HACIENDO HISTORIA

Nostalgias: los años dorados de la Copa Intercontinental

El Mundial de Clubes resulta hoy lejano y extraño para el hincha uruguayo. En los años 60 y los 70, otra competencia traía a América a los mejores jugadores del mundo.

Peñarol y Real Madrid en el Santiago Bernabeu en la Copa Intercontinental de 1966.
Peñarol y Real Madrid en el Santiago Bernabeu en la Copa Intercontinental de 1966.

El Mundial de Clubes, que culminó este fin de semana en Qatar, así como el plan de la FIFA para expandir el torneo a partir de 2021 en China, parecen competencias lejas y extrañas para el aficionado uruguayo ante la ausencia tan prolongada de sus equipos. El objetivo es el mismo de la desaparecida y añorada Copa Intercontinental, o Europea Sudamericana, de cuya creación se cumplirán seis décadas el año que viene y que tuvo a los clubes grandes uruguayos como protagonistas frecuentes.

La fórmula actual del fútbol es sumar más participantes en un escenario exótico aunque de gran potencia comercial para obtener más dinero, aunque eso implique un ambiente menos apasionado y lejano a lo tradicional. El actual Mundial de Clubes despierta interés apenas cuando llega la final. Habrá que ver qué ocurre con el invento de la FIFA con 24 equipos.

En la década de 1960 y comienzos de la de 1970, la Intercontinental enfrentaba solo a dos equipos, los campeones de América y Europa. Pero eso alcanzaba y sobraba para que todos supieran que estaba en juego el título de campeón mundial de clubes. La atracción era enorme, porque era la posibilidad casi única de ver en acción al mejor del otro continente, en tiempos en que no existía la televisión y la fama del Real Madrid o del Santos de Pelé solamente se leía en los diarios.

La Copa Libertadores nació en 1960 como respuesta a la Copa de Campeones de Europa (1956) y trajo desde la cuna el desafío entre los dos campeones continentales. Por eso, Peñarol se consagró mejor de América el 19 de junio ante Olimpia y ya el 3 de julio estaba recibiendo al dueño de Europa, Real Madrid, en Montevideo. Algunos datos pueden dar idea de la magnitud de aquel choque y de su revancha. En el Estadio Centenario se registró la mayor venta de entradas de la historia en Uruguay, con 71.872, y según un informe de la FIFA se recaudó el equivalente a 217.000 dólares de la época, que actualizados son casi 1:900.000 de hoy. La revancha en Madrid se televisó a 13 países y llegó a una audiencia estimada de 150 millones de personas.

Real goleó a Peñarol en este partido y se quedó con la primera copa, pero eso estimuló a los aurinegros, y luego a otros grandes de América a reforzar sus planteles para lanzarse a la conquista del mundo. Europa no acaparaba a los cracks como ocurre en el presente, de manera que Spencer, Rocha, Pelé, Perfumo, Artime o Manga hicieron toda su carrera de este lado del océano.

Así, se vieron partidazos con varios de los mejores jugadores del mundo: Peñarol-Benfica, Santos-Benfica, Santos-Milan, Independiente-Inter de Milán dos veces, Peñarol-Real Madrid de nuevo, Nacional-Panathinaikos...

El afán por ganar la Intercontinental también produjo desbordes. En 1967, el duelo Racing-Celtic resultó extremadamente violento. Un año más tarde, Estudiantes-Manchester United estuvo cargado de tensiones, aunque no hubo excesos. Pero en 1969 jugadores de Estudiantes agredieron salvajemente a los del Milan en el partido de vuelta, disputado en la Bombonera boquense, al punto de que terminaron presos.

En 1971 Ajax declinó jugar ante Nacional argumentando que no aceptaban vacunarse contra la viruela, aunque en realidad no hicieron el viaje por temor a la violencia política de aquellos días en Uruguay (que sin embargo permitía realizar todo tipo de partidos). En su lugar vino el subcampeón europeo, Panathinakos. Un año más tarde, Ajax decidió venir a enfrentar a Independiente, pero ya no lo hizo en 1973. A partir de ese año la disputa de la Intercontinental se tornó irregular: a veces jugó el vicecampeón, en otras oportunidades se canceló y apenas en 1976 el Bayern Munich se dignó enfrentar a Cruzeiro.

La competencia parecía herida de muerte, pero conoció una segunda juventud a partir de febrero de 1981, cuando se llevó a Japón, con partido único. Le tocó estrenarla a Nacional, que obtuvo su segundo título mundial frente al Nottingham Forest. En esa década de 1980, Nacional y Peñarol disputaron el trofeo cuatro veces en total, señal de que el fútbol uruguayo volvía a tener peso a nivel de clubes.

Con el nuevo escenario, el trofeo supo mantener aquel prestigio y siguió disputándose hasta 2004, cuando el Mundial de Clubes le quitó su lugar. Sin embargo, no lo borró de la historia: en 2017 la FIFA reconoció oficialmente a sus vencedores como campeones mundiales de clubes. Y allí están, entre los máximos vencedores, Peñarol y Nacional con tres títulos cada uno, al igual que Boca, Milan y Real Madrid.

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