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Mundial 1930: Jules Rimet lideró el boicot

La historia no es como la cuenta la FIFA: el dirigente francés conspiró contra Uruguay desde el mismo día de su designación como sede del torneo.

Mundial 1930
Mundial 1930

En mayo de 1954, el dirigente francés Jules Rimet se retiró de la presidencia de la FIFA, luego de 33 años de mandato, durante los cuales nació y creció la Copa del Mundo. Al despedirse, publicó un libro titulado La historia maravillosa de la Copa del Mundo, que con el tiempo se convirtió en fuente de la historia oficial de la FIFA. En sus páginas, Rimet relataba sus supuestos esfuerzos dirigidos a fundar los mundiales, el espectáculo futbolístico más seguido en el planeta.

El periodista, investigador y diseñador gráfico franco-uruguayo Pierre Arrighi, buscando en Francia información sobre los Juegos Olímpicos de París 1924, escenario de la primera gran conquista mundial de Uruguay, comenzó a encontrar indicios de que la historia no era tal como la contaba Rimet.

Años de más investigación, incluso en los archivos de la FIFA, le permitieron llegar a la conclusión de que Rimet era “un profesional de la falsedad” y que en su libro mintió sobre su actuación en el fútbol, con el propósito de recibir el Premio Nobel de la Paz.

Arrighi descubrió que el dirigente frances no solo no fue el “padre” de los mundiales como se autoatribuye, robándole protagonismo a otros, sino que incluso conspiró contra la primera Copa del Mundo para llevarla a París.

Con sus hallazgos, Arrighi terminó escribiendo el libro 36 mentiras de Jules Rimet, actualmente en venta a través de Amazon. Para los lectores uruguayos, la sorpresa es comprobar que Rimet, en vez de ser el principal respaldo de la organización del Mundial de 1930, como siempre se creyó aquí, en realidad lanzó un boicot contra su realización en Montevideo ya la misma noche del Congreso de la FIFA Barcelona, que atribuyó a Uruguay esa responsabilidad. El investigador lo explica así desde su casa en Francia:

-Uno de los puntos denunciados en su libro es el del liderazgo del entonces presidente de la FIFA en el boicot contra el Mundial de 1930 en Uruguay. ¿Cómo ocurrió eso?

-Hay que entender que, desde los comienzos, a la FIFA le gusta liquidar. En 1904, el presidente francés de la organización Robert Guérin se propuso organizar una “Copa de Europa”, que fue aprobada en 1905 por el segundo congreso de la entidad. Pero apenas terminada la reunión, ciertos dirigentes prepararon el boicot incentivados por los ingleses que no estaban afiliados. La copa internacional fue liquidada y los ingleses tomaron la presidencia de la FIFA, prohibiendo todo campeonato. Y eso duró hasta 1919, cuando los mismos ingleses, con el apoyo de Rimet propusieron ¡irse de la FIFA! Después vino la liquidación de la Copa de Europa en 1927, que es la clave.

-¿Qué sucedió?

-A fines de 1926, Italia y los países europeos centrales (Hungría, Austria y Checoslovaquia) propusieron crear una Copa de Europa y una confederación. Habían entendido de dónde venía la fuerza de Uruguay. Rimet replicó que solo la FIFA tenía derecho a crear dicha competencia. Una comisión propuso finalmente una Copa europea de la FIFA, pero Rimet saboteó el envío de las circulares a las asociaciones, de modo que el congreso de 1927 no lo pudo discutir. El Comité Ejecutivo autorizó entonces solo una “Copa oriental” restringida a cuatro o cinco países. Italia lo tomó muy mal, y a mediados de 1928, cuando se creó la comisión preparatoria del Mundial de 1930, presentó su candidatura con un plan financiero que no dejaba nada para la FIFA. Se llegó así al Congreso de Barcelona del 17 y 18 mayo de 1929 con dos candidaturas oficiales serias: Uruguay, que proponía asumir los gastos de los equipos invitados; e Italia, con su plan rentable.

-¿Rimet apoyó entonces a Uruguay?

-Como lo explica el delegado uruguayo Enrique Buero en su informe cuatro días después, Rimet “cobijaba la candidatura oficiosa de París”. La idea era hacer aprobar un plan financiero “francés”, a mitad de camino entre el uruguayo y el italiano, desalentar así a Italia, y negociar con ella la alternativa parisina. La victoria era segura: sobre 23 países, solo seis apoyaban a Uruguay. Lo que no vio Rimet fue que se le venía la venganza. El plan financiero francés fue rechazado por una alianza entre el bloque central y América. Y para estupor de los jefes de la FIFA, Italia desistió “en favor de Uruguay”. Las actas del congreso revelan que Rimet no dijo una sola palabra en favor de Uruguay, que Buero luchó contra el plan de Rimet “que impedía la candidatura de Montevideo”, y que en sus agradecimientos no figuró el nombre de Rimet. A la consternación de la FIFA se sumó el desinterés del resto de los delegados europeos: el plan financiero generoso de Uruguay no los atraía, lo que querían era ganar plata.

-Pero Uruguay festejó esa victoria de Montevideo en Barcelona…

-Buero creyó que Italia y sus aliados actuaban con sinceridad, y también creyó en la rectitud de Rimet. Sin embargo, la noche misma del Congreso, en el tren de regreso de los delegados, como lo confiesa el propio Rimet en una de las raras verdades de su texto, empezó un boicot sordo. Viajaban la cúpula de la FIFA y la directiva francesa. Decidieron entonces abstenerse por tiempo indeterminado y presionar a Uruguay hasta obtener su claudicación. Como no podía ser de otra manera, los dirigentes de la FIFA siguieron haciendo declaraciones en favor de Uruguay, pero en las asociaciones que presidían mantenían férreamente la abstención. El secretario general de la FIFA Carl Hirschman, por su parte, exigió más y más ventajas financieras, hasta el delirio. En enero de 1930, sacándose la careta, los dirigentes fascistas del fútbol italiano lanzaron la propaganda definitiva contra el Mundial en los diarios: “Uruguay abandona; Italia crea una Copa de Europa en Roma”, decían. Presionado (los franceses también querían una Copa de Europa), Rimet optó por aliarse con el general Vaccaro, presidente de la federación italiana, para asestar el golpe final. El 10 de marzo propuso a Buero sustituir el Mundial de 1930 por una Copa de Europa en Roma, y un eventual “Mundial” entre los dos finalistas europeos y los dos sudamericanos que ganaran un torneo continental. Una farsa que eliminaba a América del Norte, Africa y Asia.

-¿Cuál fue la actitud de Uruguay?

-La AUF se negó, asumiendo desde allí plenamente y sola la responsabilidad del Mundial de 1930: fue la verdadera creación. Moviéndose a nivel político, Buero obtuvo el sí del gobierno belga y sus dirigentes del fútbol obedecieron. Un mes más tarde, el subsecretario de deportes francés Henri Pathé dio la orden a Rimet de enviar un seleccionado. Recién entonces, el presidente de la FIFA se propuso realmente convencer a sus colegas. Fue en abril-mayo de 1930, dos meses antes del campeonato, Apareció así como “el mundialista” en lucha contra una directiva francesa reticente, molesta por la intervención del Estado. Sobre esa porción ridícula de verdad, Rimet construyó su leyenda de creador del Mundial del 30.

-¿La FIFA no toma en cuenta los resultados de estas investigaciones?

-La FIFA tiene mis trabajos, que en parte se basan en los documentos que ¡ellos mismos me proporcionan! Pero no lo toman en cuenta. Producen libros de histora pero no de manera democrática ni internacional. El libro de los 100 años publicado en 2004 fue redactado por dos franceses que dieron "la versión francesa". La Historia oficial de la Copa del Mundo, publicado en 2017, es obra de un solo inglés, un tal Guy Oliver (los empleados de la FIFA tienen prohibido comunicar el nombre de este autor), que da un punto de vista partidario con citas falsificadas. Estos redactores no están en la FIFA. Son universitarios muy bien pagos. Nunca fueron invitados investigadores uruguayos, pese al rol jugado por este país en la historia del fútbol y en la de la FIFA. La verdad no parece convenirles.

-¿La AUF puede hacer algo ante esto?

-Puede pedir que la FIFA, incompetente en la materia, deje de publicar libros de historia. O exigir que en adelante se cree una comisión internacional con historiadores de todos los países campeones y que figuren en los libros futuros todas las versiones existentes. En una palabra: que se abandone la cultura arcaica de la manipulación desde arriba y se entre en la era moderna de la democracia y la transparencia.

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