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"Maxi" Falcón: un canchero con subida y gol

A los 12 años, el Peluca era peón de albañil en Paysandú y caminaba 50 cuadras para ir a entrenar; hoy es de Primera y en su debut le anotó a Nacional.

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Peluca. A los 14 años Maximiliano Falcón le dijo a su madre que no se quería cortar más el pelo. El apodo se lo pusieron en Nacional. Foto: Leonardo Mainé. 

Cuando Rodrigo Amaral entró a los 59’ del partido que Nacional perdía en ese momento 1 a 0 frente a Rentistas, la tribuna se vino abajo aplaudiéndolo. Y a Maximiliano Falcón, el autor del primer gol de los “Bichos Colorados”, se le erizó la piel.

Es que Falcón fue compañero de Amaral en las juveniles tricolores y también se alegraba, tanto como los hinchas, de su regreso a las canchas tras nueve meses de ausencia.

“Fuimos compañeros desde quinta. Es un animal Rodrigo, un fuera de serie. Ya en la mitad del partido le había dicho que quería su camiseta y me dijo que sí, que la cambiábamos al final. Nos dimos un abrazo. Yo me alegré mucho de su vuelta porque tuvo una lesión jodida. Hasta a mí se me erizó la piel con la forma en que le gritó el Estadio. Imaginate a él, pero se lo merece. Él también se alegró mucho de que yo hubiera podido debutar en Primera y de que me estuviera yendo bien”, contó Maximiliano, o el Peluca, como lo apodaron en Nacional cuando llegó desde su Paysandú natal para jugar en Quinta División y vivir en la casita del club.

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“Estos dos días fueron de muchos saludos de la gente y muchas notas. No lo esperaba y no estoy acostumbrado. La del domingo fue una noche soñada, mi debut en Primera A y con gol a Nacional, mi exequipo. No es que lo goce, pero quería demostrar que me entrené mucho y que estaba preparado para jugar en Primera. Pero muchas veces por cosas de la vida y del fútbol, que no te espera, no se dio”, explicó.

VARICELA. A pesar de que Munúa lo había subido para hacer una pretemporada, las dos enfermedades seguidas que tuvo y unas palabras que le dijo a Ligüera, el técnico de la Tercera, influyeron para que no le renovaran el contrato. “A la semana de estar en la pretemporada me agarré varicela. Y cuando la tenés de grande es muy brava. No se lo deseo a nadie. No podía ni dormir y tenía mucha fiebre. Tuve que dejar de entrenar y me volví a Paysandú. Al mes regresé y me contagié de paperas, en aquella epidemia que hubo en Nacional. Se me hinchó 15 días de un lado y 15 del otro. No podía comer. Estuve otro mes afuera y todo eso en lo anímico me mató. Empecé a engordar y a bajar mi nivel”, relató en su apartamento de Propios y Monte Caseros, desde donde sale a correr por el Antel Arena imponiéndose el doble horario.

“También tuve un encontronazo con Ligüera, una mañana que me levanté medio cruzado y le contesté cosas que no tenía que haber dicho. Él decidió no contar más conmigo y estaba en todo su derecho. Luego le pedí disculpas en privado y hoy me arrepiento. Lo tomé como un aprendizaje. El técnico es la persona que está al mando y no tenés que cuestionarlo. Fue un capricho de inmadurez. Hoy ya no los tengo”, dijo con convicción quien antes de mudarse a la capital había defendido al Huracán sanducero, donde debutó en Primera con sólo 14 años.

CONSTRUCCIÓN. “Extrañé mucho, sobre todo el club donde jugaba. Pasaba mucho tiempo ahí y poco en casa. Andaba mucho en la calle. A los 12 años tuve que dejar el liceo para ponerme a trabajar, porque la cosa estaba complicada. Fui peón de albañil, con una pareja que tenía entonces mi mamá. Acarreaba baldes de arena, me enseñó a hacer mezcla y alcanzaba los ladrillos. Ganaba 200 pesos por día. Terminaba cansado, pero después caminaba como 50 cuadras para ir a entrenar. Creo que cuando sos adolescente no te das cuenta de todo lo que hacés. Y los entrenamientos no eran muy exigentes. Si sos privilegiado físicamente te cuesta un poco menos. Yo a los 12 años ya era grande como ahora”.

Salir de Nacional fue difícil para Falcón, sobre todo porque pasó por varios equipos antes de llegar a Rentistas. “Primero entrené tres semanas en Danubio, después fui a Rampla, pero querían que jugar en Tercera y mi representante dijo que le habían dicho que era para el plantel principal. Y nos fuimos. Después me llevó a entrenar a Cerro, donde estuve como un mes hasta que salió lo de Rentistas. El “Boca” (Arias, su representante) se portó muy bien conmigo. En el peor momento de mi carrera estuvo siempre conmigo. Nunca me dejó tirado y se lo agradezco día a día. Me llevó a jugar a la B, pero a veces cuando las cosas no salen hay que bajar un escalón. Entendí que para un técnico de la A era complicado confiar en un chiquilín que nunca había jugado en Primera”.

EXCURSIONISTA. A Falcón, con pasado de volante, le encanta irse al ataque como lo demostró en la jugada que terminó con el primer gol de ante Nacional. Pero sus incursiones ponen muy nervioso al técnico Cappuccio. “Una de las primeras que me mandé fue frente a Sud América en la B y Cappuccio me gritaba de todo. Le pegué contra el palo, pero me la atajó el golero. Y contra Villa Española en la final tuve una parecida. Cappuccio me puso el excursionista, pero confío mucho en mi velocidad y los contragolpes se tratan de eso. El otro día, después que hice el gol, pasé corriendo al lado de él y le hice una guiñada como diciendo ‘viste que tengo que subir’. Siempre lo jodo con eso, pero cuando hay que trabajar en serio, lo hago y trato de hacer lo que me pide. El otro día planificó una estrategia que salió muy bien. Confiamos en él”.

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Canchero. A los 22 años, Maximiliano Falcón ya aprendió mucho de la vida. Foto: Leonardo Mainé..

Hoy "Maxi" está alejado de su madre y de su hermano menor. “A veces la familia te puede dar la espalda, pero la madre es la madre y la amo”. Y a su padre lo conoció recién a los 15 años cuando fue a Mercedes con la selección de Paysandú. Hace un par de meses  lo fue a buscar. “Siempre hay dos versiones, la de tu madre y la de tu padre”.
Pero tiene una familia sustituta. Vive con Andrea y Ernesto, un matrimonio de 35 y 38 años. Eran sus vecinos en el edificio y cuando se iba a mudar lo invitaron a vivir con ellos. “Es raro y nunca me había cruzado con gente así en mi camino. No sólo me dieron un lugar donde vivir, sino que están siempre en el día a día y van a todos los partidos. Son muy jóvenes, pero es como si fueran mis padres”.

Hace un año que está de novio con Antonella, sanducera como él. El problema es que vive y trabaja en Paysandú. Pero como estaba de licencia, ella y su familia estuvieron el domingo en el estadio. “Tener ese apoyo fue muy lindo”, finalizó el Peluca, que a los 14 años le pidió a su madre que no le cortara más el pelo. Cuidarlo le lleva tiempo, pero lo disfruta.

En Montevideo retomó el liceo y hoy está en cuarto preparándose para hacer una carrera, aunque sea corta. Mientras, sueña con llegar a la selección o a jugar en Europa. Claro, antes quiere mantener la categoría con Rentistas. Y enfrentar el sábado a Boston River. Ya recibió un mensaje de Sebastián Abreu a quien conoció en Nacional. “Me felicitó por el gol y me dijo que nos veíamos el fin de semana”.

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