ENTREVISTA

Víctor Púa: “Malasia fue el inicio de un cambio cultural”

“Tengo confianza para Rusia pero no se puede subestimar a nadie, todo es parejo”, dijo.

Foto: Gabriel Rodríguez.
Foto: Gabriel Rodríguez.

Su última vez al costado de la línea, fue cuando dirigió en forma interina a Peñarol en 2009. En ese momento Víctor Púa era el coordinador de las formativas aurinegras, pero asumió en Primera División cuando cesaron a Julio Ribas. Dirigió 12 partidos y no le fue mal. Tanto que se manejó la posibilidad de que se quedara con el cargo, pero perdió 3 a 0 el clásico y Nacional fue cómodo campeón. Entonces Damiani trajo a Diego Aguirre.

Lleva ya nueve años sin dirigir. Parece mucho para un entrenador que movilizó a los uruguayos en el Mundial Sub 20 de Malasia en 1997. Y que en 2001 sustituyó al argentino Daniel Passarella al frente de la selección mayor y clasificó al Mundial de Corea y Japón 2002. De la mano de Púa, la Celeste regresó a una Copa del Mundo después de doce años.

“Dirigir a la selección en un Mundial es lo máximo a lo que puede aspirar un entrenador en cada país. Por más que yo ya había dirigido tres mundiales juveniles, llegar al mayor fue muy importante. Y lo disfruté mucho a pesar de que estaba compitiendo. Escuchar el himno en un Mundial dirigendo a Uruguay es impresionante. Ya me había pasado con los juveniles y en cuanto a la emoción es lo mismo, pero un Mundial de mayores tiene mucho más repercusión. Es el torneo de mayor repercusión en el mundo y estar ahí es fuerte”, recordó Púa en su casa de Malvín.

Con respecto a qué fue más importante en su carrera, si el vicecampeonato conseguido en Malasia o el Mundial de Corea y Japón, se toma un minuto para responder. “En lo deportivo, en lo humano y en lo emocional, le doy el mismo valor. Pero hay una cantidad de cosas que tiene un Mundial de mayores, que no pasan en los de juveniles. Además, en el 2002, en la serie nuestra estaba Francia que era el campeón del mundo, y todo tenía una repercusión enorme. Las conferencias de prensa tenían repercusión mundial”.

Pero la gesta de Malasia ocupa un lugar especial en el corazón de Púa. “A nivel personal lo que vivimos al regresar, el recibimiento de la gente, fue impresionante. ¡Y sin haber ganado! Creo que fue como el inicio de un cambio cultural impulsado sobre todo por los jóvenes de aquella época. Se festejó el segundo puesto y se homenajeó a los jugadores por el esfuerzo y el tipo de fútbol que se practicó. Los uruguayos somos muy competitivos, pero esa vez se festejó el vicecampeonato. Que la gente valorara al esfuerzo y el estilo de juego después de una final perdida fue espectacular. Si salís campeón es lógico que te vayan a esperar, pero eso fue diferente”, recordó el técnico sobre aquella tarde fría y lluviosa en que regresaron de Malasia y miles de personas salieron a saludarlos en el trayecto hacia el estadio Centenario, que los esperaba repleto. Nicolás Olivera traía el Balón de Oro con el que fue distinguido y Marcelo Zalayeta, el de Plata. La de Malasia fue una muy buena generación y un proceso que había comenzado en 1995 con un Mundialito que ganaron en Cancún con la Sub 17. Se formó un grupo que llegó en gran nivel al Mundial Sub 20.

Pero la charla vuelve al Mundial de Corea y Japón. “Estuvimos muy cerca de pasar”, se lamentó Púa. “Pero a veces el azar te lleva hacia adelante o te posterga. Y en ese mundial fuimos de menos a más y nos faltó un poquito de suerte. Con esa remontada del partido con Senegal hubiéramos pasado, la historia hubiera sido otra. Pero fue la que fue y te queda esa pena de no haber podido demostrar que teníamos un muy buen plantel”.

En ese partido con Senegal, Púa cabeceó junto al ‘Chengue’ Molares la pelota que le hubiera dado a Uruguay el pasaje, pero no pudo ser gol. Y su cabezazo se hizo famoso. “Todo el mundo me recuerda ese cabezazo. A veces, hablando con amigos, embromando, decimos que cabeceamos todos y la pelota no entró. Tuvimos la mala suerte de no concretar algo que aquel plantel merecía”.

En ese partido Uruguay perdía 3-0. Forlán y el “Chengue” entraron a jugar el segundo tiempo y cambiaron las cosas. “Estaban en el plantel y para jugar. El ‘Chengue’ ya había entrado en otro partido. Nunca se sabe que hubiera pasado si hubieran sido titulares. Son dos grandes jugadores: a Diego ya lo había tenido en juveniles y al ‘Chengue’ creo que fui yo que lo cité a la selección. Pero son decisiones del momento y con el diario del lunes se ven diferentes”, aclaró. “Para la FIFA fue uno de los mejores partidos del Mundial. Para nosotros, después de haber quedado afuera, quedó en la nebulosa. Jugamos un excelente segundo tiempo, y nos faltó ese poquito. Se lo merecían los jugadores por haberlo dado vuelta. El rendimiento fue muy bueno aunque no logramos el objetivo”.

Púa se prepara para ver a Uruguay en el Mundial de Rusia en familia, casi como un hincha más. “De repente uno lo ve un poco más táctico, pero con el corazón. Y estoy muy esperanzado. Se especula que la serie es fácil y yo digo lo contrario. Se podrá decir que los rivales no tienen antecedentes ni historia, pero no más de eso. Uruguay está en condiciones de pasar, hacer un buen Mundial, luego es partido partido. Tengo confianza en el maestro, su proceso y los jugadores, pero hay que respetar a los rivales. No se puede subestimar a nadie, hoy el fútbol es muy parejo. Y esos equipos, si llegaron a un Mundial, algún mérito tienen. Respeto y optimismo”, finalizó.

Un cabezazo que lo hizo famoso

“Estaba tan metido en el partido que me salió cabecear. Para el ‘Chengue’ fue mucho más complicado porque había pateado Varela, pero rebotó en un zaguero que estaba en la raya, subió con efecto y bajó medio llovida. Al ‘Chengue’ no lo agarró con su mejor perfil. Una lástima. Fuimos de menos a más en ese Mundial: perdimos ahí con Dinamarca, el segundo con Francia pudimos ganarlo y era exagerado irse al vestuario perdiendo 3 a 0 con Senegal. El mérito fue empatarlo”.

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