REPASO HISTÓRICO

Los niños prodigio que hicieron carrera en el fútbol uruguayo

Increíble: hubo jugadores que debutaron en primera a los 15, a los 14 e incluso a los 13 años

Ricardo Ortiz
Ricardo "Tato" Ortiz, en la primera de Defensor a los 14 años

Matías Arezo, Juan Manuel Gutiérrez y Facundo Pellistri, tres jóvenes que no habían alcanzado la mayoría de edad cuando comenzaron a destacarse en primera división el año pasado, representan la promesa de un fútbol mejor para cuando pase la pandemia y la pelota vuelva a rodar por el césped. Y representan la continuidad con una larga serie de figuras que asomaron apenas adolescentes en el fútbol uruguayo.

Arezo, nacido el 21 de noviembre de 2002, debutó en la primera de River con 16 años en julio de 2019, aunque había estado en el banco una vez con apenas 15 la temporada anterior. Gutiérrez, nacido el 4 de febrero de 2002 y futbolista de Danubio, llegó a jugar 67 minutos en 2018 y se asentó en 2019. Facundo Pellistri, del 20 de diciembre de 2001, debutó en el primer equipo de Peñarol en agosto del año pasado.

A diferencia de lo que ocurre en las ligas europeas, donde los jóvenes deben esperar pacientemente su turno para codearse con los consagrados, fue tradición en el fútbol uruguayo darle la oportunidad a los chiquilines que pintaban bien en las divisiones inferiores. Acaso una de las razones de que la Celeste dominara durante años los sudamericanos juveniles fue que se integraba con jóvenes que ya contaban con rodaje de primera.

Pero las principales marcas son incluso más antiguas. Los jóvenes-récord en el país (y seguramente casi sin parangón en el mundo) son Rodolfo Marán, durante el período amateur, y Hugo Villamide, en el profesionalismo, que jugaron en primera con 13 años, una edad en la cual recién se empieza a cursar la Secundaria y aparece la primera pelusa del bigote.

Marán debutó en Nacional con 13 años y 171 días el 6 de noviembre de 1910 frente a Wanderers por la Copa Artigas. Luego cumplió una larga carrera, que lo llevó a ser campeón sudamericano con Uruguay en 1916 y 1917, y seis veces campeón uruguayo con Nacional. También defendió a Universal.

Villamide tenía 13 años y 195 días cuando defendió a Miramar ante Nacional, el 7 de octubre de 1944. Más tarde pasó a Peñarol, donde jugó hasta 1953. Fue a Cerro y de ahí a Nacional. Terminó su carrera como jugador en España y allí se radicó como entrenador. Además, estuvo en la Selección uruguaya en los partidos amistosos con Brasil antes del Mundial de 1950.

La historia destaca además a Ricardo “Tato” Ortiz , quien con 14 años, diez meses y dos semanas ingresó en Defensor en la media hora final del partido contra Cerro por la rueda del descenso del Campeonato Uruguayo, el 20 de diciembre de 1971. Y fue titular a los 15, el 22 de octubre de 1972, ante Danubio en el Franzini, también por el Uruguayo. Cuando se consagró campeón sudamericano juvenil en Lima 1975 era el capitán del equipo y ya tenía amplia experiencia en el fútbol grande.

Pese a la abundancia de ejemplos, establecer una suerte de ranking de futbolistas precoces por su edad no resulta sencillo, pues hubo casos en que aparecieron como promesas tempranas, jugaron un par de partidos, no alcanzaron continuidad en sus equipos y se perdieron en el olvido. Esta nota busca recordar a algunos de los niños prodigio que luego hicieron carrera.

Un caso emblemático es el de Ruben Sosa, que subió de la sexta directo a la primera de Danubio y se estrenó con 15 años ante Wanderers por la Copa de Oro, primer torneo oficial de 1982. Lo asombroso es que enseguida jugó ante Peñarol y Nacional, y marcó un gol a los aurinegros y dos a los tricolores.

Carlos Aguilera también debutó con 15 años en River Plate (1980) y muy poco después era la figura de su equipo. En 1983, a los 19, definió con su gol ante Brasil una Copa América para la Celeste.

Fernando Álvez apareció por primera vez como titular en el arco de Defensor con 15 años en diciembre de 1975, por la última fecha de la Liga Mayor. Más tarde pasó a Peñarol y debutó en el clásico de la segunda rueda del Uruguayo de 1978. Ya tenía 18 años, pero debutar en un clásico con esa edad no es de todos los días.

En ese puesto descollaron desde muy jóvenes Andrés Mazali, Ladislao Mazurkiewicz y Alexis Viera, todos titulares en sus equipos a los 16. Pero entre los más chicos (en edad) en la valla resulta imposible dejar de citar a Lorenzo Carrabs, el “golero niño”, que defendió a Danubio cuando ganó el Campeonato de la “B” en 1970.

Roberto Porta tenía 15 años cuando jugó un amistoso con Nacional ante Central en 1928. A comienzos del siglo XX, dos de los tres hermanos Céspedes, Bolívar y Carlos, que se llevaban apenas doce meses, debutaron con 16 años. La misma edad de Aníbal Zapicán Falco, otro histórico del albo. El más reciente caso de precocidad en Nacional fue el de Martín Ligüera, que con 16 años jugó nada menos que un clásico por la Copa Mercosur 1997.

En Peñarol causó impacto Julio César Jiménez con grandes actuaciones a los 17 años, por el Uruguayo de 1971. Tanto que ese mismo añofue titular en la Selección uruguaya ante Chile en el Estadio Centenario. En 1981 apareció con la aurinegra Daniel “Coquito” Rodríguez, entonces de 15 años, ante Fénix por el Uruguayo de 1981. Llegó a jugar con 16 la final de la Libertadores 1982 frente a Cobreloa en Santiago de Chile.

Mucho antes, en la década de 1940, pasó por el aurinegro Guido Baztarrica, un habilidoso delantero argentino que había debutado a los 15 en Atlanta y a los 16 ya estaba en Boca.

En 1945 y con 17 años, Walter Gómez asomó como fantástica promesa en Central. Y ese mismo año, a instancias del Círculo de Periodistas Deportivos, fue convocado a la Selección que jugó ante Argentina en Buenos Aires. Uruguay perdió 6 a 2, pero la figura de la cancha fue él, enloqueciendo a sus marcadores. Desde ese día, en ese país lo llamaron “El Botija”.

Todo esto da vuelo a la esperanza de que el crack del fútbol uruguayo 2021 esté hoy en alguna sexta división o en el baby fútbol.






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