fútbol

En Manchester ganar títulos pasó a ser secundario

Desde que se fue Sir Alex Ferguson el equipo no es el mismo y los hinchas están preocupados por cómo seguirá la historia. 

Old Trafford  (Manchester, Inglaterra) Conocido como “El teatro de los sueños”, en este estadio juega como local el poderoso Manchester United.
Old Trafford, el estadio del Manchester United. Foto: Archivo El País.

El martes 13 de marzo es una fecha que puede haber marcado el inicio del fin de algo. Durante esa noche inglesa se gestó una de las derrotas que pueden generar más ruido una vez que pase el Mundial y comience a hablarse nuevamente de las ligas más importantes.

Ben Yedder, delantero francés de ascendencia tunecina, había entrado unos minutos antes al mítico Old Trafford para tratar de darle al Sevilla el gol que precisaba para avanzar a los cuartos de final de la Champions League ante Manchester United (la ida había sido 0-0) y no solo lo consiguió, sino que lo hizo por duplicado. En solo cinco minutos puso dos tantos que liquidaron a los Red Devils (más allá del descuento de Lukaku), dejándolos afuera de la lucha por la orejona y desatando una crisis.

Luego de 26 años al frente del equipo, Sir Alex Ferguson dio un paso al costado en 2013 y allí comenzaron los tropiezos. Desde entonces el United, uno de los equipos más poderosos del mundo, no ganó más la Premier League, aunque sí consiguió una Europa League en la temporada 2016-2017 de la mano de José Mourinho.

El problema principal para los aficionados del conjunto rojo es, según su opinión, la falta de ambición deportiva. Al menos así lo establece un informe publicado por El País de Madrid, escrito por el periodista Diego Torres, quien asegura que la sensación que cohabita entre los fanáticos del equipo es que sus dueños no tienen deseos de ganar títulos, sino dinero. Y en eso les va muy bien.

Los Glazer. Malcolm Glazer, un neoyorquino nacido en 1928 y fallecido en 2014, adquirió el Manchester United en forma paulatina entre 2003 y 2005 y designó como Presidentes Ejecutivos del equipo a sus hijos Joel y Avram. La familia, compuesta por seis hermanos (Bryan, Edward, Kevin y Darcie son los otros), es además la dueña de los Tampa Bay Bucaneers, equipo profesional de fútbol americano de Estados Unidos.

Joel y Avram se dieron cuenta rápidamente que, además de ganar títulos, el United era una máquina de generar ingresos. Es por ello que en 2013, coincidiendo con la salida de Ferguson, nombraron al británico Edward Woodward, como vicepresidente de operaciones de la institución. Con pasado exitoso por Price Waterhouse Coopers primero y JP Morgan luego, llegó con un único cometido: aumentar los ingresos.

Con la televisión pagando cada vez más por tener los contratos se le hizo fácil. En 2016-2017 el ejercicio contable cerró con una ganancia neta de 676 millones de euros, superando ampliamente los 423 millones del último ejercicio antes de la llegada de Woodward.

Ya el ejercicio 2015-2016 había tenido la que fue hasta el momento la mayor rentabilidad, con 689 millones, todo eso potenciado porque la columna de egresos no superaba el 25%. Sin embargo, esto último significaba que el dinero que entraba no se destinaba a hacerlo más grande deportivamente y los escasos títulos conseguidos así lo demuestran.

El Manchester United se ha transformado en una industria muy rentable pero poco exitosa, aunque esto suene a una paradoja. Pero todo puede cambiar.

La crisis. La eliminación de Champions a manos de Sevilla fue un golpe duro al orgullo de los hinchas. Y por qué no al propio Woodward, que aunque tenga más interés en el dinero que en los logros futbolísticos, ve que sus últimas inversiones no han dado resultado.

Primero porque contradijo a dos glorias históricas e integrantes del Football Committe como Alex Ferguson y Bobby Charlton y, pese a que le advirtieron que no era conveniente, contrató a Mourinho, dándole un contrato de 20 millones de euros netos anuales. Es cierto que el luso le dio una Europa League, pero su estilo (futbolístico y personal) no es del agrado de los hinchas del United.

Segundo porque, por hacerle caso al entrenador, contrató al francés Paul Pogba, quien no fue la estrella que fueron a buscar y recientemente a Alexis Sánchez, por quien hasta ahora se hizo un pésimo negocio: fue adquirido al Arsenal por 60 millones de euros cuando quedaba libre en junio próximo y le garantizaron un salario de 25 millones de euros netos al año durante cinco temporadas.

Esto último provocó el desagrado del vestuario del United y el primero que se rebeló fue Pogba, quien gana 17 millones al año y pidió un ajuste al alza de su salario. “Aquí el jefe soy yo”, le dijo Mourinho al momento de negarle un aumento. El jugador comenzó a entrenar sin ganas y fue relegado al banco en ambos juegos ante Sevilla. Hoy se busca un equipo porque no quiere seguir con Mou.

Pero lo peor de todo es que Woodward, quien avaló la llegada de Sánchez, ahora parece arrepentido porque se le dispararon los números. El presupuesto superó el 60% de lo proyectado y, ante la pérdida de ganancias por no estar ya en competición europea, deberá responder ante sus jefes porque las rentabilidades bajarán. Y el que puede pagar el precio es Mourinho.

Los hermanos Glazer proyectan que Manchester United arrojará ganancias netas al término del ejercicio 2017-2018 de 420 millones de euros, es decir 70 millones para cada uno de los seis hermanos, 11 millones menos para cada uno respecto al ejercicio anterior. Se van a enfadar.

BENEFICIOS

Los mayores fueron en 2015-2016

Desde 2013, cuando asumió Edward Woodward como vicepresidente de operaciones, las ganancias se han incrementado notoriamente. El primer balance arrojó un producido neto de 441 millones de euros. El segundo, en 2015, dejó un beneficio neto de 324 millones y luego llegó el mejor ejercicio, que fue el de 2015-2016, con un lucro de 529 millones, para bajar a 486 millones de ganancias netas culminada la temporada 2016-2017.

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