DEFENSOR SPORTING

De tal palo, tal jugador

Nicolás Lugano, hijo del excapitán celeste, y Diego Abreu, el hijo del “Loco”, juegan en las formativas violetas.

Foto: Francisco Flores.
Foto: Francisco Flores.

Nicolás Lugano y Diego Abreu, son hijos de dos exfutbolistas e ídolos celestes. Ambos juegan en las formativas de Defensor Sporting y entrenan a diario en el Complejo Arsuaga. Nicolás es tres años mayor que Diego, pero vivieron muchas cosas juntos. Por ejemplo, cuando siendo aún muy chicos estuvieron en el Mundial de Sudáfrica donde ya corrían atrás de la pelota en los hoteles y los entrenamientos de los celestes.

Nicolás es lateral derecho y juega en la Sub 19 que dirige Ignacio Risso. Llegó a Defensor Sporting hace cuatro años. Según cuenta Fernando Fadeuille, coordinador de las juveniles violetas, por más que es uruguayo e hijo de uruguayos demoraron seis meses en poder ficharlo porque ya había jugado en Francia e Inglaterra. Y como se trataba de una transferencia internacional de un jugador menor de 18 años, FIFA no lo permitía. Tuvieron que presentar muchos papeles para comprobar que estaba viviendo y estudiando en Uruguay. En la Sub 16 fue donde más jugó y fue campeón uruguayo.

Diego Abreu, por su parte, arrancó en la escuelita de Defensor Sporting con 12 años. Es delantero y goleador como su padre, aunque le pega de derecha. Nació en México y de chiquito le gustaba el béisbol. No quería saber nada con el fútbol, lo que enojaba a su padre. “Su despegue futbolístico fue cuando su categoría fue a jugar el torneo de Alegrete. Anduvo muy bien. Es parecido al padre, muy inteligente y muy bueno definiendo”, lo pintó Fadeuille.

“Algunos dicen que soy mejor que mi padre, pero falta para saber eso”, dijo entre risas Diego, quien no sólo heredó la altura de su padre, sino también su forma de ser. “De chiquito me gustaba el béisbol. Cuando agarraba una pelota de fútbol la soltaba enseguida y papá se calentaba conmigo. Me obligaba a ir a la escuelita de fútbol en la Scuola Italiana, pero era para atrás. Con los años me empezó a gustar más y ahora me gusta muchísimo. Estoy en Defensor desde la escuelita. Es un club con buenas instalaciones y saben lo que quieren”, agregó el delantero.

“Hago lo que me pide Gianni (Michelini, su técnico), pero a veces soy medio porfiado y bajo a buscar la pelota en partidos complicados, cuando no me llega. Y lo que tengo que hacer es estar en el área esperando algún rebote para mandarla a guardar”, reconoció. “Mi padre me da consejos y cuando alguien le dice que voy a ser mejor que él, contesta que primero tengo que llegar”, agregó y contó, a su vez, que el mejor recuerdo que tiene del “Loco” es en Brasil. “En Botafogo, donde quedó como ídolo. Cada vez que íbamos a la cancha coreaban su nombre”, relató.

“Defensor es un club que trabaja muy bien y me tocó una generación de compañeros que son excelentes personas y eso te da ganas de venir a entrenar día a día”, contó por su parte, Nicolás Lugano. “Y me queda cerca del colegio, pero lo principal es que trabaja en serio, saca muchos jugadores y podés llegar a Primera División. Me estoy preparando bien para los desafíos que vengan en el futuro”, afirmó con seriedad el hijo mayor de la “Tota”.

Foto: Francisco Flores.
Foto: Francisco Flores.

Nómades. Los dos vivieron en diferentes países siguiendo la carrera de sus padres, lo que no resultó fácil para ellos. “Viví en demasiados lugares. Que me acuerde ahora: España, México, Brasil, Argentina y Grecia. Estoy feliz de estar acá y no tener que moverme para todos lados como antes. De tener amigos, porque antes terminaba de hacerme amigos y ya nos teníamos que ir para otro lado”, contó Diego, quien hoy está instalado en Montevideo junto a su madre y sus tres hermanos, pero sin su padre que sigue jugando en Chile. “Hay momentos en la cancha y en lo familiar, que me doy cuenta que si hubiera estado mi padre todo estaría mejor. Pero no creo que cuelgue los botines porque quiere llegar a jugar conmigo, me parece que son alucinaciones que tiene”, afirmó riendo quien se reconoció como bastante madrero. “Le pido todo a mamá, porque si le pido algo a mi padre me manda con ella. Entonces ahora voy directo con mamá”, admitió.

“Yo seguí toda la carrera de mi padre, viviendo por todos lados. Hice la escuelita de fútbol en el Fenerbahce, en Turquía. Jugué en las Sub 12 y Sub 13 del PSG en Francia y Sub 14 en el West Bromwich donde jugaba mi padre en Inglaterra”, relató Nicolás, quien antes jugaba en la mitad de la cancha, de 5, de 8 o de enganche y hacía goles. “En Francia faltaba un lateral y el técnico me pidió que diera una mano, anduve bien y me quedé ahí. Ahora me gusta el puesto porque mi característica es más que nada de marca. Y en el lateral tenés que ser completo. Marcar o atacar dependiendo de la jugada. Creo que lo mejor que tengo es el mano a mano y el juego aéreo”, se definió. Es aguerrido como su padre y sueña con vestir la celeste como él.

“Es lo máximo. Ver a mi padre, el primero de la fila con el brazalete, fue una gran motivación para querer estar ahí algún día”, reconoció quien tampoco la tuvo fácil afuera.

“Me pasó como cuatro veces que cuando me hacía un grupito de amigos interesantes, me tenía que ir. Hoy estoy disfrutando de mi familia, de mis abuelos, que antes los veía dos veces al año nomás”, explicó. Hoy Nicolás vive con su tía porque su madre y sus hermanos están en San Pablo. “Fue una decisión que tomamos en familia hace un par de años, yo tenía que seguir mi camino y no depender tanto de la carrera de mi padre. Y arrancar la mía. Fue una decisión dura y los extraño, pero mi padre siempre me dice que lo principal es que luche por mis sueños”.

Hijos de. Ambos compartieron travesuras en Sudáfrica. “Con Nicolás y con ‘Santi’ Pérez, el hijo del ‘Ruso’, estábamos peloteando en el hotel y en la pared había un cuadro enorme. ‘Nico’ pateó y el cuadro se cayó. Éramos muy chicos y nos aburríamos, no podíamos ni ver los dibujitos porque no entendíamos nada”, recordó Diego. Aunque Nicolás dijo que el que pateó no fue él.

Ser “el hijo de” tampoco ha sido sencillo para ellos. “Muchas veces escucho de afuera que dicen que juego porque soy el hijo de, pero salta mi hermana Valentina que va a todos los partidos con mi madre a defenderme. Lo más lindo es cuando hago los goles y les tapo la boca. Los que más grité fueron contra Peñarol, que le hice dos, y uno a Danubio que le empatamos en la hora”, contó Diego quien hoy tiene el corazón dividido. “Yo era hincha a muerte de Nacional, pero desde que juego en Defensor me fui encariñando con el club. Y ahora mis amigos me joden que soy un pastelero”, relató quien podría jugar tanto en la selección uruguaya como en la mexicana. Y algún día le gustaría jugar en Inglaterra, por la competitividad. Pero por ahora espera llegar a la Primera de Defensor Sporting.

Estudios. Nicolás cursa sexto de liceo en el Uruguayan American School, con orientación hacia la economía y administración de empresas. Es buen estudiante. “Mi primera opción y mi pasión es ser jugador de fútbol, pero sigo estudiando porque trabajar en una empresa también me gustaría”.

Diego, mientras tanto, está en tercero en el Jesús María y al preguntarle si es buen alumno, confesó: “Este año estoy otra vez con todos mis amigos en la clase, entonces se podría decir que ando a media pila. El año pasado me habían separado porque me pasaba hablando con ellos. Este año se complicó un poco, pero tengo una baja nomás”.

Foto: Francisco Flores.
Foto: Francisco Flores.

Hay otros hijos de jugadores conocidos

Abreu y Lugano no son los únicos hijos de futbolistas conocidos que militan en las juveniles violetas. Está Thiago, el hijo del “Polilla” Jorge Da Silva en la Sub 17; Alfonso, el hijo de Paolo Montero, y Juan, el hijo de Andrés Fleurquin, juegan en la escuelita del club, en la categoría 2007. Está Felipe, el hijo de Gonzalo Sorondo; Xavier, el hijo del “Grillo” Gustavo Biscayzacú en la categoría Sub 13 y también Renzo, el hijo del coordinador Fernando Fadeuille.

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