FÚTBOL

Un noruego hincha de la Celeste

Ottar Kvaal vino a Uruguay como estudiante de intercambio sin saber una palabra de español y se enamoró del país donde vivió siete años; mañana vivirá el debut de la selección de su país y la uruguaya en el Mundial Sub 20 con mucha emoción y cantará los dos himnos.

Familia
Familia. Ottar y sus tres hijos, Minda (9), Vilmar (7) y Valdemar (11). La foto fue sacada por su pareja Marita, en la medianoche. Es primavera y hay 24 horas de luz. 

La selección Sub 20 de Uruguay debutará mañana en el Mundial de Polonia frente a Noruega. Será en la ciudad de Lodz, a las 15:30 horas.

En Noruega, en un pueblo chico cercano a Tromoso, bien al norte, a 300 kilómetros del Círculo Polar Ártico, Ottar Kvaal -un profesor de lenguas que estudió y se recibió en Uruguay- vivirá el partido con una gran emoción, pero hinchando por la Celeste.

Ottar vivió en Uruguay siete años, entre 1994 y 2001. Llegó como estudiante de intercambio sin saber una palabra de español. Pero se enamoró del país.

Estudió Relaciones Internacionales en la Facultad de Derecho y se recibió, aunque ahora trabaja como profesor de lenguas. “Fui como estudiante de intercambio. Elegí Uruguay porque era un país totalmente desconocido para mí. Si bien tampoco sabía mucho de Brasil y Argentina, Uruguay era lo más desconocido que pude elegir, como más allá de la locura. Je. Y yo quería algo así, para vivir una experiencia diferente”, contó Ottar desde la primavera noruega, el momento del año en que hay 24 horas de luz.

“Tampoco sabía nada de español y esa fue toda una aventura. Pasé un año y medio viviendo en Montevideo antes de empezar a estudiar para poder aprender el idioma. Y lo logré gracias a los uruguayos que se abrieron conmigo, desde los más chicos, los chiquilines, hasta la gente mayor. Pude comunicarme con todo el mundo gracias a la humildad de los uruguayos que se abrieron a un loco extranjero como yo”, explicó Ottar (en perfecto español), quien primero estudió en Minas, porque allí le tocó por el intercambio, y luego en Montevideo.

HUMILDAD. La forma de ser de los uruguayos fue lo que hizo que el noruego se hiciera fanático del país y de la Celeste. “Por la calidad de la gente. Mucha humildad, sobre todo en el interior, donde no tienen muchos recursos económicos, pero sí mucha calidad humana. Se abren, te dedican su tiempo. Podés tener largas conversaciones con ellos, además de otras cosas, como la comida y las rondas de mate”, agregó.

“Un amigo me dijo que si no tomaba mate no era su amigo, así que no me quedó otra que probarlo. Al principio no me gustaba, cuesta un poco el mate, pero después no podemos estar sin él. Sigo tomando mate. Hoy lo hice, pero es complicado conseguir yerba acá en Noruega. Me la tienen que mandar de allá”, relató.

Otra cosa que se metió en el corazón de Ottar fue la comida casera. “Obvio que me gustaba el asado, pero también conocí muchas madres que preparaban ricos postres caseros y hacían pastas caseras. También cosas raras que uno probó: como mondongo o chinchulines. No es que eso me gustara mucho, pero lo probé con gusto. Aunque no siempre es sano comer tanta carne, pero es rica también. Es interesante y muy diferente a la comida noruega”.

Ottar
Uruguayo. Ottar toma mate todos los días, aunque le cuesta conseguir yerba, en cambio no tiene problema para comprar carne uruguaya.

FÚTBOL. A Ottar siempre le gustó mucho el fútbol. Incluso jugó en el club Central de Minas cuando estudiaba en la capital de Lavalleja. “Era mediocampista, prefería ser más ofensivo que de marca. Y ahora soy entrenador acá en Noruega, para el cuadro de mis hijos. En las categorías Sub 10 y Sub 12”, manifestó y explicó por qué se hizo hincha de la selección uruguaya.

CELESTE. “Nunca me llegué a interesar demasiado por Peñarol o Nacional, quizás porque se hablaba demasiado de esos dos cuadros. Entonces me quedé con la Celeste. Y me hice fanático. Y siempre la sigo: en los Mundiales y en la Copa América. Y también a los jugadores uruguayos que están en cuadros de Europa. Incluso hubo algunos que jugaron en Noruega. En un momento Sebastián Eguren y Alejandro Lago, era muy interesante para mí seguirlos. Ahora creo que no hay nadie. Claro, obviamente acá no hay tanto dinero en el fútbol como en los clubes de España, Italia o Alemania y supongo que los uruguayos prefieren quedarse en un club grande de esos países, si pueden”.

Ottar
Jugador. Ottar cuando era volante del Central de Minas. 

Mañana Ottar verá el partido y festejará con carne uruguaya gane quien gane. “Más que el corazón dividido, el partido me da una gran alegría. No es que tenga temor de que uno de los dos pierda. Es una gran emoción para mí que se vayan a enfrentar en un Mundial. Para Uruguay es normal, porque casi siempre está en los Mundiales y casi siempre tiene cuadros juveniles muy buenos. Noruega hacía 26 años que no iba a un Mundial de esa categoría. Para los noruegos es un gran logro simplemente estar otra vez en el Mundial”, explicó.

“No me importa mucho cuál gane, pero estoy seguro que Uruguay va clasificar a la segunda fase. Noruega en cambio me genera muchas dudas, pero mucha alegría por tener a la selección ahí. Es importante para un país pequeño como Noruega”, añadió.

CONTRAS. “Es una gran alegría que se puedan encontrar en un Mundial. Son dos países pequeños, con poca población, pero igual saben defenderse en una cancha de fútbol. Noruega más que nada en la parte femenina, donde ha tenido cuadros muy buenos. Lo de Uruguay es diferente, siempre está en los Mundiales. Y eso impresiona. Aunque acá, en Noruega, no les gusta el estilo de juego de los uruguayos. Quizás por ese estilo un poco defensivo y otras cosas, como la mordida de Suárez. Cuando juega Uruguay muchas veces hinchan por el otro cuadro. Y yo tengo que estar defendiendo a la Celeste. Acá le gente prefiere a Brasil por su juego. Y a mí me enoja mucho y tengo que defender el paisito”, relató.

“Mañana voy a estar muy emocionado, ya me imagino escuchando los himnos de los dos países. Y los voy a cantar los dos”, aseguró.

Ottar estuvo en diciembre un mes de visita en Uruguay, reencontrándose con amigos, en Minas, Piriápolis, Treinta y Tres y Montevideo. Vino con su pareja y sus tres hijos. “Les gustó, pero hacía mucho calor, 35° era demasiado para ellos”. Aprovecharon a escaparse del invierno, la época en que hay 24 horas de oscuridad. “Es complicado, surgen las depresiones en la gente. Mucho frío y mucha oscuridad”.

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