EL ANÁLISIS

Misterios, enojos y hechos

Los periodistas no somos los dueños de la verdad. Nos equivocamos como cualquier ser humano y en el caso de los que vivimos de escribir tenemos la desventaja que lo nuestro queda impreso, imposible de desmentir. Sin embargo se ha adoptado como deporte nacional la negación.

Es la fácil, como decir "este lo erra" en una definición por penales, porque si el jugador en cuestión falla, uno puede jactarse del "te dije", pero si la mete nadie le va a reprochar nada al que erró el vaticinio.

El caso de Martín Ligüera es un claro ejemplo. Desde hace más de un mes se viene informando que va a ser jugador de Nacional.

Dirigentes tricolores, el técnico y el propio jugador se han encargado de decir que no había nada. Sin embargo, las señales eran claras: terminaba contrato con Fénix el 31 de julio y el club de Capurro no le renovaba a su figura; llegó Matías Mirabaje, otro enganche; Lasarte decía que precisaba un 10 clásico...

¡Vamos! Puedo entender que al jugador no lo llamaran para mantenerlo tranquilo, pero al fin y al cabo tanto enojo por la insistencia, producto del misterio generado, fue una fachada.

Los hechos lo confirman.

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