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A monte

Atacante pujante como un potro salvaje, y genuino hombre de campo, Cristian Rodríguez jugó en tres equipos de España, Italia y Brasil en menos de un año y ahora, inactivo, volvió al “rancho” que siempre le da conchabo: la selección.

Nunca me había pasado en mi carrera. La primera lesión fue una micro rotura (de fibra muscular), no llegó a rotura… pero todo va en el poco tiempo por el que fui, por el estrés que pasé este año, así que creo que la decisión de venir a Uruguay fue la más adecuada. Aunque, si no fuera por las dos lesiones, en Porto Alegre me sentí muy bien: hay una tradición parecida a la nuestra; incluso, la gente me quería mucho también porque habían sentido que me gustaban los caballos".

Es así: gaucho o "gaúcho", sólo se trata de un matiz idiomático; la esencia no cambia. Cristian Rodríguez es, y se siente, un hombre de campo. Por algo desde la semana pasada, hace 278 kilómetros por día para ir a entrenar al Complejo "Uruguay Celeste" y después volver al "pago" natal: Juan Lacaze.

"Jugué un partido solo de titular y me lesioné; y como fui por dos meses y medio, porque mi contrato era hasta fin de junio, tenía muy poco tiempo. Además, lo que pasó es que voy a Gremio y me recibe mucha gente en el aeropuerto, tenían mucha esperanza en mí; y yo llego, me lesiono, como fui como figura ellos querían que ya jugara, y no dieron los tiempos: no se pudo hacer una adaptación adecuada. Eso me perjudicó: no me pude recuperar bien de la primera lesión y al mes, cuando me recuperé, me volví a lesionar. Ahí decidí no cobrar el sueldo y rescindir el contrato. No hubiera sido una buena actitud cobrar un sueldo, no jugar y quedarme".

Lo cierto es que, gaucho, "gaúcho", hombre de campo, o —por más datos— sabalero que se precia de ser pescador y gustarle el pescado casi tanto como el asado, el "Cebolla" hoy anda a monte. Sin palenque al que atar al potro bravo, pujante, potente, y también hábil, que es como atacante adentro de la cancha.

"En el Atlético (de Madrid) siempre tuve el apoyo del club, que se portó muy bien conmigo, y por eso después del Mundial tuve una chance importante de salir, pero como no se concretó, me quedé seis meses más. Con el Cholo (Simeone) no teníamos relación de amigos, pero había respeto. Incluso, aunque yo no jugaba casi ningún partido y él me ponía de ejemplo por la forma cómo jugaba en la selección y cómo entrenaba, lo que para mí no dejaba de ser importante: me transmitía confianza. Yo no puedo explicar que él quería, o por qué no me ponía, sólo puedo decir que pienso que al equipo que anda bien hay que mantenerlo, y el Atlético de Madrid viene bien desde hace tiempo, así que entrar es muy complicado; y como yo quería tener más minutos, sentirme más querido, decidí salir porque me salió la chance de ir a Italia".

Sin embargo, aunque el "Cebolla" trabaja personalmente en las duras tareas de la yerra y la esquila cuando la zafra lo encuentra en Juan Lacaze, no duró nada sobre el "lomo" del Parma.

"Cuando llegué a Italia, decían cómo un jugador de selección iba a ir al Parma, que tenía que irme a Inglaterra, y mis propios me decían acá no nos pagan; pero yo fui con la idea de que esa situación se arreglara. En realidad, el agente que me llevó, me mintió; porque me dijo que se iba a solucionar, y uno mirándolo de afuera veía que el Parma era un club histórico, el centro de entrenamiento era un espectáculo, el nivel de la ciudad y la gente era maravilloso… uno mismo tenía esperanzas de que se arreglara, pero al final descubrieron una mafia que estuvo robando dinero en el club, y todo terminó en una historia muy complicada".

De modo que, aunque la experiencia adentro del corral de la cancha de fútbol resultó gratificante, el gaucho tuvo que volver a ensillar el bagual encarador y reanudó su marcha. Además, porque se encendió un candil en lontananza; no salió del cobijo en el Norte de Italia al descampado.

"Hacía ocho o nueve meses que no les pagaban a las personas del club, que fue por lo que uno peleó mientras estuvo ahí: para que se les pagara a ellos; porque uno por ahí puede vivir meses sin cobrar, pero esa gente tiene que pagar las cuentas…En fin, estuve dos meses, jugué todos los partidos, me sentí bastante bien en una liga con un fútbol muy táctico, pero como surgieron estos problemas, que se jugaba un fin de semana y al otro no, porque se paraba, o se amenazaba que no se jugaba y después se jugaba, decidí venir a Brasil, porque EE.UU. y Brasil eran las dos únicas chances que me quedaban".

Entonces, ahí sí: el corcoveo de un solo partido de titular, primero una lesión, casi enseguida otra y, como el reglamento de la FIFA lo amparó a jugar cedido en préstamo en un nuevo club sólo hasta la mitad del corriente año, "aunque ellos (Gremio) apuestan a que yo renueve y haga un contrato más largo", reanudó su marcha; esta vez hacia una querencia que, hoy por hoy, siempre lo está esperando: la selección; la misma, pero también diferente, porque se viene la Copa América y, además de las ausencias de Suárez y Cáceres, por primera vez en un evento de esa importancia la "criollada" celeste no va a tener -a distintos niveles, afuera y adentro de la cancha- a los tres Diego de capataces: Forlán, Pérez y Lugano.

"Cada jugador tiene sus características y hay que adaptarse a las circunstancias, somos todos profesionales y, aunque no lo hagamos a la perfección, nos podemos acomodar y cumplir la función que otro cumplía antes. Por eso yo creo que la selección no va a cambiar mucho, porque Uruguay siempre jugó de la misma manera: bien cerrado atrás y saliendo rápido de contraataque. Obvio que Luis (Suárez) se va a extrañar, porque es uno de los de los mejores delanteros del mundo, ¿no?; pero… bueno, el Jona (Rodríguez) también viene bien, y es un jugador muy rápido, que si le queda una pelota ahí, casi seguro es gol. Nos vamos a acomodar, tenemos tiempo de entrenar y acomodar detalles".

Gaucho, "gaúcho", pescador u hombre de campo, el "Cebolla" de siempre, de no muchas palabras y dichas en voz baja, tiró el lazo o la línea al comentar que "no creo que por esos compañeros que no están, ahora la responsabilidad del grupo va a caer más sobre los que hace tiempo que estamos, porque hoy el jugador que viste la camiseta de la selección sabe que tiene un compromiso enorme, una historia muy rica y una tradición futbolera en la gente, y cada vez que se la ponga va a sentir el peso y el impulso de salir a demostrar lo que es Uruguay adentro de la cancha"; y se fue, como todos los días al caer el sol, de galope a Juan Lacaze: "El domingo lo paso con la familia, en casa, con algún asadito o un pescado: y… una boga o un sábalo".

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