ENTREVISTA

Markarian, un cristiano que no se guarda nada

Hoy trabaja en un proyecto para inversores europeos, pero no niega que quisiera volver a dirigir.

Foto: Marcelo Bonjour.
Foto: Marcelo Bonjour.

No dirige desde el 2015, pero buena parte de su día lo destina al fútbol. Se levanta, y como buen cristiano que es le dedica un buen rato a leer la Biblia, para tratar de saber cada día más y seguir creciendo, como aclara. También hay un tiempo para orar y otro para informarse a través de Internet y de los noticieros. Luego hace una hora y media o dos de ejercicios. A veces en su casa, otras en la rambla. Luego del almuerzo mira todo el fútbol que puede y trabaja.

“En este momento, estoy trabajando en algo que me pidió un grupo inversor de alemanes y noruegos que están por comprar un club español. Estoy armando un plan de trabajo, el organigrama lógico para una empresa deportiva con fines de lucro, pero tratando que ellos definan las políticas deportivas básicas. Para asumir la responsabilidad que ellos quieren que yo asuma, hay que tener claro lo que quiere el patrón. Y en fútbol no hay muchas variantes. Hay tres políticas básicas que se pueden combinar entre ellas: salir campeón, tener un presupuesto equilibrado o formar jugadores”, explicó Sergio Markarian sentado en su amplio y cómodo apartamento de Pocitos.

El mencionado grupo inversor lo quiere como director deportivo, pero eso no significa que no tenga ganas de dirigir. Todo lo contrario. “Yo quisiera dirigir, pero no me invitan a dirigir en lugares que me gustaría y de donde me invitan no me gusta. He tenido ofertas de los países árabes y de la misma China pero no me quiero ir tan lejos. Reconozco que hay un montón de entrenadores que quisieran tener esa oportunidad y los aplaudo si la tienen y se van. Yo en otro tiempo iría, pero hoy no es mi tiempo”, explicó. Reconoció que México es un destino en el que le gustaría dirigir. “Allí la infraestructura necesaria está asegurada para trabajar con tranquilidad. Y la logística también está resuelta. En México no se necesita enseñarle a trabajar a nadie. Ahí tenés un gerente deportivo, uno administrativo y otro de logística. Un presupuesto armado y vas a cobrar todos los meses. Entonces podés dedicarte a lo deportivo”, explicó. Sin embargo, estaría dispuesto a colaborar en otras funciones. “Si yo dirigiera en Uruguay daría una mano en cuanto a la fijación de políticas deportivas, ¿cómo no iba a darla?”.

Es que eso es lo que Markarian ha hecho en todos los lugares donde trabajó en su vasta y rica carrera de entrenador. “En 1978 en Bella Vista, después de estar tres años en el club, le hice un planteo al presidente, Sebastián Bauzá padre. Le expliqué que teníamos que cambiar y dejar de hacer un Bella Vista de jugadores libres que se iban cada fin de año, para hacer un Bella Vista de jugadores del club y de jugadores jóvenes del interior. Y me fui a recorrer todos los torneos que se jugaban en verano en el interior. Trajimos una cantidad de jugadores y subimos otro tanto. Y cambió la historia del club. Y eso que hice hace 40 años, lo seguí haciendo en todos mis trabajos, tanto en clubes como en selecciones”, explicó.

“En Panathinaikos hicimos un club de jugadores griegos porque se necesitaba tener sentido de pertenencia. Y así nació el equipo que llegó a cuartos de final de la Champions y también la selección griega campeona de Europa que tenía nueve jugadores de ese equipo. Hoy mirás los equipos griegos y es al revés, juega un griego y diez extranjeros”, agregó y pasó a referirse al fútbol uruguayo.

“A mí el fútbol uruguayo me encanta. Me gusta mucho, será porque soy uruguayo. Es un fútbol que supera dificultades que se tienen en todos los países. Hace milagros. Y se podría hacer mucho en un fútbol que se prepara mal para la actividad internacional. Porque no nos quejamos de lo que pasa acá donde mal o bien Peñarol y Nacional pelean los títulos, que es lo que quiere el 90% de la gente; los que tienen que pelear las copas lo hacen y los que luchan por no descender también. Nos quejamos de que internacionalmente los equipos uruguayos no dan la talla. En primer lugar, no nos favorece que por razones comerciales se haya aumentado la cantidad de clubes. Porque no hay ocho equipos uruguayos en condiciones de jugar una copa internacional. Hay que ser sinceros. Y los que podían estar en condiciones no han tenido las estrategias adecuadas para conformar su plantel. Tapan agujeritos y contratan lo que les ofrecen”, enfatizó. Y puso el ejemplo de cuando lo llamó el presidente de un club para preguntarle por un jugador colombiano que él conocía de Perú.

Coherencia. “Me dijo que se lo habían ofrecido y yo le pregunté, con sumo respeto, por qué no se dejaba de comprar lo que le ofrecían. Y me preguntó cómo hacía. Entonces le dije que era sencillo, que se trataba de armar un pequeño departamento con una, dos o tres personas, que hagan un ‘escauteo’ de lo que se necesita para armar el equipo. Alguien que conozca las divisiones menores del club, desde los chicos de 15 años hasta los de 19 y que sepa en cuántos años pueden llegar a Primera División. Otro que recorra las canchas de Primera y Segunda División y que sepa cuál es el mejor jugador en cada posición, de modo que cuando se necesite un jugador y no lo tengan en las divisiones juveniles, recurran al mejor. Y otra persona que conozca los mercados que pueden ser accesibles, el de los cuadros chicos y de Segunda División de Argentina, así como el mercado paraguayo. Y con esas cosas van a evitar contratar a un jugador del que no saben nada. Y van a contar con otro del que saben todo. No es difícil. Y la estrategia de conformar un plantel debe tener relación directa con la posibilidades económicas del club y con los propósitos deportivos que se proponga. Tiene que haber coherencia y un perfil institucional. Y soy consciente que cuando digo todas estas cosas me resto posibilidades de trabajar”, admitió.

“El fútbol uruguayo debe hacer las cosas distintas con respecto a los equipos que juegan copas internacionales. ¿Ahora qué se hace?: nada. El fútbol uruguayo debe darle protección a los equipos que clasifican. Y esa protección debe pasar primero por el calendario: los equipos que juegan copas deben tener un calendario preferencial, con por lo menos cinco días antes de competir. Y deben tener facilidades para reforzarse, quizás, optar con cierta facilidad, por futbolistas de otras instituciones porque van a representar a Uruguay. Si no, no hay manera de competir con los brasileños, argentinos, colombianos y chilenos. No tenés manera. Y además, está lo económico: deberían darle a esas instituciones los créditos y los respaldos para hacer las inversiones que tengan que hacer”.

El Mundial. Markarian no se quedó conforme con la posición que los celestes alcanzaron en el último Mundial. “Sé que mi opinión tiene cierto peso y debo ser cuidadoso con lo que digo. El tiempo de esta Selección es bueno, en lo que ha ocurrido y en la organización. Pero no hay que confundirse: no hay una refundación de la Selección. Si pensamos en tiempos de muy buena organización y de disciplina hay que ir a épocas de Raúl Bentancor. Lo que él y Gesto consiguieron en este país, en tiempos donde era imposible hablar de largo plazo, fue maravilloso. Lo de ahora es muy bueno, bien conducido. Eso desde lo organizativo, y desde lo técnico también ha sido de muchos aciertos. Más allá de algunas discrepancias, como que Laxalt no es lateral izquierdo y no pudimos tener una pierna izquierda sobre la banda que fue el principal problema táctico que tuvo la Selección. Pero si en 23 tenés sólo uno o dos de discusión, es que hubo aciertos”, comenzó explicando.

“Acá se ha discutido el estilo y que se podía jugar un poco mejor. Y esa no es la discusión, porque el entrenador tiene bien muy definido lo que quiere. Aunque tuvo un momento de duda cuando aparecieron Rodrigo Bentancur y Federico Valverde haciendo cuatro pases seguidos, él pareció tomar otro camino. Pero volvió a optar por lo anterior. Y no entro en la discusión de si jugamos bien o no, porque para mí jugar bien no es jugar bonito. Jugar bien es defender bien y atacar bien. Y el resultado es una consecuencia de jugar bien”, enfatizó.

“Y yo he alabado mucho a Uruguay en la última Eliminatoria, en los primeros partidos cuando le ganó a Bolivia allá y a Colombia acá con solamente un 35% de posesión de pelota, pero jugando extraordinariamente bien desde lo táctico. Sin embargo, en los dos últimos partidos del mundial de Rusia hubo un gran problema táctico, donde Uruguay jugó asistemáticamente. Si entrás en la página de la FIFA y ves cómo estuvo parado Uruguay en los dos últimos partidos, entendés por qué no jugó bien y por qué no se le ganó a Francia. Uruguay no puede perder por un tema táctico. Y el Mundial que empezó con tantos auspicios, y soñábamos con Uruguay en la final, se fue desdibujando hasta terminar siendo menos de lo que debimos ser. Creo que ha habido desde el punto de vista táctico, buenas y malas. En los dos últimos partidos se jugó mal. Uruguay jugó mal y me hago cargo. Y sé que va a haber gente que va a hablar mal de mí por esto y que va a decir que tengo segundas intenciones, ¡ninguna segunda intención! Ojalá mi comentario sirva para analizar y ojalá me inviten a que les diga en qué jugaron mal”, aseveró quien no tiene empacho en afirmar que se convirtió en técnico de fútbol porque quiso dirigir la Selección.

“Lo que más me alentó para hacer el curso de entrenador fue que un día le alcancé a un entrenador de un equipo que yo seguía, lo que yo entendía que era un proyecto de trabajo en el fútbol. En ese momento yo era el gerente de producción de una empresa distribuidora, diría al equipo de esa empresa y también jugaba en el equipo”, relató.

Trabajito. “Luego pasaron algunas cosas, veo el Mundial de 1974 y veo a Uruguay mal. Y un día a ese entrenador al que yo le había alcanzado aquel trabajito lo designan técnico de la Selección y cuando muestra su plan de trabajo, vi publicado en el diario El País mi trabajo. Eso me hizo pensar que yo podía hacer algo por el fútbol uruguayo”, contó quien nunca le dijo nada al entrenador que se había apropiado de su trabajo. “Claro que no está bien, pero no importa. Me ha pasado cientos de veces. Por ejemplo, ahora que estoy haciendo el trabajo este para el grupo inversor europeo, si después lo aplican y me dejan afuera, qué voy a hacer. Es parte del juego. Y yo me brindo, en cada trabajo, en cada reportaje y en cada conferencia. Dejo el alma porque esa persona que está sentada escuchándome en una conferencia se tiene que llevar algo, si no el que falla soy yo”.

Jesús. No son pocos los técnicos que suelen visitar a Markarian para nutrirse de su sabiduría y experiencia. Y él es generoso para compartir con ellos sus conocimientos. “Acá se han sentado muchos entrenadores y en mi escritorio también. Y yo no me guardo nada. Porque creo que Jesús quiere que se sepa que los cristianos somos así. En un país totalmente ateo como este, el más ateo de toda América, es bueno que un cristiano brinde cosas gratuitamente”.

Es que Markarian está convencido que los éxitos de su carrera profesional, donde dirigió dieciséis clubes, algunos de ellos en diferentes etapas, y tres selecciones, la de Paraguay, Perú y Grecia, no se deben a su gran inteligencia, sino a su fe y al cuidado de Jesús.

Tuvo una vida muy dura de niño. Sus padres se divorciaron cuando él tenía seis años. Su padre se lo llevó a vivir a Argentina y su hermano se quedó con su madre. “Soy cristiano y cuando fui a vivir a la Argentina y con seis años sentado en el cordón de la vereda con el agua podrida corriéndome por debajo de las piernas en Lanús, filosofaba con mis amigos de la misma edad, esos amigos que lo siguen siendo hasta el día de hoy, sobre lo que queríamos ser en la vida, yo estoy seguro que conmigo estaba Jesús. Que Jesús me cuidó siempre y que impidió que todo lo malo que había en el mundo me tocara. Yo estoy invicto, no perdí nunca porque Dios me ayudó, me curó, me sacó de aquí y de allá. ¿Te imaginás los riesgos que podía tener un niño de seis años que no conocía a nadie, viviendo en un barrio como Lanús en la década del 50?”, preguntó.

“Viví doce años alejado de mi madre y de mi hermano. Hasta que tuve edad para decir que quería volver para verlos, para conocerlos, para tratar de recuperar algún tiempo perdido. Esas cosas sólo se consiguen si hay alguien que te cuida como me cuidó a mí Jesús. Eso sin dudas. Y la familia que tengo, el trabajo que tengo y que se abran puertas siempre, se debe a lo mismo. En mi carrera profesional cada vez que se cerraba una puerta se abría otra. El día que me echaron de la selección de Paraguay, me comunicaron el despido a las ocho de la noche, y a las nueve y media me llamaron de Boca, de Argentina cuando estaba Bianchi yéndose. En la vida, cuando se cierra una puerta se abre otra”.

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