HISTORIAS MUNDIALISTAS

Mundial 1990: Antes y después de un penal demasiado alto

Uruguay llegó a Italia con grandes aspiraciones y de nuevo se quedó muy corto. Y aquel fracaso abrió un período de polémicas y desastres deportivos peores.

En Italia. El equipo ante España: Domínguez, Álvez, Perdomo, Herrera, Gutiérrez, De León, Alzamendi, Pereira, Paz, Sosa, Francescoli. Foto: Archivo El País
En Italia. El equipo ante España: Domínguez, Álvez, Perdomo, Herrera, Gutiérrez, De León, Alzamendi, Pereira, Paz, Sosa, Francescoli. Foto: Archivo El País

La ucronía es un género literario cuyas tramas ocurren en un mundo fantástico, a partir de un momento en el pasado en el cual un acontecimiento sucedió de forma diferente de cómo se registró en la realidad. Por ejemplo, Ruben Sosa convertía el penal ante España por el Mundial de 1990, Uruguay se clasificaba en su grupo con tranquilidad y avanzaba hasta meterse entre los mejores del torneo. El técnico Óscar Tabárez seguía en su puesto durante algunos años más, jamás hubiera existido un clima “anti repatriados” y el fútbol uruguayo en general se ahorraba años de polémicas y disgustos deportivos.

Las cosas fueron por otro lado, se sabe. La culpa no la tuvo Sosa, por supuesto, que había sido el principal responsable, por lejos, de la clasificación celeste a Italia 90. El delantero sintió el peso de ese error y sus actuaciones posteriores en el Mundial resultaron flojas. Simplemente, para que las cosas rueden bien en una Copa del Mundo todo tiene que funcionar adecuadamente, y no solamente que un penal hubiera ido un poco más abajo. La competencia resulta tan breve y exigente que las oportunidades perdidas no vuelven, al menos en el mismo torneo.

La década de 1980 fue pródiga en cracks para el fútbol uruguayo, lo que se tradujo en cuatro copas Libertadores entre los dos clubes grandes y dos copas América para la Selección, además de las clasificaciones a los mundiales de México 86 e Italia 90. En el período previo a este certamen, incluso, se jugó como visitantes ante los equipos que ocuparían los cuatro primeros puestos y no se perdió ante ninguno: se empató con Alemania e Italia y se venció a Argentina e Inglaterra.

Los 22 de Tabárez fueron Fernando Álvez (Peñarol), Hugo De León (River argentino), Nelson Gutiérrez (Verona), José Herrera (Figueras de España), José Perdomo (Genoa), Alfonso Domínguez (Peñarol), Antonio Alzamendi (Logroñés de España), Santiago Ostolaza (Nacional), Enzo Francescoli (Olympique de Marsella), Ruben Paz (Genoa), Ruben Sosa (Lazio), Eduardo Pereira (Independiente de Argentina), Daniel Revelez (Nacional), José Luis Pintos Saldanha (Nacional), Gabriel Correa (Peñarol), Pablo Bengoechea (Sevilla), Sergio Martínez (Defensor Sporting), Carlos Aguilera (Genoa), Daniel Fonseca (Nacional), Ruben Pereira (Danubio), William Castro (Nacional) y Adolfo Zeoli (Danubio).

El plantel era tan bueno o mejor que el de México 86 y Tabárez, a diferencia de Omar Borrás, estaba dispuesto a jugar ofensivamente. Todo parecía encaminado para una gran campaña. Pero las expectativas, como cuatro años antes, se desinflaron.

España, en el debut, fue dominada totalmente, pero no se pudo convertir, ni siquiera de penal. Después, el equipo se dejó sorprender por Bélgica y perdió 3-1.

Para clasificarse entre los mejores terceros, el último recurso de aquellos seleccionados, Uruguay debía vencer a Corea del Sur. Y se logró, luego de padecer 90 minutos de nervios y escaso fútbol, con un gol en los descuentos del entonces juvenil Daniel Fonseca. Un detalle: fue el primer triunfo uruguayo en un mundial después de veinte años. Y pasarían otros veinte sin repetirse.

El equipo ya parecía haber perdido la confianza en sus fuerzas, que potencialmente eran muchas. Por eso se jugó a la defensiva ante Italia, el anfitrión, por los octavos de final. Se resistió el cero hasta promediar el segundo tiempo y después se recibieron dos goles, que marcaron la despedida y el inicio de los reproches en el ambiente futbolero.

Los futbolistas, sobre todo lo que actuaban en clubes extranjeros, fueron acusados de escaso empeño. El plantel tuvo además roces con la Mutual de Jugadores y con algunos periodistas. Tabárez fue criticado porque su prédica a favor del juego limpio supuestamente había hecho perder a sus jugadores la tradicional garra. Y la presencia cercana a la delegación del empresario Paco Casal introdujo un elemento de irritación nuevo, que se traduciría en sonoros conflictos durante más de una década.

Tabárez se alejó de la Selección y poco después fue contratado por Boca Juniors. Pero llevaba anotado en algún lugar las experiencias de Italia 90. Veinte años después tuvo la oportunidad de aprovecharlas.

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