Fútbol

"Nacho": hoy Ignacio González disfruta en Wanderers

No llega como quisiera al debut bohemio de mañana en la Libertadores porque viajó a Estados Unidos a donarle médula a Santiago, uno de sus diez hermanos

Nachito
Ignacio González en su apartamento del Buceo.  Foto: Marcelo Bonjour.

"S é que estoy en lo que sería el final de mi carrera. No sé si jugaré seis meses más, un año, dos o cinco”, dijo Ignacio González en la tranquilidad de su apartamento del Buceo. Una tranquilidad inusual porque sus hijos Belén de seis años, Milagros de tres y Nicolás de uno, están afuera con su esposa Alejandra. “Me siento bien físicamente y lo estoy disfrutando. Acá en Uruguay uno puede manejar los entrenamientos, lo que no podría hacer en el fútbol de elite, en Europa por ejemplo”, reconoció. “A esta edad cuesta recuperarse más después de un partido o hay entrenamientos físicos, de saltos y musculación, que las articulaciones sienten”.

Llegó a Wanderers hace un año y medio y encontró un lugar donde estar tranquilo y poder disfrutar del fútbol. Algo que para alguien de 35 años es prioridad. Y también un vestuario muy bueno. “Llegar a un vestuario nuevo cuesta, genera cierta incomodidad. Uno no sabe con qué se va a encontrar. Yo soy tímido y bastante introvertido y los cambios siempre me costaron. Pero me recibieron muy bien desde el primer día. Wanderers es un club bueno, con buenos dirigentes y una linda hinchada”.

Ivonne, la utilera de Wanderers es todo un personaje. Tiene una lengua muy afilada, pero un enorme corazón que pone a disposición de los futbolistas a los que vio crecer en el club. A “Nacho” lo llama el “mormón”. “Tuve al ‘Topo’, su hermano, de utilero en Danubio y él me decía mormón porque soy católico y porque iba a misa. Pero Ivonne me dice de varias formas. Tenemos buena relación, como ya soy grande sé manejar mejor esas situaciones”.

Wanderers debutará mañana en la Copa Libertadores recibiendo a Olimpia de Paraguay en el Franzini. Será el debut de Eduardo Espinel al frente del equipo. Un técnico con el que “Nacho” no ha trabajando mucho, porque apenas comenzó la pretemporada se tuvo que ir diez días a Estados Unidos a donarle médula ósea a uno de sus diez hermanos. “Por eso mismo no llego como me gustaría al partido, ahora estoy para dar una mano,como le dije a Eduardo. Fue una lástima que me tuviera que ir, pero era un tema prioritario”, admitió.

“Me sacaron sangre durante siete horas, porque de ahí separaron las células madres y los linfocitos, que es lo que van a usar cuando le hagan el trasplante a mi hermano el 2 de febrero”, contó. El volante tiene diez hermanos, pero seis de ellos sufren una enfermedad genética autoinmune que heredaron del padre, entre ellos Santiago. Y de los cinco restantes había dos compatibles. “Una hermana y yo, pero me eligieron a mí porque parece que es mejor de hermano a hermano. Y las mujeres pueden tener complicaciones en los embarazos. Me tocó a mí, por suerte éramos compatibles. Y este era el momento. Santiago es el octavo de los hermanos y yo el quinto. Tiene 28 años, ojalá salga todo bien y pueda mejorar su calidad de vida”.

FAMILIÓN. “Nacho” tiene grandes recuerdos de su niñez en la casa de Villa Dolores. “Jugando todo el día y peleándome con todos. Fue muy divertido, sobre todo cuando éramos chicos. Después cuando ibas creciendo ya te molestaba no tener privacidad. Fui cambiando los compañeros de cuarto, pero por lo general éramos cuatro o cinco, con cuchetas y camas marineras”, recordó. “Además, era otro momento, con un teléfono para todo el mundo. Y recién cuando gané un poco de plata en el fútbol me compré ropa, porque siempre heredaba todo, nos íbamos pasando ropa y zapatos”.

Ya tiene tres hijos, pero asegura que no va a tener once como sus padres, para quienes una familia tan amplia fue una decisión religiosa. “Mi mujer quiere que nos quedemos por acá, once no vamos a tener. No creo que lleguemos, el otro día hacíamos cuentas con ella. Además, han cambiado los tiempos, la mujer hoy trabaja y quiere desarrollarse y está bien, pero que a los hijos los cuiden otras personas no me agrada mucho”, admitió.

“¿Cómo soy como padre? ¡Pahh! no sé, tendrías que preguntarle a Alejandra. Soy exigente, pero no tanto como mi padre. El fútbol me permite estar, porque aunque a veces estás concentrado hay otras en que te da mucha libertad. Hay días en que entreno de mañana y tengo la tarde para jugar con ellos”.

LESIONES. Estuvo seis temporadas en Europa. Llegó tras sus buenas actuaciones en Danubio, el club al que llegó a los 12 años y con el que fue Campeón Uruguayo en dos oportunidades. Pero no le gusta repasar su carrera en el viejo continente. “No lo disfruté mucho, porque apenas llegué tuve lesiones importantes. Muchas veces no pienso en el pasado para no mortificarme con el tema de las lesiones. Porque quizás en mi mejor momento, en la mejor edad 25 o 26 años, fue cuando comencé a tener lesiones en Europa. La primera fue el tendón de Aquiles y me llevó muchísimo tiempo recuperarme y volver a mi nivel, como un año y medio. Y era mi primera experiencia en Europa, fue bravo”, contó.

“Después del Mundial de Sudáfrica (jugó en la selección desde el 2003 hasta el 2010) encontré un lugar en Levante, donde me podía haber ido muy bien, pero jugué cinco partidos y me rompí la rodilla. Fue contra Real Madrid y se dice que fue Sergio Ramos, pero él no tuvo nada que ver. Fue solo. Las lesiones me perjudicaron bastante y me hicieron moverme mucho por Europa. No estuvo tan bueno”.

Vivió en lugares muy hermosos, pero no los pudo disfrutar. “Quizás hoy, con otra edad, lo tomaría distinto. Pero en aquel momento lo único que quería era jugar. A veces, estés donde estés, si no jugás no sos feliz. Y a mí me pasaba eso. Estuve en lugares muy lindos, como Mónaco, Inglaterra y Bélgica. Aunque donde más disfruté fue en España. Por el clima, la cultura, las costumbres”.

Al regresar jugó tres años en Nacional, donde tuvo buenos momentos y de los otros. Hasta estuvo procesado. “No me gusta revivir el pasado, trato de vivir el presente. Quizás lo haga cuando me retire. Hoy no me gusta perder tiempo en eso. Sólo quiero disfrutar”.

El extécnico bohemio, Jorge Giordano, con quien tuvo una gran relación, le hizo ver a fin del año pasado, con sus estadísticas, cuánto había jugado. “Creo que fue el año que jugué más partidos en mi carrera. A los 35 años de edad me dejó supercontento”.

Con contrato por dos años más en Wanderers, puede que termine allí su carrera. Le gustaría hacerlo en Danubio, pero es consciente que cuando más pase el tiempo, será más difícil. “Ellos quisieron que yo volviera cuando fui a Nacional y después quise volver, pero estaba Ramos y no me quiso. Danubio me llamó a mitad del año pasado, pero tenía contrato en Wanderers donde, estoy muy contento. Son los mismos colores; lindos colores el blanco y negro”.

Muchas veces se sintió diferente en el ambiente del fútbol. “Tampoco era rico, con once hermanos nunca me faltó nada, pero tampoco me sobró. Pero siempre era el muchacho bien, de buena familia, hasta para la prensa. Al principio sentí prejuicios que me complicaron. Sobre todo cuando era chico, pero era hasta que me conocían”.

Aún no sabe qué hará cuando llegue el momento de ponerle punto final a su carrera. Estudió Administración de Empresas y tiene el curso de técnico hecho. “Hay días que quiero seguir en el fútbol y otros en los que me gustaría hacer algo totalmente distinto. Sé que el fin de la carrera puede ser traumático, sobre todo si uno no tiene claro lo que va a hacer”.

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