ENTREVISTA

Paolo Montero: "Nunca llegué a ilusionarme con dirigir a Peñarol"

“No me dolió porque vengo del fútbol y sé cómo son las cosas. Cero problema”, expresó el entrenador a quien regresar a Uruguay no le resultó fácil.

Paolo Montero
Paolo Montero. Foto: Ricardo Figueredo

Paolo Montero está instalado en su chacra de la Barra. “Estamos arrancando de cero”, explicó el técnico. Es que cuando se fue a Italia hace un año lo hizo con la intención de radicarse definitivamente. Tanto que alquiló su casa y vendió su auto, por eso está viviendo afuera con su familia. “Al irnos quedamos en la calle. Vendimos todo porque nos habíamos ido definitivo. Ahora hay que arrancar de nuevo con los estudios de mis hijos, dependemos de secundaria a ver si pierden un año o no”, dijo refiriéndose a Francisco, de 16 años, y Alfonso, de 13. Con Serena, la niña de seis, no hay problema porque ya está inscripta en la escuela a la que concurría antes.

Justamente, Paolo decidió regresar por su familia sobre todo por los dos varones adolescentes que no se adaptaron a la vida en Italia. No fue que volvió por la posibilidad de dirigir Peñarol, ni por el llamado de Ignacio Ruglio, presidente aurinegro.

“No fue por Peñarol, para nada. El tema fue la adaptación de mis hijos, sobre todo el más chico. Ellos llegaron en febrero del año pasado a Italia, pasaron 15 días y nos tuvimos que encerrar por la pandemia. Habían empezado a entrenar en el equipo que estaba yo, en el Sambenedettese, y a los 10 días se cortó todo. Allá el deporte va de la mano con los liceos. Si se corta el liceo se corta el deporte juvenil. Estuvimos 59 días encerrados. No podíamos entrenar ni salir a la calle. Nada. Y fue muy difícil. Además, ellos tienen sus amigos acá. La chiquita se adaptó sin problemas, iba a la escuela feliz, pero para los grandes fue complicado. Y cuando se vinieron para acá los vi tan bien, que le dije a mi señora que se quedara. Después saltó lo de Peñarol. Y llegamos justito, creo que dos días antes de que se cerrara la frontera”, relató.

Hoy, de vuelta en Uruguay, el mayor —que es volante— se probará en Albion y el zaguero ya está en Defensor Sporting. “No sé si tienen los genes, lo importante es que les gusta. Les gusta mucho. Y a esa edad lo más importante es el trato, que sea bueno como era antes”, agregó y reconoció a sus entrenadores de formativas.

“Antes en el fútbol vos tenías maestros de escuela. A mí siempre me hablan de Lippi y de Ancelotti y sí, son unos monstruos y los ves en la tele, pero no me puedo olvidar de los técnicos que tuve en juveniles. Porque cuando subí a Primera ya sabía jugar en todos los sistemas. Y si yo llegué al Atalanta fue gracias al Lito Luzardo, a Quique Barrera, a Ramón Silva, al Pepe Cruz y a Juan Duarte”.

Sin rencor con Peñarol

Paolo Montero
Paolo Montero. Foto: Ricardo Figueredo

Aseguró que no haber sido el elegido para dirigir a Peñarol no le dolió ni un poquito. Y que nunca llegó a ilusionarse realmente porque nunca recibió el llamado de Pablo Bengoechea. “Me llamó Ruglio y me dijo que en este momento preferían tener a un persona que conociera bien el fútbol uruguayo. No me sorprendió que pusieran a Larriera. Mi ilusión no llegó ni al 10% porque al no llamarme Bengoechea... No me dolió porque no me había ilusionado. Y le agradecí a Ruglio que me llamara para decirme que no, porque eso en el fútbol no lo hace nadie. Le dije que se olvidara, que cero problema conmigo”, contó.

“Y tampoco me dolió porque vengo del fútbol y sé como son las cosas. Ando desde los seis años adentro de un vestuario. Anduve siempre con mi padre que es un crack, pero no es una persona normal. Je. No me toca, no me duele porque es fútbol y está perfecto que hayan elegido a otro. Cero rencor con nadie. Es como si yo ahora que soy técnico no pudiera elegir a un jugador sobre otro. No hay que hacer tanto drama. Al Gaby (Cedrés) lo conozco de los 14 años y si mañana me cruzo con Pablo (Bengoechea) por la calle, lo saludo. Para mí es así”, reafirmó.

Y no le quitó méritos a Larriera por no tener el ADN aurinegro. Todo lo contrario. “Eso se aprende. Es como cuando dicen que tenés que conocer el medio para dirigir a un equipo. Me hacen reír. Hoy se mira fútbol de todo el mundo. Yo fui a la C de Italia y no la conocía. El fútbol es fútbol. Yo puedo ir a dirigir a Noruega. Claro, después tenés que conocer la idiosincrasia y la cultura del club. Y relacionarte con los jugadores, pero eso me lleva una semana de pretemporada. En dos días sé quién es bueno, quién es mala gente, quién es falso y quién es peligroso”.

La vuelta a Uruguay

Paolo Montero
Paolo Montero. Foto: Ricardo Figueredo

Paolo reconoce que regresar no le resultó sencillo. “Yo estaba bien en Italia. A mí se me hace más fácil para trabajar. En Europa no es como acá que se hace diferencia con las divisiones. Allá vos estás dirigiendo en la C, como estaba yo, o en la B, y podés saltar a cualquier equipo de Primera. El abanico se te abre mucho más. Yo fui con 18 años a Italia y volví con 34. Mi carrera la hice toda allá. Jugué solo dos años en Peñarol: uno cuando debuté y el otro cuando me retiré. Mi vida la hice allá. Volví por mis hijos, pero si fuera por mí me hubiera quedado. Es tal cual”.

Hace unos días tuvo una posibilidad de volver a dirigir en Argentina, pero en este momento prefirió acomodar bien a su familia. Y en caso de volver a cruzar el charco o de regresar a Italia, lo haría solo. “Le digo a mi señora que si mis hijos tomaron la opción de jugar al fútbol, se tendrán que hacer cargo. No digo este año, pero más adelante viajarían mi señora y mi hija conmigo y ellos se quedarían para seguir jugando. Tenemos muchos parientes acá, está mi viejo y la familia de mi señora. Y por ejemplo, en Defensor tienen una casa para los juveniles. Como le digo a mi mujer, basta mirar la selección y la mayoría de los jugadores son del interior. Todos vivieron en una pensión. Claro, a ella como madre mucho no le gusta, pero la realidad es esa”.

El legado del "Flaco" Menotti

Ha crecido como entrenador. Y se define como un técnico que propone. Terminó el master en Italia y dio un paso importante en el Sambenedettese. “Crecí a nivel estratégico y táctico. Teníamos un equipo corto y con el mismo once tenías que adaptarte haciendo cambios. Me gusta proponer, lo aprendí de Menotti. Intento convencer como lo hacia él. Hoy por ejemplo, los zagueros te marcan si querés ser protagonista. Porque tienen que saber jugar en la mitad de la cancha, saber hacer el elástico, ser ágiles. En Argentina, cuando estuvimos en Central, teníamos a Pinola y en Colón a un joven Conti, de 20 años, que era un avión y que a los seis meses lo vendieron al Benfica. Hay que explicarle a los jugadores el por qué de las cosas. Y yo prefiero morir proponiendo antes que con la táctica murciélago. Prefiero perder 5 a 0 que 1 a 0 esperando”.

"Me gusta proponer, lo aprendí de Menotti. Hoy, para ser protagonista, los zagueros tienen que saber jugar en la mitad de la cancha, saber hacer el elástico, ser ágiles"

Paolo Montero

Su paso por el fútbol argentino también fue clave en su proyección. “Confrontarme con los jugadores es lo que más me gusta y lo que más me hace crecer. Lo de Colón y Rosario fue muy positivo por el nivel de jugadores que tuvimos, sobre todo en el primer semestre en Central”, admitió.

“Vivir el clásico de Rosario fue una experiencia impresionante. Nunca había visto algo ni parecido. Es más que Peñarol y Nacional y dicen en Argentina que es más que un River-Boca.

"Lo vive la ciudad entera. Hay sectores de la ciudad, donde viven los de Newell’s, a los que no podés ir. Nosotros no podíamos ir. Y cuando salíamos del complejo para jugar el clásico había 15.000 personas afuera. Señoras mayores, de 70 y 80 años, llorando. ¡Impresionante! Esa fue la experiencia más importante, pero en Colón también. Además se lograron los objetivos. El único que no conseguimos fue ganar la Copa Argentina, pero perdimos las semis con Tucumán por penales. El fútbol argentino es muy competitivo. Es lo más parecido a Italia que hay; será porque ellos vienen de los italianos. Pero se nota”.

El "Chengue" Morales, su exsocio

Toda esa experiencia la vivió junto a Richard Morales y hoy lamenta que el Chengue, que acaba de ser padre nuevamente, no quiera volver a acompañarlo. “Es una lástima porque hacíamos una buena pareja. Él tiene cosas que yo no tengo. El Chengue genera alegría, yo por desgracia no. A mí me ven y se creen que estoy siempre enojado, aunque no sea así. El Chengue estaba siempre con los jugadores jugando juegos y si veía a alguno enojado le conversaba. Era el psicólogo de todos nosotros. Los jugadores lo adoraban. Los de Rosario, los de Colón y los de Boca Unido. Lo amaban. Pero es como dice él, como técnico se sufre mucho. Cuando jugás al menos te descargás, pero como técnico no y todas las responsabilidades son tuyas. Quiere disfrutar y lo entiendo”.

Como todos, Paolo tiene sueños, pero los suyos no incluyen la selección. “Hoy que estoy arrancando de cero lo que quiero es un equipo para trabajar. Y a muy largo plazo llegar a un equipo importante de Europa. La selección es muy difícil para mí. Tuve muchos inconvenientes y no se me hace fácil. Se arrastran situaciones y la gente se quedó con la imagen del Paolo jugador, el que luchaba por los derechos, el problemático. Pero hoy tengo 49 años, ya no soy ese".

"Sinceramente, la selección nunca me pasó por la cabeza”.

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