TORNEO CLAUSURA

Nacional juega feo y está lejos de ser un buen equipo, pero mal no le va

¿A que juega el tricolor? Es la gran pregunta, pero tiene respuesta: a no recibir goles y a esperar que en ofensiva alguno haga el gol que valga los tres puntos. Y lo consigue.

Gonzalo Bergessio
Gonzalo Bergessio ya puso el 1-0 y así lo celebra. Foto: Estefanía Leal

Muchos se preguntan a esta altura a qué juega Nacional. Si el lector vio la victoria de anoche ante Cerro por 1-0 en el Troccoli, le digo que juega a eso. Si no lo vio, entonces le cuento: a mantener el cero en su arco y a tratar de que alguno de sus futbolistas haga un gol. Y por ahora con eso le basta para estar a dos partidos de ganar la Tabla Anual y a dos puntos de pelearle el Clausura a Liverpool.

Nacional no juega bien ni lindo, pero está invicto en el 2021 y hace 11 partidos que no pierde. Algún mérito entonces debe tener. En estos 11 juegos sin derrotas recibió solo seis tantos. Ganó seis de ellos y uno solo por más de un gol de diferencia, el 3-0 sobre River Plate. Entonces está bien clara su propuesta: una defensa bien parada que cuando es superada tiene como último y gran escollo al arquero Sergio Rochet, de nivel superlativo; un mediocampo dinámico para defender y atacar que incomoda al rival; y un ataque muy efectivo, con un Gonzalo Bergessio que no precisa que le den más de tres pelotas por partido para hacer la diferencia. Ayer tuvo una sola y la transformó en gol, el número 20 suyo en el Uruguayo.

Hasta ahí los méritos, en los que obviamente tiene mucho que ver el técnico Jorge Giordano al darle confianza a algunos a futbolistas jóvenes, convencerlos de que ese es el camino y que si las cosas no salen, hay que seguir insistiendo hasta que salgan.

Ahora bien, también es responsabilidad del entrenador los defectos. Nacional carece claramente de un armador de fútbol y por lo tanto de profundidad. Incluso ayer, ante las bajas de Agustín Oliveros y Gabriel Neves, tuvo que implementar un cambio de sistema. Pasó a Alfonso Trezza al lateral derecho, cambió para el izquierdo a Armando Méndez y varió la figura táctica de un 4-2-3-1 a un 4-3-3. ¿Más ofensivo? De ninguna manera. Durante 35 minutos Nacional fue dominado por Cerro, que jugó como si fuera el equipo líder de la Anual ante un tricolor que lo hizo como si estuviera defendiendo puntos vitales para no perder la categoría. Es decir: se invirtieron los papeles.

La falta de puntería de un equipo muy joven que seguramente se está fogueando para el año que viene regresar rápidamente a Primera (la confirmación de su descenso es simplemente un formalismo, que puede darse hoy mismo si Boston River le gana a Fénix) le dio vida a un Nacional que reaccionó y se terminó llevando la victoria. ¿Qué cambió para que se revirtiera el trámite? Una variante táctica ensayada luego de la media hora de juego por Giordano.

Pablo García había iniciado jugando como extremo por izquierda en el 4-3-3, una posición en la que ya ha quedado demostrado que no rinde, porque la raya es un rival más con el que le cuesta lidiar. El técnico se dio cuenta de ello y lo colocó como punta ofensiva de un rombo (más por el medio), que tuvo a Rafael García como volante tapón y a Emiliano Martínez y a Felipe Carballo a los costados. García tuvo más libertad para moverse y comenzó a habilitar mejor a Brian Ocampo. Y esta es otra de las buenas noticias para Nacional: el rendimiento al alza del delantero.

Brian Ocampo
Brian Ocampo saca el remate sin que Bentaberry pueda llegar al cierre. Foto: Estafanía Leal

Ocampo fue el mejor de Nacional por su velocidad, movilidad y peligrosidad. El tricolor sigue sumando individualidades que no aportan al juego colectivo, pero sí a afianzar la idea de que alguien va a salvar el resultado.

Primero Rochet, luego Bergessio, más tarde Emiliano Martínez y ahora se suma Ocampo. Seguramente esa no es la idea de formar un equipo, pero ayuda a sacar resultados. No gustará, pero a esto juega Nacional. Y mal no le va.

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