Peñarol

La murguita... ¿va creciendo?

Peñarol se acerca “a marcha forzada” hacia la definición de la temporada.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Sociedad. Zalayeta y Aguiar se encontraron con pases y paredes en un par de ocasiones: es una de las armas que tiene Peñarol. Foto: Ariel Colmegna

El recuerdo es de hondo contenido "manya". Allá por los 70, cuando el Peñarol de Hugo Bagnulo jugaba con Nelson Acosta y Ramón Silva cumpliendo el trabajo "sucio" y agreste de marca como si fueran dos tractores en el mediocampo, no gustaba, incluso hasta era criticado, pero —siempre con lo justo, sin convencer— igual conseguía resultados, cada vez que esa marcha forzada de los aurinegros, con los dientes apretados, se iba acercando de a poco a la definición de un campeonato, los lunes en Los Aromos esperaba Jorge Delgado, ocurrente utilero de entonces, con una sonrisa y un canto socarrón a flor de boca, mientras lustraba los zapatos de los jugadores antes de la práctica.

La murguita va creciendo../

la murguita ya se armó.../

Con otras características, empezando porque el "doble 5" actual en Peñarol incluye un solo volante de contención y, obvio, está lejos de tener dos de marca, este cuadro que dirige Pablo Bengoechea va así, de poco, paso a paso, sin deslumbrar, hacia su meta de ganar el Torneo Clausura para después poder entrar a tallar por el título de campeón del Uruguayo.

Así venció ayer a Rentistas, bien, con justicia, y también con algunos indicadores que sugieren que Peñarol jugó más o menos como en el clásico, que fue un partido luego del cual —al contrario de lo que pasó anoche— su entrenador no se mostró conforme con lo que había visto adentro de la cancha.

En realidad lo que cambió esta vez fue el adversario: Rentistas no es Nacional, y es a partir de ahí donde, a la altura de la temporada en la que se encuentra, y con vistas a su eventual participación en las finales del Uruguayo, no es para tirar cohetes que atrás del 2 a 0 terminante, inobjetable, hayan quedado tapadas como por un bastidor las cifras que establecen que Peñarol remató 15 veces al arco y su modesto rival lo hizo, mal o bien, eso es harina de otro costal, ¡en 13! Para un aspirante a campeón uruguayo, ¿no será demasido?

Es cierto, los aurinegros fabricaron un montón de jugadas de gol, pero hay detalles para no pasar por alto: Rentistas "se comió" cuatro goles con Nacional, que es la referencia de siempre, y más aún en estas circunstancias; y si Peñarol metió dos de las muchas situaciones que creó, es por ineficacia. O por lo que dejó a su DT con sabor a poco en el clásico: "Urreta" y el "Japo" llegan mucho por afuera, pero si Zalayeta no resuelve como lo hizo en el segundo tanto, para lo cual —por su falta de velocidad— debe contar con la complicidad del fondo contrario, ese flujo termina con aplausos, pero sin la pelota en la red adversaria.

Por ese motivo, al fin y al cabo, la marcha de Peñarol hacia la definición, primero del Torneo Clausura y después del Uruguayo, parece que es a paso forzado. Eso sí, con un componente tan positivo como pragmático y utilitario: el Torneo Clausura del año pasado lo perdió por un punto a manos de Wanderers, y así quedó afuera de la definición del Uruguayo, por el empate con Liverpool en este mismo tramo de las tres últimas fechas posteriores al clásico.

Tampoco es un dato menor. Al menos daría para que Jorge Delgado esperara mañana en Los Aromos cantando:

La murguita va creciendo../

la murguita ya se armó.../

Cábala...

En los 70, la denominación de "murguita" en Peñarol hasta se la adjudicaba el mismísimo Hugo Bagnulo, como una de sus decenas de cábalas. Era una indirecta para sus críticos, incluido un peso pesado: Victor Hugo Morales.

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