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A Marcelo Méndez la vida le sonríe

El entrenador de Progreso se prendió al curso sin estar convencido; hoy es el técnico del momento

Marcelo
Marcelo Méndez, el entrenador que le ganó a los dos grandes. Foto: Darwin Borrelli. 

"¡Paaah!”, dice Marcelo Méndez sobre el momento que vive después que su equipo, Progreso, le ganara a los dos grandes. “No estoy acostumbrado a todo esto, je”, agrega tras haberse pasado dos horas editando los partidos: el de su equipo y el del próximo rival.

Los del Pantanoso no sólo le ganaron a Nacional y a Peñarol, sino que hubo momentos de ambos partidos, el primero por el Apertura y el segundo por el Intermedio, en que les pasaron por arriba.

El sábado Progreso le iba ganando 4 a 1 a los aurinegros, algo que Méndez no había imaginado al planificar el partido. “Es difícil imaginarse ese tipo de resultado, más ante un equipo grande. Pero fuimos contundentes y valoro mucho la personalidad de los jugadores al enfrentar a un equipo que tiene jugadores de selección que van a ir al Mundial. Se midieron con ellos de igual a igual y es lo que más valoro”, explica el entrenador instalado en la placita frente a su casa en el Prado.

“Sinceramente, con los nervios del partido no me dio para pensar mucho cuando se nos pusieron a tiro. Hubiera sido una lástima si no ganábamos porque en gran parte del partido fuimos superiores y generamos muchas chances de gol. Sufrimos demasiado para lo que fue el trámite del partido. Un poco inmerecidamente para mi gusto”, agrega quien lleva solamente dos años como entrenador.

Le cuesta decir cuál de los dos grandes le dio más trabajo a su equipo. “El otro día fue duro. Peñarol puso todo, casi entra Morena, je. Y si no empuja el cuadro, empuja la gente. Por suerte terminó justo el partido. Podíamos haberlo liquidado antes y no lo hicimos. Hay jugadores nuestros que hacen sus primeras armas en Primera División y seguramente quisieron proteger el resultado”.

Hizo el curso de técnico cuando tenía 32 años y jugaba en Wanderers. “A esa edad uno empieza a planificar el futuro, a ver lo que quiere hacer. Y sinceramente me prendí porque varios compañeros lo estaban haciendo. Y después, un par de años más tarde, empecé a perder esa llama de querer jugar. Estaba en Huracán del Paso y decidí dejar”. Tras un año sabático, comenzó a ayudar a Marcelo Broli, quien estaba dirigiendo la Sexta de Fénix. Al tiempo surgió la posibilidad de hacerse cargo de Progreso y ahí sigue hasta ahora, donde la vida le sonríe.


CERCANO. 
“Hoy solo pienso en aprender. Llevamos sólo dos años dirigiendo y necesitamos crecer; tanto Marcelo (Broli), yo, los profes y Mauricio Caro. Somos un cuerpo técnico abierto, siempre tenemos diálogo con los jugadores. Si hay algo que marcar porque no está bien, se hace, pero estoy cerca del jugador, no soy un técnico distante. Estar cerca genera un mejor clima de trabajo. Estamos aprendiendo y creciendo”, explica.

Reconoce que el técnico que más lo marcó fue Miguel Puppo, quien lo dirigió en Fénix. “Me enseñó casi todo. Capaz que hoy como técnico no soy tan de la idea de Miguel, pero me acuerdo de los trabajos defensivos que hacía y muchas veces opto por hacer alguno”, agrega quien también destaca a Capitano, Arias y Carreño, a quienes tuvo en Wanderers. “Nadie tiene la verdad y de todos se aprende”.

Le cuesta decir que admira a Guardiola, pero es así. “Disfruto de ver jugar a sus equipos. Lo suyo es una marca ya. Y también lo de Klopp me gusta mucho, son distintas formas de atacar y de ver el fútbol”. Y se ríe al preguntarle si se imagina dentro de años habiendo impuesto la marca Marcelo Méndez. “Ja, veremos... estamos muy lejos de eso”.

Comenzó su carrera de jugador en Fénix, donde hubiera querido retirarse, pero no se dio. También defendió en dos etapas la camiseta de Peñarol, el equipo al que le amargó la tarde el sábado pasado. Y tuvo varios pasajes por el exterior: Colombia, Argentina, Turquía y Rumania.

“Como jugador era tranquilo. Ahora lo puedo decir: técnicamente, para la posición en que jugaba era bastante bueno. Quizás tenía el problema de la velocidad por mi físico, pero trataba de leer los partidos. Y a medida que fueron pasando los años y fui agarrando experiencia, ya intuía lo que podía pasar. El defensa por lo general tiene el panorama de frente. Me gustaba jugar atrás, tampoco sé si me daba para jugar en otro puesto”, admite y sonríe.

“Siempre fui central, salvo algunos partidos en Independiente, en que Falcioni me puso de lateral derecho, pero era más para cerrar los partidos que por otra cosa”, explica.

Está conforme con lo que fue su carrera de jugador. “No tengo nada para reprocharme. De niño soñaba con jugar en la selección y no tuve la oportunidad. Sólo fui preseleccionado con la Sub 23 que dirigía Carrasco, pero no me tocó jugar. Me quedó ese gustito amargo de no poder cumplir el sueño que tenía de chico”, se lamenta. “Pero pude jugar en un grande; Copa Libertadores con Fénix; jugar Copa también con Junior de Barranquilla, ir a Europa, me tocó estar en Turquía y en Rumania. Y jugué en Independiente, un grande de América. Creo que uno de mis puntos altos fue la primera vez que salí en 2005, cuando fui a Junior”, cuenta.



EL PASO. Hijo de un albañil y de una ama de casa que colaboraba haciendo limpiezas, se crió en Paso de la Arena y disfrutó mucho su niñez. Hizo el baby fútbol en Huracán. “Era un niño de barrio común. Jugaba todo el día en el campito, iba a la escuela y hacía los deberes. No era bueno en la escuela, pero sí aceptable. Je”.

Su madre y su abuelo, que ya no está, fueron los pilares fundamentales de su carrera futbolística; los que lo llevaban a los partidos. “Si no fuera por ellos hoy no estaría acá”.

Cristina, su mamá, esta como loca con la carrera de entrenador que está haciendo su hijo. “Va siempre a los partidos. Y en las canchas chicas de repente me doy vuelta por una jugada o algo y la veo fumando muy nerviosa. Mis amigos, que me van a apoyar, me dicen que a mi madre un día la va a venir algo. Pero disfruta y creo que está orgullosa de mí”.

el amor

La vecinita se mudó, pero la reencontró en un baile

Está casado con Antonella, una vecinita que vivía en la esquina de su casa en Paso de la Arena. Luego ella se mudó y se reencontraron de adolescentes en un baile. Hace 18 años que están juntos y hoy son los felices padres de Felipe, de ocho años. El niño va al colegio San Pablo, a cuatro cuadras de donde viven. Allí también concurre el hijo del “Lolo” Estoyanoff. Seguramente, para Felipe ayer no fue un día sencillo.

lejos

Coincidió con Lugano en Turquía

"Si bien el fútbol turco no era lo que es ahora, había grandes jugadores. Estaba Lugano en el Fenerbahce. Y yo llegué y jugué todo el año: 37 partidos. Y me sentí muy bien”, cuenta sobre su experiencia en el Kayserispor de Turquía. “Con Lugano estábamos lejos, él en Estambul y yo en Kayseri, eran como dos horas de vuelo. Nos veíamos sólo cuando nos enfrentábamos. No daba para nada más”, explicó Marcelo.

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