DEFENSOR SPORTING

El mejor "Coto": le costó llegar, hoy pasa por un gran momento

A los 13 años lo dejaron libre de Liverpool porque era muy chico, pero él iba al Prado donde sabía que entrenaban, los miraba de lejos y hacía los mismos ejercicios. Le cedió la cinta de capitán a Cardacio y no descarta armar un grupo musical cuando se retire

coto y flia
Nicolás Correa junto a sus hijos Lucas y Renzo. Foto: Fernando Ponzettto.

N icolás Correa es el encargado de manejar la música en el plantel de Defensor Sporting. Y no es casualidad, es el tercer hijo de Juan Luis Correa, el creador de Sonido Cotopaxi, una orquesta que marcó una época en la música tropical uruguaya. Su apodo, “Coto” viene justamente de allí y no es exclusividad suya. En Belvedere, su padre, sus hermanos y él son todos los Cotos y sabe que sus hijos y sobrinos serán los nuevos cotitos como lo fueron ellos de niños. Se crió en los estudios de grabación, pero siempre tuvo claro que quería ser jugador. Sin embargo, hoy no niega, que cuando se retire puede llegar a formar un conjunto de música tropical.

“En el club no pongo la música que a mí me gusta, pongo música del momento, la que quieren los jóvenes. Si no, te tildan de viejo, por más que soy joven. Pero a veces, cuando puedo, bajo a la concentración con las cocineras y a ellas sí les pongo un poco de charanga o la música de papá. Pongo Cotopaxi, Karibe con K, Sonora Palacios o Combo Camaguey. Con ellas nos castigamos duro y parejo. A veces alguno de los jóvenes me hace la gamba y se une, pero la verdad es que no les gusta”, contó el “Coto” en su apartamento de Cassinoni, el que comparte con su esposa Sharon y sus hijos Lucas y Renzo.

“La orquesta de mi padre fue furor, pero para él fue un gran sacrificio. La música son momentos, pero él además laburaba ocho horas en Arnaldo Castro, de donde se jubiló. Mi viejo es mi gran ejemplo y mi ídolo”, dijo orgulloso. Aún hoy, cuando su padre va a los partidos, la gente lo busca para saludarlo.

“Iba a los estudios de grabación de Sondor, donde grababa Cotopaxi de un lado y la Karibe del otro. Era el niñito que molestaba. Pero después, en un momento, tuve una gran propuesta de Eduardo Rivero, el que armó Karibe con K, que quiso sacar el “Cotopaxito”, que yo iba a encabezar. Pero mi padre mi dio un no rotundo. El ambiente de la noche no es fácil, aunque papá siempre se manejó con grandes códigos. Pero me dijo que no. Y después sacaron Karibito con K”, recordó.

A pesar de la tentadora propuesta de Rivero, Nicolás jamás dudó entre la música y el fútbol. “Lo mío siempre fue el fútbol, a pesar de la cantidad de traspiés que tuve. He llorado muchas veces porque me discriminaban por ser chico. Tenía un problema de crecimiento. Arranqué en la Séptima y Sexta de Liverpool y me dejaron afuera por ser chico. Me quisieron crear un complejo, solo jugaban los que eran grandes y a los chiquitos los corrían. Y justo en esa época en que también comenzaba el liceo. Arranqué a girar por varios clubes. Pero era tanto lo que yo quería ser jugador, que cuando me dejaron libre de Liverpool, tendría unos 13 años, me iba al Prado donde sabía que estaban entrenando, y miraba del otro lado y hacía los mismos ejercicios. Y cuando empezaban a correr yo corría más rápido para que no me vieran porque me daba mucha vergüenza. A veces pienso todo eso y me sorprendo de lo que era mi cabeza. Fue fuerte, pero yo soñaba con ser jugador de fútbol. Y mi cabeza fue fundamental. Mi padre veía todo eso y se daba cuenta que me tenía que apoyar. Empecé a ir al Rowing Club. Hice básquetbol, natación y remo. Y hasta me entrenó el profesor Tozdjian, el levantador de pesas, porque lo que más quería era crecer. La tuve que pelear, pero mi cabeza estaba clara. El apoyo de mis padres fue fundamental”.

Luego enganchó en la Quinta de Colón, pero con tanta mala suerte que el club prácticamente desapareció. “Pasé a la Cuarta de Salus y también se cayó. Vino la fusión con Alianza y pasó lo mismo. No me salía nada, hasta que debuté con 18 años en Alianza Montevideo en la B, donde jugué hasta los 21 años, hasta que Alianza dejó de competir”.

Entonces volvió Liverpool, el cuadro de su barrio. “Mi padre nos enseñó que primero estaba el cuadro del barrio y por eso yo le tengo cariño a Liverpool a pesar de todo. Cuando volví y me iban a fichar, Gonzalo Mattos se dio cuenta que yo ya había estado. Le conté la historia y no lo podía creer. Porque lo que me pasó a mí le pasó a otros y muchos chicos quedaron por el camino. Aquel Liverpool no es el de ahora, que está todo ordenado de la mano de Palma”.

CAPITÁN. A los 34 años pasa en Defensor Sporting por uno de sus mejores momentos. “Estoy a pleno. Estoy en mi país, disfrutando de un momento muy lindo en Defensor Sporting y de mis hijos. Y que mi familia y la de mi señora disfruten de los niños que es muy importante. Y no hay nada más lindo que hacer lo que a uno le gusta y estar en un equipo que es protagonista. Y ser reconocido, porque a uno le gusta que lo valoren en su país”.

El “Coto” es el primero en llegar a las prácticas violetas y el último en abandonar el Franzini cuando sus compañeros hace rato que se fueron. Cumple un papel muy especial para Acevedo, con quien ya trabajó en Cerro, cuando el hoy técnico de Defensor Sporting lo pidió. “No tengo pelos en la lengua para decir que es un amigo. Y por eso siento una doble responsabilidad para no fallarle ni dentro ni fuera de la cancha”.

El año pasado, durante la excelente campaña que realizaron, si en algún partido faltaba el capitán Andrés Lamas, Correa llevaba la cinta. A principios de este año, cuando el “Zurdo” se fue a Atlético Tucumán, Acevedo le dio el brazalete al “Coto”, pero él se lo cedió a Cardacio. “Fue una decisión personal y grupal, pero son de esas cosas que quedan en el vestuario. Mis compañeros y mis amigos saben por qué la tomé. Yo tengo una relación de amistad con Cardacio y como concentramos juntos, sé lo que significó que rechazara una oferta muy importante para quedarse. Dejó una enseñanza de que en la vida a veces no todo es la plata. Yo estaba con él cuando lo llamaban todos los días, y los números eran un disparate. Cuando decidió quedarse, en ese momento yo pensé que tenía que ser él el capitán de Defensor”, contó.

De todas maneras, aunque no lleve la cinta, el zaguero cumple una función muy importante en el vestuario violeta. Tanto que si algún día Acevedo se va de Defensor, le gustaría llevárselo con él. “Son cosas que no me gusta ventilar. A mí no me importa brillar y lo cambiaría para que le vaya bien a mis compañeros, sobre todo a los jóvenes. Es lo primero y lo que me enseñaron los mayores. Más en este club que promueve tanta juventud. Quiero que tengan un nombre, sentido de pertenencia y que no se descarrilen. Eso para mí es lo más importante. Y mantener el orden, la seriedad del trabajo, el compromiso que hay que tener en el día a día. Cosas de mi manera de ser y de la vieja escuela”, agregó. Y contó para que están.

“Nosotros vamos a pelear los dos frentes. Es lo que quiere este grupo. Vamos por el Apertura, donde creo que no tuvimos un mal arranque a pesar de lo que se diga. Estamos en la pelea. Y venimos de un partido de Copa muy importante frente a Gremio, el ganador de todo y con un plantel multimillonario. Nosotros estábamos concentrados en el Franzini cuando llegaron a reconocer el campo y nos preguntábamos donde estaban los jugadores. Bajaban funcionarios, auxiliares y eran una cantidad impresionante. Pero los uruguayos somos así y en la cancha son once contra once. Y el fútbol se empareja”.

SU GRUPO. Al final, reconoció que si no hubiera sido tan insistente y no hubiera podido cumplir su sueño de ser futbolista, se hubiera dedicado a la música. “Estudiar no me gustaba. Hubiera salido a afanar con la música. Je. A veces, con esas locuras que tengo, pienso que cuando me retire voy a armar un grupo musical. Me gusta la música y tengo mucha gente conocida. Estudié teclados y aunque canto como en la ducha, tengo oído. Y tengo noción, porque me crié en eso. Y le pondría un nombre que tuviera que ver con el deporte. El nombre es fundamental. No podés errarle porque el nombre es lo que redondea lo que es una banda. Tiene que ser pegadizo y apuntar a lo que uno quiera. Sería de música tropical, que es lo mío. No sé si hoy o mañana no lo haría, aunque la que manda es Sharon, la patrona, que es la que domina todo. Igual todavía tengo unos años más de carrera. Sigo siendo el mismo de cuando arranqué. Me cuido en la comida y mantengo siempre el mismo peso. Tengo todos los cuidados de un profesional”.

Sharon

Le pidió permiso a la madre de su novia para salir

 Conoció a Sharon, su esposa, por medio de la novia de un amigo. Ella tenía 16 años y él 21. “Hablábamos por teléfono, pero antes de salir la primera vez, le pedí que me pasara con la madre. Ella me dijo que no era necesario. Pero insistí. Hablé con la madre y le pedí para salir con su hija. Y con eso me la gané a la suegra. Pero era lo que tenía que hacer y lo que me enseñaron mis viejos. Pasamos una tarde hermosa en el Prado. Y ya llevamos 13 años juntos”.

carrera

Unión de Santa Fe fue un trampolín

En el 2009 pasó de Liverpool a Colón de Santa Fe, donde jugó cinco años. “Es un club al que le debo todo. Me dio un nombre, un prestigio y hasta un bienestar económico. Ser reconocido en el fútbol argentino se lo debo a ellos. Unión fue un trampolín para mí en todo sentido. Pero uno también quiere estar en sus pagos y ser reconocido. Y estar en una institución tan seria como Defensor Sporting hace las cosas más fáciles”, dijo el “Coto” quien también vistió las camisetas de Alianza, Arsenal de Sarandí, Cerro y Gimnasia y Esgrima de Jujuy.

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