A DOS AÑOS DE CATAR 2022

El Maestro y su huella: la impronta de Tabárez en la selección

El Maestro Tabárez, técnico de la selección de Uruguay

No sé por qué, pero los uruguayos somos mucho de no valorar lo que tenemos. Sin embargo, se nos infla el pecho cuando escuchamos que desde el exterior se habla bien de este pequeño país. Ser referencia a nivel mundial por la historia futbolística y la calidad de los jugadores que constantemente se aportan a los equipos de elite es un orgullo, pero en la última década y media se ha sumado otro hecho sobresaliente: el proceso de selecciones.

Algunos podrán decir que con la calidad y cantidad de futbolistas que se han tenido se debió haber ganado algo más, como si fuera tan simple, pero que un técnico lleve 14 años al frente de una selección nacional significa que se han hecho bien las cosas.

Desde marzo de 2006 Óscar Washington Tabárez es el entrenador celeste y los resultados están a la vista. Condujo a Uruguay a los tres mundiales que lo dirigió desde entonces (ya lo había llevado también a Italia 1990), fue cuarto en Sudáfrica 2010, quinto (el mejor sudamericano) en Rusia 2018 y lo sacó campeón de América en 2011.

¿Que había expectativas de llegar al menos a la final del último Mundial? Es cierto, pero siempre hay que tener en cuenta los imponderables, como la lesión de Edinson Cavani que le impidió jugar ante Francia en cuartos de final, con la pérdida de poder ofensivo que ello significó.

A veces se pierde de vista la perspectiva, porque es bueno repasar que en los 15 años previos a la llegada de Tabárez Uruguay fue solo a un Mundial (Japón y Corea 2002), perdiéndose el de Estados Unidos 1994, el de Francia 1998 y el de Alemania 2006 que comenzó cuando ya el técnico se había hecho cargo de la Celeste. Además, había ganado una sola Copa América, la de 1995.

Que antes la expectativa fuera clasificar a un Mundial y ahora sea ganarlo, significa un salto significativo que es producto de este proceso de Selecciones en el cual Tabárez tiene mucho que ver.

Puso orden

El pico máximo de rendimiento de Uruguay se dio en la Copa América de 2011, porque el equipo jugó mejor incluso que en Sudáfrica. Sin embargo, futbolísticamente la Celeste nunca fue arrolladora. Que se haya llegado a dos de los tres últimos mundiales mediante el repechaje por haber terminado quinto es una demostración de ello.

Si en los 206 partidos de la Era Tabárez Uruguay ganó 100, empató 52 y perdió 54 (57% de efectividad), está claro que la selección no fue una máquina futbolística. Entonces, ¿cuál ha sido el gran aporte de Tabárez? El devolver la seriedad a la Celeste e inculcar el orgullo que significa ser parte de ella.

El fútbol se mide por resultados, está claro, pero para llegar a ellos hay otros valores importantes que suelen llamarse los intangibles. Cuando Tabárez arribó al Complejo Celeste se encontró con una infraestructura básica, pero por sobre todo por el desencanto de los futbolistas con ser jugadores de Uruguay. Los que estaban en Europa sentían que era un sacrificio viajar tantas horas para defender a un equipo que no tenía proyección. Hoy todos coinciden en que les genera ansiedad volver a reunirse con los compañeros para defender a la Celeste.

Se terminaron los tambores, el vino, las escapadas disfrazadas de tardes de pesca y sobre todo las rencillas internas. El que no se adaptó a la disciplina Tabárez (capitalizando la experiencia de su anterior pasaje) quedó por fuera de la selección.

La impronta

Dejando de lado lo futbolístico (asumió anunciando un sistema 4-3-3 que poco pudo aplicar porque las nuevas y constantes tácticas del fútbol lo empujaron a adaptarse), otro punto importante de Tabárez ha sido el proceso en sí mismo, es decir cómo se forma a los futbolistas hasta que llegan a la selección absoluta.

Cuando los Sub 15 llegan al Complejo Celeste por primera vez, Tabárez está allí para recibirlos, darles una charla, hacerles ver lo privilegiados que son por haberse ganado el derecho a defender a Uruguay y allí comienza todo. Les hace un seguimiento, los conoce a todos y por eso cuando llegan a la mayor tiene un trato de mucha familiaridad, con el respeto que le profesan los futbolistas mediante. Un claro caso fue el de Darwin Núñez, con quien se lo vio teniendo muchas conversaciones de estilo paternal ya en su primera convocatoria.

La diferencia futbolística, más allá de las indicaciones de un técnico, siempre la hacen los futbolistas. También es verdad que se forman en las juveniles de los clubes, pero en el Complejo Celeste se los moldea para que triunfen internacionalmente y en el máximo nivel, como son las competencias mundiales de selecciones.

punto débil

El estilo personalista de Tabárez y los candidatos a sucederlo en la selección

El proceso de selecciones de Uruguay es un ejemplo en el mundo. No quiere decir esto que sea el mejor, pero sí de referencia. No obstante, cabe la pregunta de qué pasará cuando se termine la Era Tabárez.

Todo gira en torno al entrenador, quien tiene un estilo de conducción personalista, porque hasta en el último detalle de lo que ocurre en el mundo de la selección de Uruguay él tiene injerencia. Y es, además, el centro del poder.

Tabárez -quien pese a tener claras dificultades físicas se niega a pasar a ocupar un cargo como coordinador de selecciones nacionales porque quiere seguir siendo técnico- no permite que nadie le haga sombra. Incluso los técnicos que tuvieron éxitos en las selecciones juveniles se han marchado, porque no encuentran un lugar para crecer.

Diego Aguirre, Juan Verzeri y Fabián Coito son tres ejemplos elocuentes. 

Diego Aguirre, que había planteado un estilo futbolístico renovador en la selección Sub 20, se fue luego que Tabárez le recriminara que no saliera a aclarar las versiones que indicaban que era su sucesor en la selección mayor.

Juan Verzeri, con la Sub 20, puso a Uruguay en los Juegos Olímpicos luego de 84 años y no pudo conducir a la Sub 23, porque para Londres 2012 Tabárez se hizo cargo del equipo y ni siquiera lo tuvo en el cuerpo técnico. Verzeri fue a Inglaterra como invitado y observó los partidos desde la tribuna. En 2013 llevó a la Celeste a la final del Mundial Sub 20 perdida ante Francia, tras el cual dejó el cargo y se fue a trabajar con… ¡Aguirre!

Fabián Coito condujo a la selección Sub 17 a la final del Mundial 2011 en México (la perdió con el seleccionado local) y luego se hizo cargo de la Sub 20, a la que llevó al título sudamericano en 2017, dándole a Uruguay un cetro que no conseguía desde 1981. Luego de dirigir interinamente a la selección absoluta en 2018, pidió para tener más injerencia en la planificación de las selecciones juveniles a lo cual Tabárez se opuso. Por lo tanto, decidió marcharse para dirigir a la selección mayor de Honduras, cargo que aún hoy mantiene.

Esto significa que si bien el proceso de selecciones moldea futbolistas para cuando lleguen a la absoluta, no ha ocurrido lo mismo con los técnicos, que contrariados con actitudes de Tabárez han dado varios portazos.

Este es, quizás, uno de los puntos más débiles de la Era Tabárez, pues el técnico no ha dado lugar a una identidad de selección a los entrenadores de las juveniles. Esto tampoco significa que no haya técnicos preparados para sucederlo y, mucho menos, que esté mal.

Es el estilo Tabárez, ese que desde 2006 ha devuelto a Uruguay a los primeros lugares del mundo. Guste o no.

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