RIVER PLATE

Mauro Da Luz: crack de barrio

El día después del héroe de River Plate en Pacaembú: sus lágrimas tras el partido y un mensaje que le sirvió para ganarle a Santos

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Barrio. Mauro Da Luz en Punta de Rieles donde creció, de allí son sus amigos, los que  van  a tomar mate con él a la rambla cuando tiene libre. Foto: Francisco Flores. 

Los futbolistas de River Plate recibieron un mensaje en su grupo de Whatsapp antes de jugar el partido de vuelta con Santos en Pacaembú. Era de uno de los preparadores físicos de la institución, Juan Alzamendi. Sobre una imagen del equipo darsenero formado había varias frases. Entre ellas una que le quedó grabada a Mauro Da Luz, el autor del gol de que le dio a River la clasificación a la próxima fase de la Copa Sudamericana.

“Ustedes tienen los mismos músculos que los rivales, los mismos huesos, por sus venas corre la misma sangre, lo que los va a diferenciar es el espíritu y las ganas de luchar para conseguir la cima”, decía palabras más palabras menos. Y eso fue clave para que derrotaran al poderoso Santos de Sampaoli.

Ayer Mauro disfrutaba en familia en su casa de Punta de Rieles, su barrio, el de toda la vida. Aún no había podido responder todos los mensajes que recibió desde que terminó el partido en San Pablo. Muchos de amigos, pero también de gente que no conoce. Pero solidario y simpático como es los iba a responder todos.

“Era tanta emoción junta que me desbordé. Con Juan (Olivera) me emocioné en el momento del gol y con el Profe (Arismendi) cuando terminó el partido y pitó el juez. Pude descargar todo. Se te viene a la mente todo lo que pasás. Los entrenamientos duros, las planificaciones. Y cuando da resultado te emociona”, contó el delantero sobre sus lágrimas, las que no pudo contener al final.

CERVECITA. Tras el partido recibieron las felicitaciones de un muy emocionado Jorge Giordano, regresaron al hotel, cenaron y luego la mayoría de los futbolistas, entre ellos Da Luz, se quedó escuchando música y tomando una bien merecida cervecita. Debían salir a las 4.30 de la mañana rumbo al aeropuerto y muchos no durmieron. “Nos quedamos charlando entre nosotros, festejando toda la noche”, explicó quien es el encargado de la música en el plantel darsenero. “Yo tengo la autoridad sobre el parlante. Je. A mí me gusta más la plena, pero también pongo reguetón porque no voy a escuchar solo, me tengo que adaptar a lo que pide la banda”, contó.

“Cuesta un poco entender lo que conseguimos, pero si te ponés a pensar fríamente eliminar a uno de los más grandes de América fue una verdadera hazaña. La clave estuvo en cumplir a rajatabla la consigna del cuerpo técnico. Jorge (Giordano) planteó de forma excelente el partido y nosotros, muy concentrados en todo momento, lo logramos desarrollar. Y cuando se nos dio el espacio lo aprovechamos. No es fácil estar concentrados todo el partido tapándoles los pases filtrados. Ellos se fueron frustrando”.”, admitió.

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Felicidad. Jorge Giordano celebra junto a sus jugadores la clasificación.

“Pochola (Calzada) se la tiró a Juan Manuel Olivera y él, con un control maravilloso, giró y me puso la pelota perfecta para que yo solo tuviera que eludir al arquero y después a velocidad, definiera. En ese momento ya íbamos saboreando un poquito la clasificación. Faltaba mucho todavía, pero ya sentíamos una alegría inmensa”, relató Mauro sobre su gol, el más importante hasta ahora de su carrera. “Estoy feliz de poder aportar a la historia de esta institución que me dio una oportunidad terrible”.

El empate de Santos, conseguido a pocos minutos del final, puso un poco de angustia en el partido. “Cuando nos hicieron el gol entramos en un momento de tensión, empezamos a pedir la hora y los minutos se hacían muy largos”, reconoció Mauro, quien ya había sido sustituido por Neris y lo vivía todo desde afuera. “Tuve que salir porque estaba todo acalambrado, los gemelos no me daban más. Los nervios y las emociones juegan mucho en lo físico. Y los compañeros que están afuera siempre están al máximo para entrar”, explicó quien tiene sexto de Ingeniería terminado y sigue estudiando, aunque ahora tiene un poco abandonado el curso de Técnico en Informática que viene haciendo. “La idea es seguir apuntando a eso. Me gusta mucho todo lo que es computación y creo que está bueno tenerlo como una alternativa y para cuando se termine la carrera”, dijo con madurez quien siempre fue un buen alumno.“Fui al Sagrado Corazón de Jesús, acá en el barrio. Tuve esa suerte gracias al esfuerzo de mis padres. Ellos me inculcaron la importancia que tiene estudiar”, contó sobre Daniel y Raquel. Vive con ellos, su hermana Agustina y los perros Oso y Pinky. Espera dar un salto para tener su casa e irse a vivir con Melanie, su novia hace cuatro años.

Tiene 24 años y para que termine su carrera falta mucho. No oculta que sueña con llegar a las grandes ligas, sobre todo Inglaterra y España, pero hoy está preocupado en el día a día de River. “Creo que hay que fijarse metas a corto plazo, es la manera de conseguir grandes cosas”.

Contrariamente a lo que le pasa a la mayoría de los jugadores, que los van tirando para atrás, Mauro empezó jugando de zaguero, luego lo pusieron de lateral, fue 5 y terminó de delantero. “Creo que llegó un momento en que se dieron cuenta que con mi velocidad servía más para jugar adelante”.

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Llegó sin hacer formativas

 La historia de Mauro Da Luz es muy particular porque después del baby dejó el fútbol por completo. No quiso ir a probarse a ningún equipo en inferiores. Se dedicó a estudiar y a trabajar. Justamente fue en uno de sus trabajos que lo vieron jugar entre sus compañeros y le dijeron que tenía que ir a probarse a un club. “Hice varias pruebas; en Danubio y en Miramar entre otros y siempre me rebotaban. El que me abrió las puertas fue Oriental de La Paz, que estaba en la C. Jugué la Liguilla, tuve la suerte de hacer un par de goles y ascendimos a la B”.
Tras seis meses en La Paz se fue a la Tercera de Peñarol, pero las cosas no resultaron como esperaba. Había llegado a un grande y se ilusionó con verse en poco tiempo en Primera División, pero no sumó muchos minutos y a los seis meses lo dejaron libre. “Llegué con toda la fe y pensaba que iba a jugar unos partidos y subir. Fue un golpe duro, pero de ellos uno también aprende”.
A pesar de su desilusión se fue a probar a la Tercera de River Plate que dirigía Juan Carlos Carrasco, el hijo de JR. Este último lo vio en una práctica y lo reclutó para Primera. En el 2016 debutó y así comenzó su periplo darsenero. “Siempre le voy a estar agradecido a Juan (Carrasco). Es muy exigente, pero para mí fue clave. Él me subió y me dio la oportunidad de debutar en Primera. Llega un momento en que las jugadas te quedan y te salen automáticamente y las hacés sin darte cuenta. Hay conceptos que son básicos, pero él los recalca mucho y te quedan grabados para el resto de tu carrera”, reconoció.

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