Historias

Míster "Canario" García

El uruguayo abandonó el fútbol y dirige a la Sub 17 del PAOK, donde es ídolo; tiene una calle con su nombre.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Caudillo. El último partido de García en la selección fue ante Brasil en la Copa 2007.

Pablo García tiene 38 años y ya hace casi dos que dejó de jugar al fútbol profesional. Hoy en día vive en Salónica, Grecia, junto a su familia y es uno de los dos técnicos que tiene la Sub 17 del PAOK Salónica, club del cual es ídolo.

"Se fue dando todo para dejar el fútbol. En el PAOK en un año jugué casi 40 partidos por Liga y UEFA, y después llegó un presidente nuevo, que vino con un técnico nuevo y ya vi que no estaba entrando mucho en los planes; yo me encontraba bien, estaba bien físicamente, estaba jugando bien pero siempre fui así, cuando no veo las cosas claras, viste... agarré el bolso y me fui para casa", cuenta el "Canario" sobre lo que pasó en 2014.

Pero la historia no terminó ahí, ya que tuvo la posibilidad de volver al PAOK, uno de los clubes más populares de Grecia: "Cuando echaron al entrenador que no me quiso, volvió otro técnico y me llamaron para volver. Hice la pretemporada y le expliqué al técnico que yo estaba para sumar, que iba a entrenarme a full. Me sentía bien pero el tipo no me ponía, igual seguí entrenando y nunca le falté el respeto a nadie, pero el equipo no andaba muy bien y la gente pedía que yo jugara y el entrenador seguía insistiendo que no tenía que jugar. Después de un partido lo entrevistaron, le preguntaron porqué no jugaba García y el técnico respondió que fueran a los entrenamientos y miraran cómo entrenaba García, como queriendo decir que me entrenaba mal. Fui el otro día al vestuario y le pregunté adelante de todos cómo entrenaba yo y él dijo que no había dicho nada... Agarré las cosas, me fui, y ahí terminé la historia como jugador en PAOK".

Igualmente, como había realizado la pretemporada y se sentía bien, García se fue a jugar a un club menor, llamado Skoda Xanthi, que queda a una hora de Salónica. Jugó tres partidos y sólo estuvo un mes en el equipo. "No era lo que esperaba y decidí no seguir", recuerda.

La interrogante que surge es sí pensó en volver a Uruguay a terminar su carrera como futbolista. "Lo pensé. Lo que pasa es que ya estoy un poco mayor. En Wanderers siempre estuvieron a la orden, siempre me llamaron, siempre se comunicaron para lo que yo quisiera ser, pero es difícil por la edad, por los hijos que ya están acá; me tendría que ir solo, y uno también quiere ir y rendir, no jugar a media máquina, ya un poco pesan las piernas".

En Grecia vive con Laura, su esposa desde hace 17 años, a la que conoció antes de ser famoso en su pueblo natal: Suárez (Canelones). Además, juntos tienen tres hijos: Benjamín (17), Luna (14) y Matías (7). El hijo mayor —Facundo— que tuvo con su primera mujer, es el único que vive en Suárez.

Pocos meses después de dejar el fútbol, su historia con el PAOK tendría otro capítulo inesperado. "Un día me llamó el presidente, un ruso, para que fuera a hablar con él. Fui y le expliqué cómo soy yo, cómo me manejo y me dijo que quería que esté con ellos en el club, que yo decidiera cuál era la función que me gustaba más, si estar en la oficina buscando jugadores o si quería hacer el curso de entrenador. Estuve un mes trabajando en la oficina, ya que no había director deportivo, pero al poco tiempo contrataron a uno y no le dio bola a la lista de jugadores que yo había elaborado, que tenía a varios sudamericanos. Ahí decidí a empezar el curso de entrenador".

El "Canario" tiene aprobado dos de los tres niveles que se exigen en Europa para ser DT. Le falta el principal, el que le permitirá dirigir a equipos de Primera en todo el mundo. Ya está averiguando para hacerlo, aunque seguramente se tenga que mudar por un mes a España".

"Ahora estoy en la sub 17, con otro griego, contento, trabajando y aprendiendo, agarrando experiencia", cuenta sobre su presente y agrega sobre su futuro: "Nunca fui de pensar a largo plazo, vivo el día a día. El objetivo que tengo ahora es tener la tercera parte del curso de entrenador y ya poder dirigir a los mayores; después se verá".

El exjugador de la selección uruguaya, Wanderers, Peñarol, Real Madrid y Milan, entre otros, es tan ídolo en el PAOK que sus hinchas propusieron ponerle su nombre a una calle en un pueblo llamado Arnea y el pedido fue concedido. Además, tiene un club de fans que también lleva el nombre del "Canario".

"Desde el primer momento que llegamos acá la gente nos trató como reyes. Jugué mucho, quedé identificado con el club, la gente siempre nos apoyó y nos quiere mucho. Siempre estoy yendo a algún pueblo porque me invitan a darme plaquetas o a hacerme reconocimientos. Ésas cosas te quedan marcadas. Es un orgullo".

Pelos y señales.

Pablo García Pérez nació en Pando el 11 de mayo de 1977. Debutó como profesional en 1996 en Montevideo Wanderers. Al año siguiente fichó por la filial del Atlético de Madrid y fue cedido a Valladolid y después a Peñarol, donde jugó un semestre. En 2000 jugó en el Milan y en 2002 fue cedido al Venezia. Ese año regresó a España para jugar en Osasuna. Tres años después lo fichó Real Madrid. Tras una temporada en el equipo "merengue" fue cedido una temporada al Celta y otra al Real Murcia. En 2008 se desvincula del Madrid para fichar por el PAOK Salónica de Grecia. Tras cinco temporadas firmó por el Skoda Xanthi, donde se retiró en 2014. Con Uruguay jugó 66 partidos y marcó dos goles.

UN PING PONG DESDE GRECIA A URUGUAY - PABLO GARCÍA RESPONDE.

Debut en primera: Wanderers 1996.

“Wanderers es muchas cosas en mi vida y una de las más importantes. Fui como aspirante porque escuché en la radio y tengo el recuerdo de mucha gente: Doña Gloria, con la que siempre me quedaba y comíamos juntos, Walter Soler, que hace unos años falleció y que fue el primer entrenador que tuve, el ‘Cani’, palabras mayores, y el ‘Chifle’ Barrios”.

Su pasaje por Peñarol en 1998.

“Fue una época mala en lo personal y para el club también. Yo siempre dije que de chico fui hincha de Nacional, pero me trataron muy bien, me dieron lo mejor, me dieron todo. Peñarol venía de ganar todo pero no se jugó bien al fútbol. Conocí buenos compañeros, grandes jugadores y a Gregorio Pérez, una excelente persona que me ayudó mucho”.

Milan de Italia en el 2000.

“En Milan jugué 5 partidos. Primero estuve entrenando varios meses porque ellos me fichaban si yo tenía pasaporte español y estaba en trámite, por eso cada entrenamiento era como una final. Echaron al técnico y llegó el padre de Paolo Maldini, iba a empezar a jugar pero me hice un esguince de rodilla y quedé un mes afuera y ya después olvidate”.

La película del Real Madrid.

“Me costó adaptarme a Real Madrid. Todos los días era como una película, lleno de fotógrafos. Con Luxemburgo jugué 22 partidos, pero no jugué lo que tenía que jugar. Algún partido jugué bien, pero en la mayoría no. En todos los equipos que he estado me costó el primer año pero en un cuadro grande no jugás bien y chau, traen a otro”.

El partido más recordado.

“Jugando en la mayor de Uruguay contra Australia fue el partido más recordado, creo que fue por el momento ese, porque hacia 12 años que no se iba a un Mundial y había mucha ansiedad. Me acuerdo de ese partido, veníamos en el ómnibus al Estadio y la gente afuera, mayores, niños, todos alentando. Ese partido fue realmente inolvidable”.

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