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Papá capitán: El mejor momento de Mathías Cardacio

Su esposa y su hijita Catalina cambiaron su vida: “Hoy veo todo diferente”.

Foto: Ariel Colmegna.
Feliz: Así esta Mathías Cradacio con su beba y no lo disimula. Foto: Ariel Colmegna.

"Creo que estoy en mi mejor momento, porque pienso , entiendo y siento el juego. De más chico uno juega y juega, sin pensarlo. Hoy lo pienso de otra manera y pongo muchas cosas en la balanza. Al ir madurando voy encontrando otro Mathías dentro, al que le fascina todo lo táctico”, contó Mathías Cardacio en su apartamento de Avenida de las Américas, con su beba Catalina en brazos. La llegada de la niña a su vida también tiene que ver con la madurez del capitán violeta.

A pesar de ese interés por la táctica, aún no se decide a hacer el curso de entrenador. “Tengo idea de hacerlo, pero lo que me hace dudar es seguir siempre en la misma rosca de concentraciones y viajes. Pero si me guío por lo que tengo adentro, me apasiona. Ya a veces me meto donde no me llaman por sentirlo, por pensarlo”, explicó el volante, que suele conversar mucho con su técnico Eduardo Acevedo y da la impresión que ya ha comenzado a ser una especie de técnico dentro de la cancha.

“Él me ha dado ese papel. Sin querer meterme en sus decisiones, le doy un pantallazo de lo que siento adentro de la cancha, de lo que conversamos con los compañeros y yo por tener un poco más de confianza o de llegada con Eduardo, se lo transmito. Vamos hablando para encontrar lo mejor y creo que está bueno que Eduardo sea abierto. Ya con Matías Cabrera, al que extrañamos muchísimo y con el ‘Coto’ (Correa) teníamos ese ida y vuelta con Eduardo que es fundamental”, añadió.

Milan. Tras jugar un año en la Primera División de Nacional, Cardacio se fue al Milan de Italia, cuando tenía apenas 19 años. Aunque prácticamente no jugó, si pudiera regresar su vida atrás, volvería a hacer las valijas para compartir vestuario con Pirlo, Maldini, Gattuso, Ambrosini, Ronaldinho, Kaká, y tantos otros.

“Fui a un lugar donde iba a ser muy difícil jugar, pero la inconsciencia de los 19 años me llevó a pensar que lo iba a poder hacer. Era como ir al Barcelona o al Real Madrid hoy en día, por las figuras que tenía y por todo lo que venía ganando. Fueron dos años muy intensos en los que no tuve la continuidad que a esa edad necesitaba, pero gané en otras cosas, que quizás mucho jugadores no hayan podido hacer. Haber absorbido todo eso me enriqueció como jugador y como persona. Y además, nunca se sabe si un pase así me hubiera vuelto a salir. La vida del jugador puede pasar de salirle un pase a una lesión o una pelea con el empresario y quedarse sin nada. Todo lo que hice en mi carrera lo hice convencido y creo que nadie le hubiera dicho que no al Milan en ese momento”, explicó con convicción.

“Yo ya iba con la idea fija de conocer a Pirlo, porque jugaba en mi posición, porque siempre me fascinó y por lo que generaba como jugador. La primera vez que lo vi me lo encontré en la cafetería del club. Lo saludé, ellos ya estaban enterados de que yo llegaba y me trataron bárbaro. Eran una familia ganadora, sobre todo los jugadores italianos que habían jugado siempre juntos. Y me arroparon”, relató.

“Apenas llegué me dijeron que de lo único de lo que tenía que preocuparme era de jugar al fútbol. Se ocupaban de la casa, me pagaban las cuentas, me daban los autos. Pero tenés que responder, las exigencias son muy grandes. Lo que más me impresionó fue la infraestructura, salir de las canchas uruguayas al profesionalismo. A la obligación de entrenar como si fuese un partido. Si hacía un entrenamiento malo me iba para casa triste. Algo que puede ser normal, como tener una práctica mala, te hacía desentonar allá. La exigencia era tal que no te daba tiempo a disfrutar”, explicó.

“Hoy reconozco que capaz que una escala previa en un equipo más chico de Italia, para conocer el medio italiano, hubiera sido lo mejor. Pero se dio así”, admitió. Antes de incorporarse al club le hizo mil preguntas a Daniel Fonseca, su representante de entonces, para saber cómo saludar, cómo manejarse. “Las dudas normales de un chico de 19 años que llegaba al Milan”.

Además de Pirlo, en quien tenía puestas sus expectativas, el que más le impresionó fue Maldini. “Es el ejemplo de capitán que me quedó más grabado. Era un ejemplo para todos y me hizo ver el fútbol de otra manera. El fútbol de la competitividad sana, me explicó que podés ser el mejor siendo leal sin querer sacar ventajas. Eso que es tan sudamericano”, contó.

“Venían de ganar la Champions. Era todo muy fuerte. Los italianos son muy profesionales, pero también estaban los brasileños, estaba Ronadinho, Emerson, Pato, Thiago Silva, y Kaká, que venía de ganar el Balón de Oro.  Ellos ponían la música y un toque sudamericano”.

Se fue del Milan a pesar de que le quedaban dos años más de contrato y lo económico era muy seductor. “Creo que me fui del Milan por mi propio amor propio y la necesidad de jugar. Me acuerdo que lo hablé con Pirlo y con Ambrosini y ellos me dijeron que tenía que irme para jugar”.

Su pasaje por el club milanés le permitió en gran parte solucionar su vida. Eso y que tras dejar al club italiano se separó de Fonseca y nunca volvió a tener representante. A pesar de ser muy jovencito pasó a manejarse solo y eso también influyó porque lo compraron dos veces más: los mexicanos Atlante y Dorados de Sianaloa. Y eso le ayudó a seguir mejorando en lo económico. “Tenía 21 años y me di cuenta de un día para el otro cómo era el negocio del fútbol. Y decidí manejar yo mi carrera y mi dinero”.

Jugó un torneo Sudamericano y un Mundial con la selección Sub 20, pero en la mayor solo disputó un amistoso frente a Francia ya en la era Tabárez. Lamenta no haber tenido más oportunidades. “Fue una asignatura pendiente. Ni bien salí de la Sub 20 jugué un amistoso en París. Los nuevos éramos ‘Palito’ Pereira y yo, él siguió y yo no. La inactividad en Milan no me ayudó. Es algo que me quedó en el debe, porque defender al país es reconfortante. Podía haber sido, pero no fue”.

El barrio. Se crió en el Mercado Modelo y admite que del hijo del camionero que tuvo una niñez muy feliz jugando en la calle, queda poco. “Tengo un poquito de barrio sí, por más que me quiera hacer el que no. Es una broma que tenemos con Stefi (su esposa). Yo le digo que soy italiano y ella me recuerda que soy del Mercado Modelo. Aunque lo trato de sacar muy poco porque he conocido otras cosas que me han hecho bien, me han mejorado y me gustan”, dijo quien sin embargo sigue teniendo en el barrio a sus amigos, los que lo han ayudado mucho y lo siguen haciendo porque no le permiten olvidarse de otras realidades.

A Stephanie le conoció de niño en el barrio. Pero hace unos años, cuando recién había llegado a Defensor Sporting se la cruzó en Punta del Este. “Fue en una peatonal, un saludo, un beso y nada más. Pero de chico yo ya le había echado el ojo. Y comenzamos a interactuar en las redes sociales. Hasta que un día la invité a comer y así empezó la cosa. El 5 de agosto va a hacer cuatro años que estamos juntos”, contó sobre su esposa.

“Estar en pareja, sentirse querido y tener una persona que te acompaña, me ayudó mucho. Ella es un apoyo muy importante. Haber iniciado el camino juntos me sirvió mucho hasta en lo deportivo. Y luego la llegada de Cata, fue cerrar un círculo hermoso de unidad y de amor”, afirmó fascinado el volante sobre su hija Catalina de ocho meses.

“Hoy veo la vida diferente. Es algo tan nuevo, es un amor tan nuevo, tan puro, tan sano el que siento por ella, que todo ha comenzado a girar alrededor de su personita. Por más que tratamos siempre de no perder lo nuestro, la pareja, el fuego y las cosas que nos gustan, Cata se roba gran parte de nuestra vida. Nos ha permitido unir, formar una familia ha sido algo muy hermoso”, añadió.

“Stephanie y yo tenemos diferentes gustos. Ella es más de salir, de los bailes y yo soy mucho más tranquilo. Vamos a ver como sale la gorda. Iremos quemando las etapas a medida que vayan pasando, pero este momento es divino”, reconoció riendo.

El mundial con ojos de técnico

“El equipo que más me gustó en Rusia fue Francia. Para mí ganó el mejor. Siempre el que gana lo es, por más que después se pueda especular con otras cosas. Francia ganó los partidos con autoridad. Me gustaban los planteamientos tácticos y tenían muy estudiados a todos los rivales. Me gusta mucho analizar. Hoy sacan la bandera de la antiposesión, pero a mí me gusta esa filosofía”, dijo quien vio todos los partidos con sus nuevos ojos de entrenador.

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