HISTORIAS

El misterio de la Copa Jules Rimet

El 19 de diciembre de 1983 robaron en Rio de Janeiro el Trofeo de Rimet, la primera Copa del Mundo, y no volvió a aparecer nunca, convirtiéndose en uno de los mayores misterios de la historia de los Mundiales.

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Una de las réplicas todavía conservadas del Trofeo de Rimet, la primera Copa del Mundo.

El Trofeo de Jules Rimet fue el galardón que se entregó a la selección campeona del Mundo desde el primer Mundial, el de 1930, hasta 1970, cuando Brasil ganó su tercero y le correspondía quedárselo en propiedad. A partir de 1974 se sustituyó por el que conocemos hoy, diseñado por Silvio Gazzaniga. 

La historia del primer trofeo es digna de cualquier novela de ficción. Tras ganarlo Uruguay en el 30, viajó a Italia, donde residió las dos siguientes citas mundialistas. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, el presidente de la federación italiana y vicepresidente de la FIFA, Ottorino Barassi, lo escondió de los nazis en una caja de zapatos debajo de su cama tras sacarlo en secreto del banco en el que estaba guardado.

En 1966, meses antes de que comenzase el Mundial de Inglaterra, la Copa fue robada en Londres mientras era exhibida en Westminster, pero apareció a los pocos días entre los arbustos de un jardín, donde un perro llamado "Pickles" la encontró. Ante lo ocurrido, se construyó una réplica para ser mostrada en público. En 1997 se subastó dicha réplica por 254.500 libras, un precio tan alto que hizo que se sospechara de que fuese la original.

El 19 de diciembre de 1983, hace 30 años, el Trofeo de Rimet estaba expuesto al público en la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), en Río de Janeiro. A pesar de estar cubierto por cristales blindados, una parte de la estructura estaba hecha de madera que alguien forzó con una palanca y se llevó la Copa.

Varios años después, la policía brasileña detuvo a cuatro hombres y fueron juzgados como los autores del robo. Eran cuatro argentinos: Hernández, relacionado con el negocio del oro, Pereira, el cerebro de la operación, Vieira y Rocha, ejecutores materiales. Todos declararon haber fundido la pieza para hacerse con el oro y la plata para su venta.

Sin embargo, tiempo después y tras morir, en situaciones extrañas, varios de los sospechosos así como alguno de los testigos del caso, Hernández cambió su declaración y explicó que el robo había sido un encargo de un coleccionista italiano, el cual había pagado 100.000 dólares al grupo para llevar a cabo la operación. Esta versión tuvo mucha credibilidad en el mundo del coleccionismo italiano, donde se habló mucho del tema.

La realidad es que el Trofeo de Rimet nunca volvió a aparecer y nunca se supo lo que de verdad ocurrió con él. Quizás fue fundido o quizás descansa en casa de algún coleccionista rodeado de otros tesoros. O quizás, como apuntan otras versiones, nunca sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y sólo hubo réplicas posteriores. De momento es un enigma que sigue sin respuesta y que, cada día que pasa, es más difícil de resolver.

Quizás ya nunca se sepa la verdad sobre el "Santo Grial" de la historia del fútbol, como muchos lo denominaron. Una leyenda que comenzó en Uruguay en 1930, cuando se le entregó al primer campeón, y cuyas pistas se perdieron hace ya más de 30 años.

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