HACIENDO HISTORIA

Mundialito: una estrella fugaz

El triunfo en la Copa de Oro del 80 fue saludado con una euforia difícil de imaginar hoy: se lo vio como el renacer celeste, pero una derrota lo arruinó todo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Uruguay

La camiseta de Uruguay muestra cuatro estrellas, por los dos títulos mundiales y los dos olímpicos. Sin embargo, sobre el escudo de la AUF falta una estrella fugaz, un triunfo que en su momento se festejó hasta la euforia pero pronto se archivó en el olvido. Tres décadas y media después, se habló más de la Copa de Oro 1980 por el documental Mundialito que por el éxito deportivo que significó superar a los otros campeones del mundo.

En enero de 1981, el capitán Rodolfo Rodríguez levantó en alto la Copa de Oro por sobre Brasil, Argentina, Alemania, Holanda e Italia, lo cual se interpretó en aquel momento como el gran reencuentro de la Celeste tras la eliminación de Argentina 78. Pocos meses más tarde, Uruguay volvió a quedar fuera de un Mundial, España 82, por lo cual todo pareció quedar reducido a un montón de alegría derramada en vano.

Con los años, el propio certamen fue señalado con el dedo. Desde que se trataba de un mero campeonato amistoso hasta su similitud con el Mundial 1978, manipulado por la tenebrosa dictadura argentina. Sin embargo, la Copa de Oro fue un torneo oficial de la FIFA, cuya plana mayor estuvo en Montevideo durante toda su disputa. Los equipos visitantes llegaron con casi todas sus estrellas, entre las cuales figuraban Maradona, Passarella, Sócrates, Rummenigge, Antognoni, los mellizos van der Kerkhof… La vinculación del régimen militar uruguayo con el Mundialito, en tanto, no parece tan directa como ocurrió con el Mundial argentino. El marino Yamandú Flangini, presidente de la AUF en aquel momento, aseguró siempre que no tuvo apoyo gubernamental y que incluso estaba peleado con el jefe de la Armada, Hugo Márquez, por razones extrafutbolísticas.

En todo caso, la AUF, el Estadio Centenario, la Selección uruguaya y todo el público se dispusieron a recibir casi un Mundial. El estadio tuvo su última gran remodelación. Y el equipo se preparó intensamente bajo la dirección de Roque Máspoli.

Todos los jugadores pertenecían a clubes locales, como se estilaba entonces (Hugo de León había sido transferido a Gremio de Porto Alegre pero no había debutado). La base del equipo fue Nacional, meses antes ganador de la Copa Libertadores: Rodolfo Rodríguez en el arco, José Moreira y De León en la línea de cuatro, Eduardo de la Peña en el mediocampo, Waldemar Victorino y Julio César Morales en el ataque. A ellos se sumaban el lateral Daniel Martínez (Danubio) y el volante Ariel Krasouski (Wanderers). Y los dos ascendentes delanteros de Peñarol, Ruben Paz y Venancio Ramos, más el zaguero Walter Olivera. En la final, además, fue titular el aurinegro Víctor Diogo por suspensión de Moreira. Y entró Jorge Barrios, de Wanderers, autor del primer gol. Muchos de ellos habían sido campeones sudamericanos juveniles, en épocas en que Uruguay dominaba ese tipo de torneos.

Tras la Navidad de 1980, las delegaciones visitantes comenzaron a arribar y la pelota se puso a rodar. El entusiasmo de la gente creció luego de la concluyente victoria sobre Holanda por 2 a 0 (goles de Ramos y Victorino). El segundo partido fue contra Italia, un rival mucho más duro (en dos años serían campeones del mundo). Los goles llegaron en el segundo tiempo: Morales de penal y Victorino. En el otro grupo, Argentina le dio vuelta el partido a Alemania sobre la hora. Después, los entonces campeones del mundo empataron con Brasil. Los alemanes, ya eliminados, no le opusieron resistencia a Brasil, que los derrotó 4 a 1 y se clasificó.

La final, disputada el 10 de enero de 1981, parecía el guión de la revancha de Maracaná, pero a la inversa. Uruguay se puso en ventaja apenas iniciado el segundo tiempo (Barrios), pero igualó Sócrates de penal. Antes de lo que ganara Brasil, apareció Victorino para convertir de cabeza y darle el triunfo a los celestes.

Todo hizo pensar que las eliminatorias ante Perú y Colombia, a jugarse en agosto y septiembre de 1981, serían un paseo. Un error muy caro: Perú —con un gran equipo también— eliminó a los uruguayos, nunca a gusto con el papel de favoritos. Todo se definió con una derrota en Montevideo. Sin embargo, la década de 1980 tendría para el fútbol uruguayo más éxitos que fracasos: cuatro Libertadores y tres Intercontinentales entre Nacional y Peñarol y dos copas América para Uruguay.

La gloria deportiva del Mundialito fue breve. Pero el beneficio económico que dejó —unos 4 millones de dólares— duró todavía menos: se repartió en una asamblea de clubes a principios de 1981. Como la AUF ya había otorgado diversos adelantos, en promedio le tocaron 10.000 dólares a cada institución. Toda la euforia de aquel verano ya se había apagado.

WALDEMAR VICTORINO.

"La AUF olvidó que fuimos campeones"

"Recuerdo toda la Copa de Oro. Los triunfos, la alegría. Nunca vi a la gente cantar el himno con tanto entusiasmo. Le dimos un alivio por el momento en que estábamos pasando con la dictadura. Pero estoy enojado con todos los presidentes y autoridades de la AUF porque han olvidado que aquella fue la última gran conquista a nivel mundial de Uruguay. Quizás sea porque se jugó en épocas de dictadura y eso confunda a muchos, pero nosotros nunca vimos a un militar cerca nuestro durante todo el torneo. El primer homenaje lo tuvimos hace unos días por iniciativa del intendente de San José, después de 35 años. Se olvidaron que somos campeones de campeones mundiales".

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados