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"Era un nabo"

Carlos Núñez fue entrevistado en la vecina orilla y habló de la noche, sus problemas de conducta, el apodo que no le gusta y cómo hizo para superarlo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: Prensa Racing.

El exdelantero de Liverpool y Peñarol, de buen presente en Racing, fue entrevistado por el diario Olé y habló sobre varios de los inconvenientes que lo tuvieron a maltraer y que no lo dejaron demostrar sus condiciones futbolísticas.

"No hay bola de boliche. Ni humo. Tampoco música. Carlos Núñez se aleja de Discoteca como si fuese un viejo personaje que hace tiempo habitó su cuerpo. El apodo le desagrada. Lo transporta a una época en la que vivía a contramano del mundo. Noche, alguna pelea y problemas de disciplina que lo hicieron caer y levantarse", comienza diciendo la nota del periódico argentino. 

“Doler no me duele, pero me molesta porque la gente que lo dijo ni siquiera era hincha de Peñarol, mi equipo. Si te critican por lo que hacés afuera... Que digan lo que quieran, sé que el apodo no lo puedo cambiar”, explicó sobre el apodo con el que lo conocen en Argentina: "Discoteca".

Núñez reconoció que "al principio" se mareó con la fama y que "salía a la calle y tenía problemas con los hinchas de Peñarol y Nacional". De todos modos, aclaró: "La gente que me conoce sabe que soy familiero y tranquilo. A veces me ha jugado en contra mi carácter fuerte. Cuando me buscan, me encuentran. He tratado de cambiar...".

Sobre sus problemas de conducta, dijo que solo una vez volvió a ver los incidentes del clásico de verano del año pasado. "Si jugás en Peñarol sos ídolo de muchos niños, todos te ven. Los juveniles decían 'soy Carlos Núñez' y se ponían a jugar de manos. Es una imagen muy mala y ya pedí disculpas".

Finalmente, "Discoteca" contó de qué manera viene trabajando para no repetir estos errores: "Me sentía mal y mi familia sufría por verme así. No tengo vergüenza en decir que fui al psicólogo y me cambió la vida. Yo no creía en la terapia, pero hablás de tus problemas y le das salidas a lo que tenés adentro. Son cosas de la juventud... Tuve que tocar fondo, llegar al piso para saber quiénes de verdad estaban conmigo y no porque me fuera bien. Me creía vivo y era un nabo".

"Hay que golpearse la cabeza 10 veces para aprender y por suerte lo hice a tiempo. Apenas tengo 22 años", agregó.

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