de que sabe que hoy se gana mucho dinero en el fútbol, se queda con lo de antes. “Hoy los jugadores sólo piensan en el pase y hace 30 años que no se gana nada a nivel de clubes. Los últimos fuimos nosotros. Ese Nacional del 88 era un equipo de hombres que sabía lo que quería. Y tenía un técnico que fue el mejor que tuve: Roberto Fleitas. De él y de Raúl Bentancor, en Bella Vista, aprendí muchísimo”.

Muchos de los clientes del Géant lo reconocen, lo saludan y sobre todo se sorprenden al verlo. “Un día un veterano se me puso a llorar, me dijo que yo no podía estar acá trabajando como seguridad. Y dijo que él me tenía que sacar de acá. Y hace un mes atrás, un hombre joven, de unos 40 años, pasó, me vio y también se puso a llorar. Yo le decía que no se pusiera así, que es la vida. Que si no hay nada en el fútbol, salgo a trabajar”. Lo mismo le pasaba en la feria o cuando estaba de asador y la gente le pedía para sacarse fotos con él en la parrilla. Y le agradecía por el asado. “Para mí todo eso es un honor”, afirmó.

Por la tarde, cuando sale del Géant, dirige la Sub 16 de Bella Vista y eso es lo que le llena el alma. “Lo que me apasiona es el fútbol. Llevaba cuatro años alejado y este año tuve la posibilidad de volver. Me llamó Bella Vista, por intermedio del ‘Vasco’ Ostolaza, que estuvo trabajando ahí”, contó quien ya dirigió varios equipos. Incluso en el 2011 tuvo una linda experiencia en Honduras. “Estuve seis meses armando unas escuelas de fútbol en el pueblo La Esperanza. Fue lo último que dirigí hasta que volví a Bella Vista”.

“No he tenido ese golpe de suerte que siempre se necesita para dirigir. Hoy hay un grupo muy cerrado de técnicos y es difícil entrar. Y capaz que soy demasiado bueno para el ambiente futbolístico”, reconoció. Sin embargo espera una oportunidad: “Creo que tengo condiciones y si no sirvo no sirvo, pero pretendo una oportunidad. Nacional nunca me abrió las puertas y tiene que estar agradecido a la gente del 88, pero los dirigentes se olvidaron de nosotros. Yo estuve en una lista, no en estas últimas elecciones, en las anteriores y me prometieron muchas cosas, pero no cumplieron. Todas mentiras”.

Sigue en contacto con sus compañeros del Nacional campeón de América y del mundo: aseguró que la mayoría están complicados y también tuvieron que salir a trabajar. “Yuber (Lemos) en el taxi. Mario López tiene un lavadero, el ‘Chango’ (Pintos Saldanha) en una pizzería en Estados Unidos. Y todo así”.

Elizabeth, siempre juntos.

“Mi mujer es una fenómena, siempre me acompañó, en las buenas y en las malas. Nos conocimos cuando yo vivía en la pensión de Bella Vista, en Francisco Gómez y Agraciada, y la veía pasar. Y me gustaba. Nos presentó un compañero que hoy está radicado en Argentina. Eso fue en 1982 y dos años después nos casamos. Hace 33 años que estamos casados”, contó sobre su esposa Elizabeth, repostera de profesión. Ambos fueron abuelos por primera vez hace 20 días. “Maxi”, el hijo mayor fue padre de Martina. El menor, Diego, siguió sus pasos y juega en la Primera División de Bella Vista. “No tiene mis condiciones, pero es un número 9 aguerrido”, reveló.

Los gurises de Bella Vista.

El “Pato” disfruta de dirigir a los gurises de la Sub 16 de Bella Vista. Están abajo en la tabla porque el club estuvo cuatro años sin competir y hoy lo están sufriendo. “Es una edad difícil porque están en pleno crecimiento y uno no sabe lo que puede pasar en el futuro. Hoy es complicado trabajar con adolescentes. Hay momentos en que están en la luna. Yo les enseño fútbol y valores. Y les digo que lo fundamental son los estudios, en el 2017 si no estudiás estás fracasado. Les explico que el fútbol no es seguro, que se puede tener una lesión y si no estudiaste, ¿qué hacés? Yo hice sólo hasta segundo de liceo, pero era otra época. Hoy tengo 54 años y conseguir trabajo es bravo”.

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