HISTORIAS

El nuevo Reymúndez

La figura de Wanderers en la Libertadores pasó del anonimato y de haber quedado libre en Cerro a lucirse a nivel internacional.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Feliz. Leandro le pidió a su novia que le comprara Ovación. Foto: Ariel Colmegna.

Hace apenas cinco años, con 19, Leandro Reymúndez estaba en Santa Lucía haciendo "dedo" para que alguna moto, auto o camión lo levantara. Su destino final era su Cardal natal, a 39 kilómetros de la capital departamental de Florida. La meta, casi de todos los días, era llegar lo más rápido posible a su casa, para poder descansar un rato más ya que se pasaba todo el día afuera de su hogar. Por ese entonces estaba en las formativas de Defensor Sporting —equipo al que llegó en Quinta División desde 19 de Abril, de su ciudad— y en el que Juan Ahuntchain lo bautizó como "Walcott", por su parecido con el jugador inglés, quién "Leo" toma como espejo y referente a la hora de jugar, pese a que es tan joven como él.

En los violetas apenas estuvo algunos partidos practicando con el plantel principal que, en ese entonces (2010), dirigía Pablo Repetto. Pero no tuvo lugar y se fue a jugar a Cerro.

Con los albicelestes su recorrido fue aún más complicado. Si bien debutó en Primera División con Gabriel Camacho —quien había sustituido a Hugo Parga— le costó hacerse un lugar entre los titulares.

"Es complicado Cerro porque hay muchos jugadores que son de nombre; estás peleando el puesto con jugadores que jugaron en todos lados y a nosotros, que somos gurises, nos pasa un poco de factura", resume el delantero sobre por qué jugó tan poco en los albicelestes. "Sabía que era complicado quedarme porque no había jugado mucho, no quería seguir en Cerro y quedé libre", agrega.

Por esa razón, y porque Alfredo Arias había preguntado por él dos o tres veces tras verlo jugar en Tercera División y se interesó en contratarlo, es que Reymúndez desembarcó en Wanderers para este 2015.

Y todo cambió. Nació un nuevo Reymúndez. Un jugador con confianza, con protagonismo dentro de un plantel sumamente joven, que tiene un promedio de 21,5 años.

"En Wanderers es totalmente diferente a lo que venía haciendo en Cerro. Las prácticas, la pretemporada, es todo diferente, todo se hace con pelota y eso está bueno. Ya sabemos cómo juega Wanderers, es toque, toque y más toque; tenerla, tenerla y tenerla. Yo sé que me está costando un poco ese tema porque nunca practiqué de esa manera, pero le voy a ir agarrando la mano con el tiempo", sostiene Reymúndez, sentado en una silla de su apartamento, en pleno centro de Montevideo, lugar donde vive con su novia Claudia desde hace un par de años. Precisamente, ella también es de Cardal y están juntos hace poco más de siete años.

El futbolista pasó del anonimato a dos días en los que fue el centro de atención de la prensa. Reconoce que nunca lo habían entrevistado, pero que todo cambió luego de su gran actuación en el debut de Wanderers el martes en la Copa Libertadores (venció 3-2 a Zamora), jugó apenas 27 minutos, pero le bastaron para ayudar a su equipo a dar vuelta un partido difícil, con un penal que le cometieron —Albarracín convirtió— y anotando el gol del triunfo.

"Ya tener contrato en Wanderers fue un logro, porque es un equipo grande, que trabaja muy bien desde juveniles. Después, estar en el banco, fue otro logro, y ya estar en la lista de la Copa Libertadores fue otro mayor. Después, entrar de suplente en la Copa, jugar y darse el partido como se dio, fue un combo perfecto. Un sueño", comenta el delantero bohemio.

La noche del partido no se pudo dormir hasta las 3:30 y ayer le ganó al despertador. "En el pueblo (Cardal) estaba todo el mundo como loco; somos apenas 1.200 pero hubo muchísimos que me escribieron. Me escribieron hasta hinchas de Wanderers que no conozco, diciéndome que me los había ganado, que estaba en el corazón del hincha, me emociona. También me escribieron hinchas de Cerro, con los que estoy muy agradecido. Les quise responder a todos. Esto es un sueño".

El número 30 de Reymúndez en la camiseta tiene un por qué: "Soy muy creyente de San Cono, pero como el 3, la fecha de San Cono, no me gusta y no pega con mi posición, lo invertí".

"A San Cono le prometí que cada vez que jugara en un equipo le iba a llevar la camiseta. La verdad, se está portando de lujo conmigo", reconoció el delantero de Wanderers.

En la práctica de ayer por la mañana todo era felicidad: "Me jorobaban que ni en los reducidos había hecho un gol de cabeza. ¡Y es verdad! Je. Es la primera vez que hago un gol de cabeza".

Varela se transformó en su segundo padre

"Gustavo Varela, que era uno de los referentes del equipo y que siempre llegaba temprano y me veía a mí, sentado mateando con el Toto, un día me preguntó por qué iba tan temprano a entrenar y si tenía contrato con el club. Le respondí que no tenía contrato y le expliqué por qué llegaba tan temprano. Cuando me escuchó, enseguida me dijo que me fuera a vivir a su casa. ¡Para mí ya era increíble estar hablando con él! Entonces, durante casi seis meses viví en su casa del Prado, con su mujer y sus hijas. Era casi como el hermano mayor (risas). La verdad que fue impresionante como me trataron él, su esposa y toda su familia. Se convirtió en un segundo padre para mí. De hecho, en las fiestas de fin de año fue a pasar a Cardal con mi familia. Estoy muy agradecido por todo lo que hizo por mí desde que me conoció", comentó Leandro.

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