ELIMINATORIAS

Neymar hizo lo que quiso: como Pelé

Clase, velocidad, cambio de ritmo y un golazo. Todo en noche brillante para mantener un largo invicto.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Neymar se la tiró por encima a Martín Silva. Foto: Gerardo Pérez

Fueron solo 10 minutos en el primer tiempo, y otros 10, al inicio del complemento. Nada más. En esos dos comienzos, Uruguay fue sobre el arco de Brasil, ejerció una presión alta en la última zona visitante e inquietó por el ahogo de Cavani y Rolan sobre los defensas brasileños. En ese inicio auspicioso, los celestes encontraron el gol tras un yerro enorme de Marcelo (cedió a Alisson una pelota con el pecho) que dejó en los pies de Cavani el balón y el arquero cometió penal.

Ese 1 a 0 ilusionó. Ese comienzo a todo tren, también. Pero duro poco. Demasiado poco. Brasil se soltó, jugó en veinte metros, llevó a su última línea a campo rival y tuvo a Uruguay en su cancha.

El gol de Paulinho, a los 18 minutos, liquidó todo. Terminó con la planificación y generó una notable reacción futbolística de Brasil.

Se encendió Neymar, creció Coutinho, y Paulinho fue una pesadilla. Dani Alves y Marcelo fueron dos delanteros más por afuera, todos le apuntaron al arco de un Martín Silva que apareció desprotegido por sus defensas. Flojos los laterales y titubeantes los zagueros, tuvo dos mano a mano antes del cierre del primer tiempo.

Pese a la gran diferencia física y futbolística de Brasil sobre Uruguay, la ilusión se mantuvo. Las casi 60.000 almas contuvieron la respiración y se encomendaron a los santos celestes.

Estaba fea la mano. Pero esa fe, esa esperanza, se mantenía.... hasta que llegó Paulinho y marcó el 2-1. Todo se fue a pique.

Neymar aceleró, se recostó sobre el carril derecho de la defensa Celeste e hizo lo que quiso. Endiablado, explosivo, veloz, técnico, fue clave en cada avance norteño. Con el número 10 en su espalda, cargo con el equipo al hombro, como lo hacía Pelé, otro hijo pródigo del Santos.

El socio de Suárez y Messi fue gravitante. Manejó los hilos del partido y cerró su gran noche con un gol de antología, tocando la pelota por encima de Martín Silva para decretar el 3-1. Quedaba la frutilla de la torta: el cuarto de Brasil, y hat-trick de Paulino (de pecho) cuando moría el partido y con él, la ilusión de los uruguayos.

Paliza. De esas que duelen en el alma, que se sufren, que se mastican pero no se tragan.

Neymar se sacó una espina. Le ganó a Uruguay, y le dejó otra al maestro: Tabárez sigue sin poder vencer a Brasil.

Cosas del fútbol, de ese fútbol que propone Tite, el del jogo bonito, el que identificó históricamente a los brasileños. Neymar, y diez más...

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