HISTORIAS MUNDIALISTAS

2010: De nuevo en el primer mundo del fútbol

Uruguay fue cuarto después de 40 años, ganó un partido por goleada luego de 56 y recibió aplausos como hacía mucho no se daba, tras un Mundial repleto de emociones.

Foto: archivo El País.
Foto: archivo El País.

Hoy poco se recuerda, pero en 2009 Uruguay estuvo por dos minutos eliminado del Mundial de Sudáfrica: el breve lapso que fue desde el gol del ecuatoriano Antonio Valencia al empate de Luis Suárez en Quito. Después, el repechaje ante Costa Rica estuvo cargado de angustia hasta el último segundo.

Quizás por todo eso, nadie le reclamó al título a los celestes cuando estaban por partir hacia el continente africano. El plantel se concentró en el Complejo y preparó el Mundial con tranquilidad. Ese “silencio” revelaba además que estaban lejos los problemas y las discusiones que fueron tan habituales en las previas de cada Copa del Mundo.

Sin embargo, existían señales para ser optimistas. Diego Forlán había cerrado una gran temporada 2009-2010 llevando al Atlético Madrid a la conquista de la Europa League. Suárez estaba creciendo como goleador del Ajax. Y en general todos los jugadores se encontraban en un buen momento. En marzo se había derrotado a Suiza, uno de los participantes del Mundial, 3-1 como visitantes.

El debut, frente a Francia en Ciudad del Cabo, marcó sin embargo un leve desencanto, pues no se pasó de un aburrido cero a cero. Incluso la expulsión de Nicolás Lodeiro sobre el final obligó a los uruguayos a cerrarse atrás para mantener el empate.

El técnico Óscar Tabárez reaccionó rápido. Para el segundo partido, ante Sudáfrica, cambió el 3-5-2 del debut por un más clásico 4-4-2. Salió Ignacio González y entró Edinson Cavani, pero no como hombre de punta sino para ocupar un amplio espacio de la cancha que iba desde el medio hasta el ataque. Lo único que faltaba era que Forlán descifrara el raro vuelo de la pelota Jabulani. A los 24 minutos, el rubio delantero sacó un remate de lejos que se clavó en la red. Cerca del final, Forlán de penal y Palito Pereira llevaron la cuenta a tres. Una goleada celeste en un Mundial era algo que no se daba desde el lejano 1954. En realidad, esa Selección rompería muchas marcas: era el momento de la victoria.

Después, frente a México, apareció Suárez, y Uruguay ganó el grupo. Siguió convirtiendo Suárez contra Corea del Sur en cuartos de final y el equipo ya estaba entre los ocho mejores del torneo, despertando admiración en Sudáfrica y estallidos de alegría en territorio uruguayo que no se veían desde hacía mucho.

Ya estaba claro que Forlán y Suárez formaban una dupla demoledora. Cavani se reveló como un todocampista. La defensa era sólida y en el medio, Arévalo Ríos -toda una sorpresa- y Diego Pérez ponían pierna, sudor y sangre en el mediocampo.

A continuación llegó el momento de la épica. Frente a Ghana se registró un partido muy intenso, lleno de incidencias de gol, ante un estadio inclinado hacia los africanos. Casi resulta innecesario contar lo que ocurrió al final, pues nadie que lo haya visto podrá olvidarlo: la mano de Suárez para evitar el gol ghanés, su expulsión, el penal que Asamoah Gyan estrelló en el travesaño, la serie de penales, la ejecución por Sebastián Abreu picándola ante el asombro de todos...

La clasificación entre los cuatro mejores del mundo ya representaba una hazaña para un fútbol que había estado ausente en cinco de los ocho mundiales anteriores. El equipo además estaba diezmado por lesiones y la roja a Suárez. Pero fue el momento de luchar de igual a igual con los grandes.

En la semifinal ante Holanda hubo apenas tres minutos en los cuales Uruguay perdió el control del juego, y fue cuando los naranjas pasaron del 1-1 al 3-1. Los celestes se recuperaron, lograron descontar y se quedaron sin tiempo para más. No pasaron inadvertidos errores arbitrales que perjudicaron, pero nadie del equipo se quejó.

También el partido por el tercer puesto resultó muy emotivo. Se caía contra Alemania, se dio vuelta el resultado y al final se perdió, aunque en el último instante un tiro libre de Forlán pegó en el travesaño.

Ya pasaron ocho años de aquella campaña, pero sus consecuencias se ven en la marcha del seleccionado desde entonces. En Rusia 2018 estarán Tabárez al frente y varios futbolistas de aquel plantel. Solo falta que el pique a veces caprichoso de la pelota recorra los mismos caminos de la bendita Jabulani.

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