COPA DE ORO DE 1980

Mundialito: recuerdos de un título inédito y poco valorado

El susto del “Chifle” Barrios  en el gol que le hizo a Brasil; la jopeada de Victorino al italiano y la entrada que consiguió en la reventa la novia de Venancio.

Mundialito
Locura. La de los uruguayos al celebrar la obtención Copa de Oro de 1980 por la selección uruguaya dirigida por  Roque Máspoli. Foto: archivo El País.

Los campeones de la Copa de Oro de 1980 tienen un grupo de Whatsapp por medio del cual están siempre en contacto. Es casi como que el teléfono hubiera suplantado a los asados de otras épocas, aunque cada tanto intentan reunirse. Es difícil que pasen más de un par de días sin que alguien escriba o comparta una foto o un video. Obviamente que hay algunos más activos que otros. El goleador Waldemar Victorino y Ariel Krasouski son los que más participan, mientras que hay algunos a los que sus compañeros les perdieron la pista. Tal es el caso del “Cascarilla” Julio César Morales; o del “Chico” José Moreira que vive hace muchos años en Estados Unidos; Jorge Siviero, que se quedó a vivir en Chile o el “Abuelo” Daniel Martínez, del que no saben nada hace tiempo a pesar de que está en Montevideo. Hugo de León vive en Brasil, pero cada dos por tres aparece en el grupo y con algún comentario en portugués.

A 40 años de aquella gesta, que jamás se repitió porque nunca más se volvió a jugar un torneo de esas características, varios de los protagonistas compartieron sus recuerdos con Ovación. “Por estas fechas siempre nos sacan del ropero, nos pasan un plumerito, nos sacan la tierrita y contamos algo sobre esa hazaña histórica”, dijo el “Chifle” Jorge Barrios en su particular estilo.

“Siento un gran agradecimiento al fútbol por lo que me hizo vivir, porque son cosas que no se compran en la farmacia. Pertenezco a un pedazo de la historia del fútbol uruguayo. Cuántos hubieran querido formar parte de ese grupo. Éramos una familia con el cuerpo técnico del gran Roque Máspoli”, agregó ya más en serio el hoy directivo de Wanderers y propietario de una empresa familiar de transporte.

Barrios, uno de los juveniles del equipo, era suplente, pero ingresó en la final ante Brasil por la lesión de Eduardo de la Peña y fue el que abrió el marcador. “Nosotros éramos el recambio, yo no había jugado ningún partido. Lo que sentí en la jugada del gol fue más miedo que otra cosa. Waldemar (Victorino) la fue a parar y yo la vi ahí y le pegué. Fui a festejar a la Amsterdam y parecía que toda la tribuna se me caía encima. No sabía ni cómo festejar el gol de tanta alegría y del susto al mismo tiempo. No quería que terminara nunca ese momento. Me tocó a mí y fue algo impresionante al comienzo de mi carrera”, contó el “Chifle”.

“Lo primero que me viene a la mente es el grupo. A esta altura es lo que más te queda. Compartimos muchas cosas, y cuando te toca ganar es mejor todavía”, dijo por su parte, Eduardo de La Peña. “Es mucho tiempo y pasaron muchas cosas, me quedo con el gran recuerdo del grupo”, añadió quien tuvo la mala fortuna de romperse los cruzados y los meniscos en la final, lo que permitió el ingreso de Barrios.

“El primer recuerdo que me viene a la mente es la vuelta olímpica y la caravana por Montevideo, algo que no voy a olvidar nunca”, afirmó mientras tanto Venancio Ramos.

Mundialito

“Hay que destacar que las cosas no fueron casualidad. Nos preparamos para eso. Y cuando uno se prepara bien, generalmente se obtienen los resultados. Hicimos una gira por Europa donde jugamos con Italia, Bélgica, Yugoslavia -que todavía existía- y con Luxemburgo. Le ganamos a Luxemburgo, pero perdimos el resto de los partidos. Todo eso nos sirvió, fue una preparación maravillosa. Y después estuvimos más de 20 días en La Paloma con un sistema de triple entrenamiento”, agregó Venancio, quien hoy sigue en Artigas es comentarista en la empresa Tenfield.

“El Mundialito hizo que nos conocieran fuera del Uruguay, porque los uruguayos son buenísimos pero condicionan todo con su pero. Dicen: ‘Fulano es terrible jugador, pero...”, dijo el “Chicharra”, quien se refirió a la responsabilidad que significó para ellos enfrentarse a los brasileños, quienes querían tomarse revancha de Maracaná. “En caso de que consiguieran una victoria, tenían la posibilidad de acercarse un poco a nosotros en otra final. Pero les ganamos, repetimos el score de Maracaná y salimos campeones. Somos los únicos que tenemos ese título porque se jugó una vez sola”.

Lo mismo explicó Ariel Krasouski. “Si hubiéramos perdido la final hubiéramos sido los que que sufrieron la venganza de Brasil en Montevideo. Si nos hubiera tocado perder hubiésemos quedado marcados para toda la vida. Ganamos e incluso ahora no se le da la trascendencia que debería tener porque fue la única vez que se jugó ese torneo”, dijo el hoy empresario de futbolistas. “Yo ya había a salido campeón juvenil, pero serlo con la selección mayor era algo mucho más trascendente. Y más contra los rivales que vinieron. Todas con su mayor poderío”, dijo Krasouski.

“Me extraña que no lo haya reconocido la FIFA, aunque en su momento lo hizo Havelange”, lamentó Waldemar Victorino, el goleador de la copa. “Fue un torneo ganado con legitimidad, le jugamos de igual a igual a todos. Y con un plantel de apenas 20 jugadores. No entiendo por qué no le ponen la quinta estrella a la camiseta de Uruguay”, insistió.

Anotó el gol del título frente a Brasil, pero se queda con el que le hizo a Italia. “Le hice una jopeada a uno y cuando me salió el arquero se la toqué por arriba. La bajé con el pecho, e hice la jopeada, la pelota no tocó nunca el suelo. Fue uno de los mejores goles de mi carrera”, contó Victorino. “Y cuando hice el segundo con Brasil me di cuenta que ese partido no lo podíamos perder. Cuando terminó el partido me dije misión cumplida, sobre todo por la gente que no podía salir a la calle y se deshaogó en el estadio. Fue muy emocionante, se me caían las lágrimas”.

La dictadura militar

Darle una alegría que mucho necesitaba el pueblo uruguayo también fue muy importante para los entonces jóvenes futbolistas. Aunque recién comenzando sus respectivas carreras, su preocupación era sobre todo futbolística. “Todo el pueblo uruguayo estaba pendiente de nosotros porque necesitaba de una alegría en un momento político muy complicado. Yo tenía 19 años y la parte política no me interesaba, sólo quería jugar el fútbol. Pero el pueblo uruguayo se hizo sentir, necesitaba recibir una alegría. Las caravanas que se hacían después de los partidos, los festejos, eran un escape para la gente. Después de 40 años, lo disfrutás y lo valorás mucho más”, dijo el “Chifle” Barrios al respecto.

“Nosotros estábamos metidos en el fútbol y nada más. Yo tenía 21 años y nos entrenamos tres veces por día para representar a nuestro país. Obvio que sabíamos lo que pasaba en el país. Yo tenía una familiar en el penal de Libertad, pero éramos deportistas que no teníamos nada que ver y nos preparamos para jugar ese campeonato. Claro que le dimos una alegría a la gente y lamentablemente, hay quienes hoy no reconocen lo que conseguimos por un tema político”, se lamentó Krasouski.

“Fue un campeonato para el que nos preparamos unos cuantos meses, con una gira por Europa incluida. No se le dio la importancia que tenía por todo el asunto político. Con el tiempo se lo dejó de valorar por eso, pero ganamos una copa con potencias como Alemania, Italia, Holanda, Argentina y Brasil. Para la gente fue muy importante, jugamos siempre a estadio lleno ”, explicó De la Peña.

“Nunca vi tanta gente en la calle y eso que me tocó salir campeón con Peñarol. Pero la selección es otra cosa y más en aquel momento”, aseguró Venancio. “Había gente a la que de repente no le gustaba el fútbol, pero sentía la necesidad de participar porque era la única manera de manifestarse para que pudiera venir un cambio a nivel político. Gente que salía a la calle, porque tenía un solo objetivo: que las cosas cambiaran”, agregó y reconoció que en aquellos tiempos él no estaba muy al tanto de lo que pasaba.

“Hoy me pregunto dónde estaba que no tenía ni idea de lo que sucedía. Pero hoy que están tan de moda las burbujas, nosotros hicimos una burbuja en San José. Nos fuimos el 15 de diciembre para allá. Nos pasamos el 24 concentrados, sin familiares, sin nada. Debutamos el 30 frente a Holanda, el 31 comimos un asado a mediodía y aunque hubo un brindis, a las 11 de la noche estábamos durmiendo. Nada nos apartaba de nuestro objetivo”, relató Ramos.

Mundialito

“El pueblo uruguayo estaba pasando momentos muy difíciles. La gente necesitaba una alegría y se la dimos. Era un desahogo para la gente, que estaba oprimida por las Fuerzas Armadas. Para todos los uruguayos, los que estaban en el país y los que estaban afuera”, dijo Victorino. “Fue algo que valoramos en el momento, pero mucho más a través de los años cuando fuimos creciendo”.

Lejos de los afectos

 Eran muy jóvenes y pasaron mucho tiempo sin ver a sus padres, a sus hermanos, a sus novias. “Mis padres estaban a 600 kilómetros y no tenían teléfono. No podíamos hablar. Sé que hoy parece increíble, pero fue real”, dijo Venancio.

“A mi novia, Silvia, la tenía que llamar a la casa de un vecino y la iban a buscar. Ella cumple años el 9 de enero y como yo no la vi, se vino al otro día de Artigas para la final. No tenía entrada, porque a nosotros no nos daban entradas. Tuvo que comprar una en la reventa, para el último anillo de la Colombes, allá casi colgada del placard”, explicó.

“Teníamos una gran alegría por haber cumplido el objetivo, pero nos faltaba ver a nuestros viejos, a los hermanos, a los afectos. Yo imaginaba lo que sería mi padre abrazado llorando en Artigas”.

San José

Durante el torneo los celestes concentraron en la Hostería del Parque de San José. Es más, después de la final se fueron en caravana a San José a agradecerle a la gente por el trato. Y volvieron al otro día. “Era como un templo al que se acercaba mucha gente a vernos. Fue algo divino y nos quedó grabado”, reconoció Barrios.

Justamente, la última vez que el plantel se reencontró fue en 2016, cuando la Intendencia de San José homenajeó a los futbolistas en una emotiva ceremonia en la que les entregó un trofeo muy hermoso: la escultura de un león a cada uno, obra de un artista maragato.

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