HACIENDO HISTORIA

Nacional '77: cuando los juveniles llegaron a campeones

La mezcla de jóvenes con dos veteranos de 1971, más un gran momento de Juan Ramón Carrasco, se tradujo en un título muy celebrado

una de las formaciones de ese torneo: Rodolfo Rodríguez, Giménez, Montero Castillo, Machado, Moller, Piazza, Ruben Morales, Carrasco, Mamelli. Caillava y Bica. Foto: Archivo El País
Una de las formaciones: Rodolfo Rodríguez, Giménez, Montero Castillo, Machado, Moller, Piazza, Ruben Morales, Carrasco, Mamelli. Caillava y Bica. Foto: Archivo El País

Aquellos juveniles de Nacional que tanto prometían a mediados de la década de 1970 se consagraron campeones uruguayos en 1977, hace ahora 40 años. Y entre todos, hubo un gran destaque para Juan Ramón Carrasco, entonces con 21 años, figura del equipo y autor de 12 goles en los 22 partidos del torneo. Seguramente, el mejor momento de JR con la camiseta tricolor.

Él, sin embargo, no comparte ese concepto. “Siempre digo que soy diferente y uno no es mejor ni peor porque haya salido campeón o no, porque el fútbol es colectivo. Y en lo individual, siento que en Nacional siempre jugué para ser campeón uruguayo, de América o del mundo”, asegura.

El gran equipo tricolor que alcanzó la cumbre mundial en 1971 se desarmó rápidamente bajo el peso de la crisis económica, que obligó a transferir al exterior a todo el plantel salvo al capitán, Luis Ubiña, ya veterano. A fines de 1974 apenas quedaba Juan Masnik. Al mismo tiempo, el club había encarado un trabajo de formación de juveniles con el técnico argentino Miguel Ignomiriello. Y varios de sus dirigidos mostraron pronto su calidad, como Carrasco, Alfredo de los Santos, Darío Pereira, José María Muniz y Hebert Revetria, campeones sudamericanos juveniles con la Celeste en 1975.

Con ellos, Nacional logró la Liga Mayor tres años seguidos (1975 a 1977), pero en el Uruguayo resultó inicialmente postergado por el Peñarol de Fernando Morena o la naciente potencia de Defensor.

Para 1977, aquel grupo, salvo Revetria (transferido antes a Brasil), más algunos jóvenes que habían llegado de otros clubes, como Rodolfo Rodríguez o Nelson Pedetti, ya habían crecido. Además, fue importante el retorno de dos héroes del ‘71, Julio Montero Castillo y Juan Carlos Mamelli. Otros futbolistas que elevaban algo el promedio de edad fueron Miguel Piazza, Raúl Moller y Ruben Giménez.

El equipo empezó la temporada bajo la dirección técnica de Luis Cubilla, pero este renunció sorpresivamente y fue reemplazado por el argentino Pedro Dellacha, legendario exzaguero de Racing.

El Uruguayo, que se jugó en el segundo semestre del año, no arrancó bien para el tricolor, que perdió de entrada con Wanderers y luego ante River Plate. Pero a partir de entonces comenzó a sumar victorias y actuaciones convincentes.

El certamen se volvió una cuestión entre tres, Nacional, Peñarol y Defensor, y finalmente solo entre los grandes. Los dos clásicos terminaron en empates y cuando el aurinegro igualó dos partidos ante equipos chicos en la segunda rueda, Nacional sacó una ventaja clave de dos unidades. En la última fecha, disputada luego de Navidad, empató contra Rentistas y se aseguró el título, celebrado con la vuelta olímpica y hasta con un brindis dentro de la cancha.

En esa carrera, algunas goleadas marcaron el alto nivel del equipo: 4-0 a Cerro, 5-1 a Huracán Buceo y sobre todo, 6-2 a River. Esa noche, Carrasco marcó tres goles. En uno de ellos eludió a media defensa darsenera, en una sucesión de amagues y pisadas que pareció interminable.

“Fue el gol más lindo que hice en mi carrera -recuerda el autor-. En aquel momento me gustaba más dar los goles que hacerlos, por eso mientras llevaba la pelota buscaba a Mamelli para que él lo convirtiera y fuera el goleador. Al final lo terminé haciendo yo. Fue un jugadón de campito, como cuando nos interesaba más eludir rivales que hacer el gol”.

También quedó grabado otro, contra Defensor, de tiro libre: “Todo el mundo me lo recuerda. No sé si todos los vieron, porque el Estadio hubiera estado repleto. Fue desde la América contra la Amsterdam, aunque lejos del área. Era más para centro que para tiro al arco pero le pegué tres dedos y se metió”, relata.

Carrasco asegura que aquel Nacional “jugaba como manda la historia del club: buscaba ganar y ganar jugando bien”. En ese sentido, resalta el papel de Miguel Caillava. “El equipo era uno con él y otro sin él. No sé los rivales, pero todos los que jugamos con Miguel tenemos un concepto de alta categoría. Si no estabas jugando bien, te acercabas a él y salías del pozo”, explica.

Los veteranos del ‘71 también fueron muy importantes, según Juan Ramón. “El Mudo Montero Castillo era un ejemplo para todos. Y a mí me alentaba: ‘Vos encará a los rivales, no importa si la perdés porque yo la recupero’, me decía. Y el Palo Mamelli era también flor de compañero, que pese a ser un consagrado se ponía a nuestra altura”.

Aquel momento de éxitos terminó abruptamente. En enero de 1978 se jugó la Liguilla, que ganó Peñarol. Nacional no tuvo aquella regularidad del Uruguayo y en un desempate terminó cediendo su lugar en la Copa Libertadores a Danubio, dirigido por el propio Cubilla. En ese entonces, el campeón uruguayo no tenía asegurada su plaza en el torneo continental. Eso marcó la despedida de Dellacha, quien sin embargo retornaría al club en 1979. De a poco, los juveniles también fueron transferidos al exterior, aunque Carrasco tuvo más de un regreso durante las siguientes dos décadas.

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