ENTREVISTA

Mario Saralegui tuvo que poner distancia

Cansado de esperar algo que no llegaba decidió irse a Ecuador y cambiar la cabeza; “el profesor Gesto me dijo una vez que no importaba el equipo sino la calidad del trabajo”.

Mario Saralegui
 Mario Saralegui con los jugadores de la Liga de Portoviejo. 

M ario Saralegui llegó a Portoviejo, Ecuador, hace 20 días. Está dirigiendo a Liga Deportiva Universitaria de Portoviejo, que milita en la Segunda División. El objetivo por el que Saralegui aceptó regresar una vez más al país donde jugó (fue ídolo de Barcelona, club con el que jugó a la final de la Libertadores en 1990) y donde ya dirigió en tres oportunidades, es lograr el ascenso. Pero, además, el entrenador necesitaba poner distancia y cambiar la cabeza. Cansado de esperar algo que no llegaba, decidió alejarse de Uruguay y de su querido Peñarol.

“En esta ciudad tengo gente conocida hace muchos años. El presidente del club, Roberto Rodríguez, es amigo de un muy buen amigo mío de mi época en Guayaquil. Y siempre me había hablado de la posibilidad de venir a trabajar acá, y nunca habíamos coincidido. Ahora lo hicimos, con las ganas que yo tenía de salir del país y la necesidad de ellos”, contó Saralegui sobre la posibilidad que surgió a través de la llamada del presidente de Portoviejo cuando él estaba en su casa de Artigas.


“Me costó un poco tomar la decisión. Recuerdo cuando salí de Peñarol y me fui a dirigir a Uruguay Montevideo, muchos se extrañaron. Pero el fútbol es así. Y una vez el profesor Esteban Gesto me dijo que no importaba el equipo, que lo que importaba era la calidad del trabajo. No importa el tamaño del equipo sino la calidad del trabajo que uno haga. Este es un campeonato complicado, pero tengo confianza en mi trabajo”, explicó.

“Encontré una ciudad que estuvo muy complicada con el tema del terremoto. Se les cayó casi toda la ciudad y lo que les importa es el equipo. Es el único equipo en una ciudad de más de 200.000 personas. Encontré a la gente deseosa de que el equipo les de la alegría que necesitan. Y estamos trabajando para eso. Tratando de ayudarlos para que Portoviejo pueda subir. Hoy estamos a cinco puntos del primero y a tres del segundo y quedan 18 fechas por jugarse. En principio subían dos, pero hay un proyecto de que puedan subir cuatro. Aunque todavía no se resolvió. Y el que sale campeón juega la Copa Sudamericana”, contó el entrenador, cuyo último equipo fue Liverpool.

A Saralegui no le costó adaptarse a la ciudad ni al fútbol ecuatoriano, ni a los futbolistas. “Yo conozco esto, hace 30 años que vengo a Ecuador y viví ocho años acá. Y eso es una gran ventaja. Por ejemplo, hay siete jugadores en el equipo que yo ya los dirigí. Portoviejo está para pelear, con jugadores con experiencia, pero le falta un toquecito de intensidad en el juego. De gente joven que pueda darnos equilibrio. A medida que pasan los días voy sacando conclusiones. Necesitaríamos un volante ofensivo por afuera, con velocidad, pero ahora ya no hay período de pases”, reconoció el técnico, que tiene contrato hasta fin de año, pero con posibilidades de seguir si logran el ascenso. “Ahí cambian los números”, añadió.

Le faltó muy poco para recibirse de psicólogo, carrera que hizo cuando colgó los zapatos. Sin embargo aseguró que no necesita utilizar esos conocimientos adquiridos en la facultad con sus dirigidos ecuatorianos. “Decía el ‘Maño’ Ruiz, los jugadores son iguales en todos lados. Son como los autos: tienen motor, cuatro ruedas, dos o cuatro puertas. Cambia la forma en que se los ve de afuera, pero son todos iguales. Y a los jugadores también, más allá de su idiosincracia. En el fondo el jugador de fútbol es una raza”.

AURINEGROS. No oculta que tenía una gran necesidad de alejarse. En parte porque estuvo esperando la oportunidad de trabajar en Peñarol y no se dio: “Estuve mucho tiempo esperando cosas que no sucedieron, en parte en Peñarol. Entonces me dieron ganas de irme, de cambiar la cabeza. De trabajar en otro lado. De extrañar y que lo extrañen a uno también”.

“Me parece que hay que pensar un poco más en el club, en Peñarol, y dejar de lado las cosas personales. A nosotros nos costó mucho que Peñarol sea lo que es hoy. Nosotros hicimos la historia y los que están hoy tienen que cargar con esa historia. Tienen la responsabilidad de hacer las cosas bien. La gente los vota para que hagan las cosas bien, no para que hagan lo que ellos quieren. Tienen que pensar en el club”, dijo quien fue campeón de América y del mundo con la rayada en el pecho.

“Yo preparé un proyecto para Peñarol. Un proyecto en el que estuve trabajando desde antes de las elecciones. Primero me dijeron que estaba todo bien, y después el proyecto no se aprobó. La directiva no lo aprobó. Eso es algo que me gustaría que me explicaran”, se lamentó el artiguense sobre el trabajo denominado “Abriendo caminos, tendiendo redes” que preparó junto a Pablo Torres.

Tras un diagnóstico del fútbol infantil y juvenil de todo el país, Saralegui y Torres, elaboraron un proyecto deportivo-social, para que fuera desarrollado por Peñarol, que apunta a utilizar los valores del deporte, específicamente del fútbol, para fortalecer los vínculos sociales de los niños en edades tempranas. Con el mencionado proyecto se buscaba impactar sobre la desigualdad de oportunidades, la deserción de los niños y jóvenes de los centros de educación y las tentativas de los incipientes deseos de los niños y niñas que incluyen dentro de su imaginario al fútbol como parte de su proyecto de vida.

Según dicho trabajo, el carácter profesional del club permitiría a la vez generar una red que descubriera, protegiera y potenciara a los jóvenes y niños, ocupando el lugar de liderazgo que le otorga su historia. El primer objetivo del proyecto era instalar tres escuelas de fútbol infantil mixtas, lúdicas, formativas, entre las edades de 6 y 12 años, en los departamentos más lejanos del país.

“Es un proyecto que no tiene fuga, no tiene falla y es autosustentable. Genera dinero para Peñarol y genera sentido de cercanía en todo el país. No es porque lo haya hecho yo, pero está muy bueno”, aseguró Saralegui. “No entiendo porque no lo aprobaron”, insistió.


CHANCE. “Eso es lo que más me dolió, después, cada uno tiene derecho a pensar lo que quiera sobre la elección del entrenador. Yo el único voto que tenía era el de Barrera. Sin embargo, cuando yo camino por las calles siento otra cosa. La gente me dice otra cosa que no se refleja en la directiva. Y de repente es normal, porque yo no conozco a ninguno de la directiva. Ninguno es de mi época. No tengo relación con ellos, algunos no sé ni quienes son. Nunca los vi”, admitió. Y lamentó, a su vez, que Barrera no haya sido, al menos al principio de su mandato, tan presidencialista como sus antecesores. De ser así él hubiera vuelto a dirigir a los aurinegros, lo que ya hizo en dos oportunidades.

“Creo que Barrera entró, como le pasa a todo el mundo, con un montón de dudas y de confusiones. Da la impresión que ahora se puso los pantalones. Si es así, y Barrera se dio cuenta que Peñarol fue presidencialista durante cuarenta años, capaz que si en algún momento hay que cambiar al entrenador, vuelvo a tener chance”, se ilusionó.

Aunque está lejos sigue pendiente de Uruguay y lamenta lo que sucede en la AUF. “Está complicado, pero imagino que se tendrán que poner de acuerdo y arreglar las cosas. No me alegro de estar lejos en este momento, me da mucha tristeza. Si estuviera ahí lucharía para que las cosas se solucionaran”, aseguró.

“Tampoco estoy tan lejos, el avión desde acá demora ocho horas, las mismas que el ómnibus a Artigas. Además, estoy acá, pero mi corazón está allá con la gente”, finalizó.

Mario Saralegui
Mario Saralegui en Portoviejo, Ecuador.
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