MÉXICO

"Nacho" Pallas está en el exterior y sigue disfrutando de su carrera

A los 36 años, el zaguero sigue en el exterior. A los 34 tuvo una prueba en su carrera: volver a salir después de casi diez años. Dejó Fénix para irse a un club grande y le salió bien.

Ignacio Pallas durante un entrenamiento con los colores de Puebla de México.
Ignacio Pallas durante un entrenamiento con los colores de Puebla de México.

Ignacio Pallas cumplió 36 años en enero y sigue en el exterior. En el Puebla de México. No es lo más normal, menos en el caso de un defensa. La posibilidad de volver a salir surgió hace dos años, cuando “Nacho” era un baluarte en Fénix. Lo vino a buscar Cerro Porteño, un grande de Paraguay. Y aunque había rechazado otras posibilidades de salir por su familia, lo de Cerro lo tentó. “Cuando llegué salimos campeones en el primer torneo, algo que el club no conseguía hacía dos o tres años. Y como todo club grande, Cerro tiene la necesidad de ser campeón. Me fue muy bien porque jugué casi todos los partidos. Y eso me dio una gran tranquilidad, porque había salido de Uruguay a los 34 años para jugar en un grande. Y estaba esa expectativa de ver si estaba bien como para hacerlo. Y salió muy bien”, contó Pallas.

“Sinceramente, cuando salió lo de Cerro Porteño no lo esperaba. Había jugado en el exterior años antes y llevaba casi siete jugando en Uruguay. Había tenido alguna chance de salir, pero lo familiar siempre me tiró y analizaba muchas cosas. A Cerro Porteño, por el momento en que se dio y porque era un grande, era muy difícil decirle que no. Si bien yo jugaba en Fénix que es un equipo menor, me sentía muy bien. Nos decidimos de un día para el otro y nos fuimos enseguida. Quizás que me fueran a buscar de un grande sorprendió a mucha gente, pero fue una prueba grande que se me puso en la carrera. Llegué jugué y salí campeón. Hoy sé que uno siempre tiene que estar preparado, tenga la edad que tenga”, explicó.

El festejo de campeón con los colores de Cerro Porteño.
El festejo de campeón con los colores de Cerro Porteño.

En el segundo semestre en Paraguay las cosas cambiaron. Llegó un nuevo entrenador, algunos malos resultados y menos minutos y se complicó para renovar el contrato. “Los últimos meses fueron complicados. En un equipo grande y con tantas obligaciones, para un extranjero que ya no jugaba tanto como en el primer semestre, era difícil renovar el contrato”, admitió. Pero lo llamaron de Puebla mostrando gran interés.

“Y no lo dudé. A los 35 años volvía a México y para jugar en un equipo de Primera División. Lo tomé como una especie de revancha, porque yo había estado en México a los 23 años y jugué dos años y medio en equipos de Segunda. Y me había quedado ese debe de no haber podido jugar en Primera. Nos vinimos y la verdad no nos arrepentimos de nada. Estamos muy bien en todo sentido, deportiva y familiarmente. Vivimos en un barrio privado donde nos hicimos amigos. Y nos han hecho pasar este año y medio acá, de la mejor manera. Mi hijo tiene muchos amigos de su edad. Estamos muy bien en todo sentido y eso es muy importante. Porque a veces un jugador se va y deportivamente le va bien, pero familiarmente no. Esta vez cerraron las dos cosas”, contó sobre Puebla donde tiene de compañero a Lucas Cavallini.

Se acaba de recuperar de una fisura en el quinto metatarsiano y le costó volver. Estuvo dos meses parado. “Me tocó sumar desde otro lado, pero estoy tranquilo. Y siempre dispuesto a colaborar con el grupo”.

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Pallas tiene una hija azteca

Juan Manuel, su hijo mayor tiene nueve años. Y en Puebla, hace cuatro meses, nació Valentina. “Estaba acostumbrado a ser el niño mimando, más en este último tiempo que estuvimos afuera. Pero la verdad, nos sorprendió la forma en que se tomó el nacimiento de la hermana. La alegría que tiene es impresionante. Juega con ella y está pendiente. Nos dio una gran lección. Está muy contento y feliz. El babero puesto no lo tengo sólo yo, Juan Manuel también. Las niñas son compradoras, con una mirada o una sonrisita te compra. Tengo el babero al lado de la cama para ponérmelo en todo momento”, reconoció el zaguero.

Ignacio Pallas junto a su familia con la que se encuentra en México.
Ignacio Pallas junto a su familia con la que se encuentra en México.

“Ya nos habíamos desacostumbrado de lo que es un bebé. Y lo estamos disfrutando mucho día a día. Capaz que porque tenemos otra edad. Cuando uno se va poniendo viejo va disfrutando otras cosas y valorando mucho más algunos momentos. Cuando sos más chico, los vivís, pero no lo disfrutás tanto”, añadió.

Salir del país y tener que hacerse nuevos amigos, en Paraguay primero, y luego en México, no fue sencillo para Juan Manuel. “Fue un cambio muy grande. Muy fuerte. Al principio costó un poco, pero nos tenemos que sacar el sombrero con él, tanto en lo de la hermana como en esto. Se ha adaptado de la mejor manera y está muy feliz”.

EL FUTURO

¿Qué habrá en lo que viene?

Pallas está muy contento con lo que ha sido su carrera, porque en todos los lugares donde estuvo vivió cosas importantes. Pero a la hora de elegir lo mejor se queda con Nacional y Cerro Porteño. “En Nacional fui campeón uruguayo con 22 años. Fue un momento muy especial. Pero capaz que no lo valoré tanto por la propia juventud. Luego volví a ser campeón a los 34 con Cerro Porteño. Lo disfuté y lo valoré muchísimo más, entre otras cosas porque di la vuelta olímpica con mi hijo en la cancha. Además fue en el exterior. Tengo recuerdos de todos los equipos, pero si tengo que quedarme con uno, hoy me quedó con esa vuelta olímpica en Cerro Porteño”.

Ignacio Pallas luciendo los colores de Puebla de México.
Ignacio Pallas luciendo los colores de Puebla de México.

Termina contrato con Puebla en diciembre. “Veremos si toca renovar acá o hay alguna otra posibilidad. Así como cuando estaba en Uruguay analizaba mucho lo familiar para no ir a cualquier lado, después de esta experiencia me lo tomo diferente. Y si no, volveré a Uruguay. Me siento bien físicamente y con ganas como para jugar y feliz en el día a día”, aclaró quien está terminando el curso de técnico on line y es una posibilidad que tiene en cuanta. “Le tomé el gustito a ser entrenador”.

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