ENTREVISTAS

Una mirada nueva sobre los orígenes del fútbol uruguayo

Investigadores destacan el papel integrador del deporte y que la calidad antes que la garra explican los éxitos celestes.

Uruguay campeón del mundo en 1930. Foto: archivo El País.
Uruguay campeón del mundo en 1930. Foto: archivo El País.

El fútbol en sus orígenes en este país fue “un lugar fermental donde se democratizó la sociedad”, sostiene Juan Carlos Luzuriaga, al señalar que la actividad deportiva integró pronto a los pobres y los negros, a diferencia de lo ocurrido en casi todo el mundo. “Era un país integrador, con eso tan artiguista de ‘naides es más que nadies’”, comenta.

El investigador señala que para la rápida popularización del fútbol a comienzos del siglo XX en Uruguay “se alinearon todos los astros”. La comunidad británica aquí, a diferencia de la de Buenos Aires, era tan importante como para traer el deporte pero no tan fuerte como para no perder su control. Hubo una sociedad con un inmigración importante, que se quería integrar. El medio era chico, sin obstáculos para una buena comunicación y con jóvenes que sintieron atracción hacia un deporte que todos podían practicar.

También destaca el papel del gobierno de la época, que favoreció ese proceso. Por ejemplo, a través del diario batllista El Día, que dio destaque a la información deportiva. “Los contemporáneos lo vieron pronto como el deporte nacional, en la visión de un país con una identidad y en una época de gran optimismo”.

“Así, el país puso todo su potencial atrás del fútbol y logró la masa crítica necesaria para competir y ganar en el primer nivel mundial a partir de la década de 1920”, dice.

El libro de Luzuriaga también puede leerse como un manual, pues incluye una línea de tiempo de aquellos años iniciales y diseños de las camisetas de los clubes a todo color.

Orígenes y desarrollo del fútbol en Uruguay, el libro de Luzuriaga.

“Como hubo una evolución del ser humano desde el australopiteco hasta el homo sapiens sapiens, también la hubo entre los clubes -indica el autor-. El primer modelo eran los equipos estrictamente británicos, como el Montevideo Cricket y el Rowing. El segundo, los equipos con influencia británica, como el Albion o el CURCC. El tercer modelo es la respuesta criolla a partir de 1896, cuya principal expresión fue Nacional: criollos que hacían cuestión de su identidad. El cuarto modelo son los clubes criollos populares que surgieron después, como River Plate, que al comienzo no eran admitidos en la Liga. Y el quinto modelo, a partir de 1915-1916, es el del club semiprofesional.

También repasa el surgimiento de la rivalidad clásica, que a su juicio es “multicausal”. “Ambos equipos representan e identifican comunidades imaginarias, criollos por un lado e inmigrantes por el otro. Los británicos formaban una comunidad bastante cerrada, que generaban admiración pero también rechazo. Nuestro país no podía hacer locomotoras como ellos pero los criollos veían que en el fútbol se podía competir contra ellos. Además, los criollos reivindicaban una corriente cultural que venía del siglo XIX, que buscaba una identidad nacional. La paridad deportiva además estimuló la rivalidad. Luego eso se va perdiendo a partir de 1907, 1908 y queda la rivalidad deportiva”, señala.

Otra novedad de este libro es que se aparta de la creencia tradicional de que la guerra civil de 1904 estuvo alejada de la realidad del fútbol: Luzuriaga descubrió referencias a un partido realizado entre integrantes del ejército gubernista antes de la batalla de Tupambaé.

otra opción

"Del ferrocarril al tango"

Cuando Aldo Mazzuchelli comenzó a leer comentarios europeos y mirar filmaciones de los partidos de Uruguay en Colombes encontró que no le cerraba el discurso tradicional de la garra como fuente de los grandes triunfos celestes. “Por supuesto que había garra pero lo central eran el talento y la calidad. Y así fue en todo el ciclo, incluido Maracaná”, enfatiza.

Ese fue el punto de partida de su libro, que pretende dar con el surgimiento de aquel estilo que asombró en los Juegos Olímpicos. “A partir de los años 60 o 70, Uruguay hizo un mal relato de su pasado, más pobre y simplificado de lo que fue. Que siempre fue un equipo de respuesta, que ganaba por garra, por algún gol de cabeza. Todas esas afirmaciones son falsas. No niego la capacidad de lucha de los equipos uruguayos, pero hubo una superioridad futbolística manifiesta y está fue descrita con claridad. No son relatos de hinchas, sino de periodistas europeos de la época, incluso argentinos. También Vittorio Pozzo, que después fue el técnico doble campeón del mundo con Italia”.

En cambio, asegura que Argentina siempre tuvo el mismo discurso de la calidad, incluso en sus derrotas, que trataron de explicarlas por otras razones. “Uruguay tuvo ese discurso pero luego lo acomodó, dejó de hablar de la calidad, como si se la hubiera regalado a los argentinos. Después de Maracaná surgió el discurso del milagro. Y en vez de destacar lo mejor, estamos reescribiendo el pasado de una forma que no fue”.

"Del ferrocarril al tango", el libro de Mazzuchelli.

¿Cómo surgió ese estilo, que era rioplatense? Mazzuchelli señala que se buscó una forma de confrontar el juego más físico de los europeos, sobre todo a través del juego corto. “La competencia con Argentina fue importante, muy intensa, y mejoró a los dos”, indica. “La diferencia entre ambos, aunque es muy especulativo, radicaba en que los uruguayos parecían tener una solidez táctica mayor. Los argentinos eran más expansivos y se desorganizaban más, lo cual también aparece en aquellas crónicas”, afirma.

El autor señala que el fútbol en 1924 incluso era más rápido de lo que fue en los años 40. “Las pruebas físicas de los campeones de Colombes así lo dicen, eran jugadores muy veloces. Y se jugaba pasando la pelota rápido. El fútbol en el Río de la Plata se hizo más lento en los 40. Uruguayos y argentinos se aislaron del mundo y entonces el juego se volvió más barroco: se paraba la pelota cuando se recibía, se buscaba el dribbling, se exacerbó el individualismo. Los europeos en cambio aceleraron el juego, a partir de una mejora en la educación física que empezó tras la Segunda Guerra Mundial e incluso antes”.

Otro tema en el cual Mazzuchelli se aparta de las fuentes históricas tradicionales es en la comprobación de que siempre hubo dinero en el fútbol y que incluso jugó un papel central. “El profesionalismo estaba en todas partes pero no se decía. El cambio de régimen en 1932 es menos importante de lo que parece, solo fue la formalización de algo que existía mucho antes. Por ejemplo, Angel Romano, que era un crack, pedía plata para jugar. En esos años Peñarol sintió mucho la salida de la empresa de ferrocarril, que antes empleaba a los jugadores. Nacional tuvo dirigentes más prágmáticos que le permitieron lograr la hegemonía en ese tiempo. Todo ese proceso terminó en el cisma”, asegura.

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