Villa Teresa

Un partido entre el paraíso y la realidad

Una hinchada de Primera, distinta y...como las restantes.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Hinchas. Los del “Villa” fueron aplaudidos por los tricolores

Hombres. Muchachos. Pocas mujeres y niños. Algunos enfundados en la camiseta de Villa Teresa. Otros con globos rojos y blancos. Ovación estaba ahí. Con ellos. Palpitando.

Hoy el sueño se cumplió.../

y la barriada toda junta festejoooó.../

Incluso hasta tenían cantos propios que intercalaban con los del resto de las hinchadas.

Sea en la Ceee.../

Sea en la Aaaa.../

¡Yo me doy contra cualquieraaaa...!/

¡Peñarol o Nacionaaaal...!/

El talud de la tribuna Héctor Scarone estaba como nunca. Rebosante. Todo era diferente; para ellos, claro: estaban tan en el paraíso, que ni siquiera le gritaron a la terna arbitral cuando calentaba y se arrimpo al alambrado.

Después, lógico: se volvieron locos cuando su cuadro salió a la cancha, aplaudieron como si fuese flor de jugada la culminación del primer ataque, aunque la pelota salió muy arriba del travesaño, y el primer gol de Nacional no les hizo nad: siuieron cantando.

Al fin, era como estar soñando; pero fueron sintiendo que era verdad, que el "Villa" estaba en la "A". Por eso, el segundo gol tricolor los hizo agarrar las cabezas y sumirse en un silencio triste, frustrado.

El de Villa Teresa los sacó del letargo: gritos, abrazos por el primero en Primera División...y de nuevo otro sueño: la posibilidad del empate. De ahí que el cuarto los llevó a un contrapunto de insultos con los hinchas rivales más próximos, porque vieron cerca la humillación de una goleada.

Bombo. Redoblante. Cantos. La hinchada del "Villa" llegó al Gran Parque Central desde el paraíso y se fue hacia la realidad de todos los fines de semana; dura, difícil, pero de Primera División, claro.

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